Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

La chica de los 'armaos'

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 26 de marzo de 2005, 20:05 h (CET)
Hacía meses que lo tenía decidido: Este año quería participar en la Semana Santa de Almagro y, aunque fue una decisión muy premeditada, pronto en casa comenzaron los nervios y dificultades para elegir procesión y cofradía.

Durante las semanas siguientes mis familiares y amigos me fueron exponiendo sus razones y, una por una, me hicieron la presentación de todas las hermandades, explicándome un poco sus orígenes y avisándome de los días y horas de sus procesiones de penitencia.

Mi madre me dijo que si elegía la Hermandad de Nuestra Señora de La Soledad y Santo Entierro, existente nada menos que desde 1573, saldría el Viernes y el Sábado Santo por la noche con una elegante túnica de terciopelo negro y una capa de raso blanco, pero enseguida mi padre la hizo cambiar de idea diciendo que, siendo chica, lo más acertado sería que comprásemos blonda en lugar de terciopelo, bueno, aunque no fuera blonda artesana y auténtica como la que hacía mi bisabuela Vicenta que esa sí que está ahora bastante valorada. En realidad lo que mi padre quería era verme con mantilla, clavel rojo y zapatos de tacón alto, o sea lo más guapa posible al lado de la Virgen.

Mi abuela Nieves me informó, muy pícara e interesada por ser ésta la Hermandad de toda su familia, que eligiera la de Jesús Rescatado que fue fundada en 1957; así me vestiría como los auténticos nazarenos, con túnica morada y capuce también morado, saldría del barrio de La Magdalena el Miércoles, Viernes y Sábado Santo.

Mi tía Rosa me sugirió, con voz misteriosa y entre susurros, que eligiera la Hermandad de Jesús de las Tres Caídas, creada como poco en 1827, y que acompañara a nuestro querido Señor de San Juan con túnica morada y cordón amarillo o a su Virgen de la Esperanza con la túnica verde del precioso color de su manto. Me dijo que tendría que hacerlo a las doce de la noche del Jueves Santo en la procesión llamada del ?Silencio? que era una de las más auténticas y también el Viernes Santo en la procesión llamada del 'Hambre', procesiones las dos de gran penitencia.

Mi vecina Carmen me animó a ingresar en la de Santiago, antigua Cofradía que desde 1609 celebra en verano su Patrón pero que hasta 1953 no participó en la Semana Santa de Almagro con su Cristo de La Agonía. Carmen me dijo que también podía ingresar en la Banda de Tambores y Cornetas, la cual estaba llena de chicas y chicos de todas las edades, con la Hermandad de Santiago podría desfilar el Viernes Santo por la mañana y por la noche.

Mi amiga Laura es tamborilera y desfila desde hace años en la Banda de Cornetas y Tambores de la Hermandad de la Vera-cruz, lógicamente, ella también quiso llevarme a su terreno. Le daba lo mismo que yo tocara un tambor, una trompeta o que me vistiera de color almagre o con capa azulada, ella lo que quería era que procesionáramos juntas como buenas amigas que somos, la verdad es que llevaba muchos años diciéndomelo y nunca le hice caso. Me habló muy satisfecha de la Ermita de Santa Ana; cuando le pregunté si era muy antigua me respondió que una placa en su portada indica que data del siglo XVI pero que fue en el siglo XV cuando se fundó la Vera-Cruz en Almagro, concretamente en 1470, porque lo miró en unos papeles muy antiguos que un día le enseñó su tío Dani, jefe de la Cofradía. También me contó que tienen los pasos más artísticos de todas las hermandades del pueblo -¡qué iba a decir ella!- como son La oración en el huerto, El beso de Judas, la Virgen de Los Dolores y Jesús Resucitado y por querer convencerme hasta me dio la dirección en excla-veracruz@hotmail.com por si quería escribirles.

Yo estaba hecha un lío, todas las hermandades me gustaban, todas tenían algo de interesante y tradicional para ser elegidas; hasta mi hermano Luis me quiso convencer para que me apuntase a la Escuela de Música para aprender un instrumento y después salir, como él, en la Banda Municipal, eso sí, en la mayoría de las procesiones, él decía que así estaría más reconocida como música y aprendería partituras de todos los estilos artísticos. Además, me dijo, que nuestra Banda era una de las más importantes de la provincia, tan antigua como del lejano año 1863 y me recordó que últimamente habían grabado un disco con gran éxito.

