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Etiquetas:   AL DETALLE   -   Sección:   Opinión

Torrijas

María Sánchez Rodríguez
Redacción
lunes, 28 de marzo de 2005, 22:27 h (CET)
Nunca me han gustado las torrijas, ni siquiera me da por probarlas en estas fechas. Aunque mis amigas me inviten a sus casas para merendar y me las ofrezcan, ni por cumplir vaya. No sé si será por la comparación que siempre he hecho entre las personas y las torrijas, por que sí, nunca me gustaron las personas torrijas.

Y todos alguna vez nos hemos topado con una persona torrija, o tal vez lo hayamos sido alguna vez también nosotros.

¿Por qué, que son las torrijas? Un dulce que es tremendamente azucarado, mojado en leche y sazonado con canela, y para los más golosos embadurnado de miel, pero en el fondo sólo es pan duro, pan duro que para engañar nuestro paladar y gustos finos lo adornamos de azucares. Y no sólo eso, sino que encima como la tradición de hacerlo en casa va disminuyendo, lo compramos en pastelerías y con precios que para sí quisiera algún que otro delicatesse.

¿Os imagináis a la alta alcurnia, o a los reyes de España comiendo pan duro? Eso seguramente seria despectivo para ellos y nosotros al saberlo, pero así tal y como se nos presentan las torrijas, todos lo comemos como el dulce más selecto de la Semana Santa.

Estuve en una pastelería de Pozuelo De Alarcón de las más concurridas de la zona, y las torrijas por unidad estaban a dos euros, en otra cercana a la Puerta del Sol a dos euros con sesenta céntimos. El negocio está claro se suele hacer con todo producto alimenticio de temporada, pero ¿ con el pan duro? Vaya.

Y lo de la comparación entre las torrijas y las personas no hay que explicarlo mucho, las personas torrijas para mí, son aquellas que nos enseñan su fachada impecable y dulce hasta engatusarnos, y en el fondo no son más que eso... pan duro.

Personas que expanden sus ojos color miel, y su voz melosa cual torrija deshaciéndose en nuestras bocas y al final cuando el continente ha desaparecido aparece el contenido, pan duro que no usaríamos nunca, a no ser que seamos adictos a las migas o sopa de ajo.¡Ah! se me olvidaba, las torrijas llevan huevos, pero es que algunas personas torrijas no.

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