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Fabricantes de certidumbres
Evoluciona el mundo, los seres vivos y cada uno de nosotros; de un instante a los siguientes, los cambios modifican las circunstancias
Este tipo de frabricantes siempre fabrican productos sospechosos, con frecuencia de una desdichada utilización; hasta el punto de que consiguen la catalogación de CIERTOS, para cada uno de sus sucesivos engaños de cuidadosa elaboración. En contra de las apariencias, las certidumbres tienen un peso excesivo, porque caen sin remisión, como las hojas otoñales.
Evoluciona el mundo, los seres vivos y cada uno de nosotros; de un instante a los siguientes, los cambios modifican las circunstancias. Las ignorancias y las verdades se convierten en paradójicas e inestables. Con cada conocimiento nacen nuevos interrogantes, que al ser asumidos, incrementan la sabiduría. En esos aconteceres, la ponzoña es insaciable, también infiltra sus poderes en este debate, convirtiendo las pretendidas certezas en fuerzas dominadoras. La falsedad en sus principios no es óbice para su proliferación, sus desmanes progresan a la par.
Hace bien pocas horas, nadie habría dudado de la teoría de la relatividad de Einstein; es considerada un eslabón fundamental de la ciencia. En eso estábamos, cuando salta a la palestra el nuevo descubrimiento, los neutrinos minúsculos viajan a una velacidad superior a la de la luz. Sin entrar en detalles complejos, dichos datos modificarían los fundamentos de la tan asumida relatividad. Son novedades que exigen la confirmación de los resultados; no vaya a ser que el error radique en el propio experimento. Estas noticas plantean las características de las certidumbres científicas, los PARADIGMAS de cada momento, siempre expuestos a los nuevos hallazgos que los superen. Ante la velocidad alcanzada por los neutrinos, cabe preguntarnos cuántas cosas sucederán antes de que podamos verlas. Mientras no se manipulen las informaciones, generan el tipo de debate fructífero para dilucidar la consistencia de determinados conocimientos. También debemos ser precavidos en este terreno, las falsedades y las medias verdades visten con frecuencia ropajes adulterados. ¿Serán ciertas las certidumbres? ¿Durante cuánto tiempo?
Nos transmitían y lo siguen proclamando, abundantes informaciones, con gráficos y datos estadísticos relumbrantes, referidos a la economía. Los oráculos de la gran modernidad no se detienen, pontifican sobre todo lo relacionado con sus manipulaciones. Hipotecas, salarios, paro, educación, corrupciones u otras aplicaciones del dinero; chirrían al son de sus orientaciones. La fidelidad a sus supuestas NOCIONES ECONÓMICAS abre la espita a curiosas interpretaciones; porque aparecen tramas ocultas entreveradas con las susodichas nociones. Por de pronto, su aureola no era democrática, habrá quedado manifiesta su tendencia oligárquica a todos los efectos, los prebostes deciden. Como el dinero camufla las informaciones, el gran público circula realmente desprotegido frente a sus influencias. La evidencia pone al descubierto las triquiñuelas. Si algo queda ratificado, son las agrupaciones ocultas, y lo que es aún peor; las que no están tan ocultas, toleradas por el consentimiento pleno o la anuencia conformista bastante generalizada. Una gran afirmación no asienta sus fundamentos en dibujos de colores, exige bases de una mayor solidez. Da la impresión de haberlas esquivado olímpicamente.
La comodidad nos impele a la adopción de posturas reduccionistas, con cuatro simplezas pretende soslayar los quebraderos de cabeza. La reiterada aparición de una frase en la pantalla, no le confiere mayor valor por el mero hecho de su repetición. No es una cuestión de número ni de voces altisonantes que abrumen. Tenemos ejemplos de lo manifestado a la vista de las “realidades virtuales” que nos apabullan. Fijémonos en la AMISTAD proclamada a través de esos ambientes, con esos numerosos amigos entrelazados por la red, con miles de comunicados e imágenes. La certidumbre de esos contactos virtuales empaña seriamente el mismo concepto de la amistad, la confusión impone sus reales. Las reuniones de amigos son sustituidas por sus entradas ocasionales en la red virtual; con las pérdidas consiguientes que conlleva, las del contacto directo entre esas personas. ¿Por considerarlo molesto? ¿Simplemente, desdeñado por innecesario? Aquello del cara a cara, con sus matices y gestos, queda reducido a los mensajes entrecortados y ocasionales. ¿Bastará con la contemplación de unas fotos de los interlocutores? ¿Qué foto? ¿Cómo y cuándo estará hecha? No es posible la equiparación de los términos de esas dos amistades. El discernimiento será necesario para el deslinde de unas relaciones con un grado importante de anonimato, frente a otras de mayor calado, más personales. Es una distinción necesaria, independiente del juicio de valor aplicable a cada caso.
Tiene razón Nicholas Carr con las interrogantes planteadas en su libro “Superficiales”. Las nuevas técnicas de comunicación, los comportamientos en alza, las prisas que aturden en los diferentes ambientes o con los impulsos poco controlados, desvirtúan el pensamiento hasta extremos insospechados. Nos deslizan por unos rumbos, que nos conducen a destinos turbios. Estamos ambientados en un panorama donde la razón y el fondo intelectual de las personas aminora a diario sus posibilidades. Si algo faltaba, la crisis económica añade sus desdichas. La EDUCACIÓN es presentada como una suma de datos, que ni a erudición propia alcanzan, por que son extraídos de Internet sin esfuerzo ni filtros adecuados. Confiemos en la respuesta enérgica ante semejantes criterios superficiales. Aquel anhelo de atención suficiente hacia las peculiaridades del alumno, diluído en la abundancia de mensajes, pierde su afán. Son innecesarias las preocupaciones, sobran los mensajes. Esa educación del “vistazo rápido” anula la concentración y el esfuerzo personales. Predomina una orientación frívola en el tratamiento de los aprendizajes. Por mucho que las mayorías impulsen ese trato, el criterio educacional no se afianzará, continuará por pendientes resbaladizas.
La dialéctica es muy manejable, las palabras y las frases utilizadas permiten las suficientes modificaciones para convertirla en demagogia engañosa. Envuelta en ese parloteo, cualquier necedad presenta alguna cualidad confortable e incluso apariencias idóneas en su conjunto. Si la trasladamos al ámbito de las cuestiones políticas, los cambios de su sentido adquieren proporciones enormes y son habituales. Nos presentan como cierta la mayor insensatez, adobada con unas informaciones manipuladas; por algo, la fuente de los datos depende en gran parte de sus influencias. Con este preámbulo, veamos como los RECORTES SANITARIOS preconizados en Cataluña no parecen irremediables, si apreciamos las enormes cantidades gastadas en la inmersión lingüística de esos mismos ciudadanos. En el supuesto de haberlos convencido de dichos criterios para los manejos dinerarios, no habrá lugar para la protesta, nos habrán endilgado otra certidumbre acomodaticia. Son momentos delicados para que cada persona abdique de sus propios razonamientos; aunque las tentaciones para ello le acuciarán a diario. Los ejemplos se multiplican en otras agrupaciones sociales y geografías.
Los fabricantes de criterios firmes, como los citados, tienden a una intransigencia dominadora; desbarran y hacen un mal uso de sus conocimientos. Desconfiemos de las certidumbres que no expongan a la vez sus limitaciones. Por esas carencias, no debieran eludir las diferentes sensibilidades de las personas, han de adaptarse a su diversidad. Sobre todo, porque al final, no son tantas las certezas.
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