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Etiquetas:   La vida desde dentro   -   Sección:   Opinión

Dabid eta Goliat

Santiago González
Redacción
miércoles, 30 de marzo de 2005, 20:47 h (CET)
Celebrábamos el domingo, mi admirable Juan Josué, la festividad de Aberri Eguna, el Día de la Patria, en conmemoración de aquel domingo de Pascua en que Sabino vio la luz mientras paseaba después de misa con su hermano Luis por el jardincillo de su casa de Abando. No sé si recuerda aquel primer Aberri Eguna en libertad y unitario, el de 1977. Aquel mismo año instituyeron ustedes el Alderdi Eguna, el Día del Partido, para poder celebrarlo a solas. Como suele pasar todos los años, el domingo había en la plaza Nueva mucha menos gente que en las campas de Foronda el último Alderdi, prueba, quizá, de que para su peña, el partido tira más que la patria y lo particular más que lo general.

En la mejor tradición sabiniana, el Aberri Eguna sigue siendo un día apropiado para las revelaciones trascendentes. Un suponer, hace unas semanas se preguntaba usted retóricamente sobre el método adecuado para la resolución del konflikto: «¿Cómo vamos a arreglar esto? ¿A tortas?» La respuesta nos llegó el domingo, durante la intervención del burukide máximo en el mitin del Aberri Eguna.

Va a ser a cantazos. Lo dijo Josu Jon Imaz en la plaza Nueva: «Somos un pueblo pequeño, somos David, tenemos una honda y pocas piedras y no podemos fallar, porque si fallamos, Goliat nos come». Para formar ustedes un partido tan jelkide, usan la metáfora bíblica con mucha falta de propiedad, perdone que le diga. En el manifiesto del Aberri 2003 confundieron la reconstrucción de la muralla de Jerusalén con la destrucción de Jericó y en esta edición han confundido el libro de Samuel con los cuentos de Perrault. Goliat era un gigante filisteo, temible por su fortaleza física y por sus tres metros de altura, pero no se comía a la gente. No me confundan el gigante con el ogro ni el filete (txuleton) con el filisteo.

No fue el único error. Achacó usted al PSOE y al PP la voluntad de impedir «que se vuelva a producir la escena de un lehendakari en las Cortes de Madrid defendiendo el derecho del pueblo vasco a decidir». Por muy crédula que sea su parroquia, debería guardarle un mínimo respeto intelectual. Usted fue a explicar su artefacto al Congreso porque así lo quisieron los socialistas, que forman, junto a los populares, una de sus dos orillas. La otra es Batasuna. Estamos entre las dos orillas, dijo, sin aclararnos si cree usted en una tercera orilla.

En buena lógica lo que discurre entre las dos orillas es el río. Podía haber dicho que las dos orillas siempre son las mismas y el río se renueva, en línea con Heráclito: «Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río». Mucho me temo, sin embargo, que en Euskadi es al contrario: las orillas cambian; sólo el río permanece. 'La vida es un largo río tranquilo' rezaba el título de una película de Etienne Chatilliez. La cuestión es llegar a la desembocadura sin bajarse del Gobierno Vasco.

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