Acabé en un mar de dudas, túnicas y nazarenos, de hermandades, clarinetes, tambores, trompas y trompetas..., cuando un recuerdo ?semanasantero? del año pasado fue el detonante que hizo que me decidiera por una cofradía o mejor dicho por una compañía: La Compañía Romana. Fue cuando acompañé a mi abuela a San Bartolomé a visitar el Sagrado Monumento, era la primera vez que lo hacía, fue tanta la devoción y el silencio que había en el templo que no pude menos que fijarme en el ?armao? que guardaba el florido Monumento del Santísimo. El joven ?armao? hacía guardia con tanto respeto y penitencia que parecía un auténtico soldado romano de la época. Pensando en el recuerdo de su rostro iluminado decidí formar parte de la Compañía Romana y así se lo hice saber inmediatamente a mi abuelo Francisco, antes que los demás pusieran el grito en el cielo, estaba segura que él me apoyaría. Cuando lo hice, me miró con cierta extrañeza, ¿estás segura?, segurísima, le contesté sonriendo, quiero ser ?armao?, soldado romano, armada o soldada de esa soldadesca de la que tú tanto me has hablado. Creo que mi sonrisa y mis ojos denotaban tal seguridad y mis palabras fueron tan convincentes que ya no hubo necesidad de que me hiciera más preguntas. Al día siguiente, me llevó a casa del Comandante, el jefe de los ?armaos?, muy amigo suyo, y le dijo, aquí, la chica que quiere entrar en la Compañía. El Comandante nos alertó de que tenían un reglamento muy estricto con 49 artículos, nada menos que desde 1773, reglamento que él guardaba como oro en paño. Yo le hablé de las guardias en las Iglesias y me ilusionó diciéndome que puede ser que algún día yo pueda hacerlas, y también participar en el sorteo de la bandera, pero que ahora tenía que sufrir los ensayos y la instrucción como cualquier soldado.

Escuchando a mi abuelo Francisco y a aquel señor yo me veía vestida de oro, de plata y rojo grana con la lanza apoyada en el hombro y la armadura y el casco de moña blanca o roja meciéndolo sin cesar a los rayos del sol del Jueves Santo. Me veía yendo de casa en casa reclutando al resto de la tropa con mi corneta, con mi tambor o simplemente con mi lanza formando precisamente así, lanza a lanza, compañero a compañero, codo a codo, una gran cuadrilla. Me veía haciendo el caracol con gran expectación el Jueves, el Viernes y el Sábado Santo, enroscándome y desenroscándome, dando vueltas y más vueltas caracoleadas en la Plaza Mayor y, sobre todo, me veía como un soldado, muy parecido a los verdaderos romanos legionarios del tiempo de Jesús, un soldado raso, bueno y raso de esos que dudaron de si Cristo crucificado era el verdadero Dios, de los que ayudaron a desclavarlo, a desatarlo y, a escondidas, bajarlo de la Cruz.

Los dos hombres hablaban entre risas, orgullosos de su superioridad y fama, a veces se mofaban de otros ?armaos? cercanos, también muy pintorescos pero criticados porque sus corazas parecían de hojalata pintada en purpurina cual estufa de leña del invierno acabado. Recordaban el sonido importante y maravilloso del cornetín de órdenes y del simpático ejercito de almagreños y almagreñitos que formaban cada primavera unos soldados tan vistosos, tan marciales e impregnados de tanta disciplina.

Yo estaba deseando de encargar el uniforme añil y rojo, dorado y plateado que tanta ilusión le hacía a mis jóvenes años. Mi abuelo Francisco me dijo que me lo regalaba a condición de que lo mantuviera siempre brillante y lo sacara reluciente todos los años. Le tuve que prometer que así lo haría.

Ya ha llegado la Semana Santa, he ensayado como el mejor soldado de instrucción. Este año saldré por primera vez con los ?armaos? porque me siento armada para entender y representar el misterio de fe y amor de Jesús en cada caracol, en cada Iglesia visitada y en cada monumento a Cristo consagrado.

Antes de estrenarme con mi desfile de inauguración el Comandante nos ha leído a todos el primer artículo del Reglamento, uno de los más importantes para los ?armaos? y creo que para los integrantes de todas las Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Almagro, dice que debemos ?Dar culto y brillantez a las funciones que celebra la Iglesia en los días de Semana Santa?. Eso haremos y eso haré.

A algunos en mi casa y en mi barrio les ha extrañado un poco mi decisión y bromean llamándome la chica de los ?armaos? pero la respetan cuando les demuestro que siempre llevaré con orgullo su bandera, la bandera de haber pertenecido y de pertenecer a la centenaria Compañía Romana de Almagro.

Noticias relacionadas

Opus Dei: Comentario crítico a una carta (LXV)

Es tan sagrada la conciencia de las personas, que su invasión tosca por una secta como esta me provoca repugnancia

Inmanencias

Olvidamos en exceso las realidades innegable bajo el encantamiento de las opiniones frívolas

El barco escoba

El Aquarius se ha convertido en el barco escoba del Mediterráneo

Jaque al Rey

Borbones en entredicho

¿En qué España nos han metido ustedes, señores?

“Madero ha soltado al tigre, a ver si puede domarlo” Porfirio Díaz
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris