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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Las meretrices del frío

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 27 de marzo de 2005, 23:48 h (CET)
Hace unas semanas estaba en casa viendo la televisión cuando, no recuerdo en que cadena, comenzaron a emitir una película de Sara Montiel que seguro ya habría visto en mi juventud. Se trataba de ?La dama de Beirut? donde se narran las peripecias de un grupo de bailarinas españolas que, mediante engaños, son llevadas al Beirut de 1965 para una vez allí ser explotadas por una red de trata de blancas. La historia sucedía a mediados de los años sesenta y en aquellos momentos las mujeres engañadas eran españolas. Recordemos que por aquellas fechas la emigración española a Europa era muy grande, aquí faltaba el trabajo o estaba mal pagado y nuestras jóvenes acudían a París, sobre todo, para hacer de criadas- también una película llamada ?Españolas en París? lo recuerda, mientras el peonaje español llenaba las fabricas alemanas o nuestros camareros servían en los hoteles y restaurantes suizos. A veces, en los tiempos actuales, parece que no recordemos nuestro pasado de emigrantes.

Viendo esta película recordé a un amplio colectivo nacido fuera de nuestras fronteras que jamás podrá regularizar su situación. Ahora vemos largas colas en las oficinas estatales donde se encargan de ?dar papeles? a los emigrantes con trabajo pero difícilmente veremos en estas colas a esas chicas altas y rubias llegadas a la fuerza o mediante el engaño del frío Este. Son las nuevas putas, las que llegaron del frío para satisfacer la morbosidad y los apetitos sexuales de algunos españoles. Ellas esclavas sexuales en pleno siglo XXI jamás verán regularizada su situación a no ser que en un rasgo de valentía se atrevan a denunciar a sus raptores.

La prostitución siempre ha existido pero no siempre se ha ejercido de la misma manera. Antes era una cosa como más de andar por casa. Recuerdo haber leído, creo que en ?El quadern gris?, a Josep Pla narrando su visita a un prostíbulo donde una amable señorita se pasó la tarde con él contándole sus penas; en el pueblo donde viví muchos años había una ?puta oficial? conocida por todos con apodo de ?La Parrala? que recibía en su propio domicilio y muchas de las llamadas barras americanas han servido de confesionario o de sillón de psiquiatra para muchos de los clientes de las rabizas de nuevo cuño. Pero ahora todo ha cambiado, las izas nacionales hace ya tiempo que vienen quejándose, primero vinieron las sudamericanas acuciadas por el hambre, más tarde llegaron las exóticas muchachas de color temerosas del ?vudú? y en la última hornada son las diosas rubias de más allá del desaparecido telón de acero las que están siendo obligadas a trabajar en los burdeles españoles.

Uno de los negocios más prósperos es este de la prostitución. Deja mucho dinero y tiene nulos impuestos. Soy de la opinión de que cada cual debe y puede hacer con su cuerpo lo que le venga en gana. Pero estoy totalmente en contra de la explotación sexual de estas mujeres que, mediante engaños y recurriendo después a la fuerza si es preciso, son obligadas a ejercer un oficio que no han elegido. Las autoridades y también los usuarios de estos servicios deberían poner coto a estas nuevas mafias que están traficando con mujeres, con seres humanos. Es más fácil para los elementos mafiosos transportar mujeres que un alijo de droga y, seguramente, también más fácil de engañar a las autoridades en caso de ser atrapados con las manos en la masa. Esperemos que esta nueva lacra social desaparezca. Para ello seria interesante un amplio debate sobre la legalización o no de la prostitución pero eso ya es tema para otro artículo.

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