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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Sufrid y multiplicaos

Marta Santos
Redacción
sábado, 26 de marzo de 2005, 00:00 h (CET)
Parece que anglosajones y latinos coincidimos en una ideología: la judeocristiana. Me refiero con esta frase a la decisión de Bush & Cía de mantener con vida a Terri Schiavo, que padece un coma profundo. Se conoce que los judeocristianos del ala anglosajona han decidido esperar una visita de Dios que ponga fin a tanto sufrimiento. Es que la ideología judeocristiana tiene una relación muy cariñosa con el sufrimiento humano y no está dispuesta a que las personas vivan en este mundo o se vayan de él sin dolor ni agujetas ni congoja. En efecto, el ideario heredado del siglo I y del pueblo de Israel es el único 'ismo' que se mantiene vivo, colea y no precisa analgésicos ni deconstrucción, que es un medicamento como otro cualquiera.

A las personas que hemos crecido en tan singular cultura, se nos enseñó que el dolor, además de ser natural, tiene una connotación moral. Parece que sufrir y rechinar los dientes es cosa de gente buena, en el sentido religioso de la palabra; de gente que se aguanta la enfermedad terminal hasta que Alá decida pasar por el hospital de 6 a 8 horas para mandarla de viaje a Samarra. Para estos judeocristianos, hay decisiones que un ser humano no puede tomar: morirse porque le da la gana o porque ya va siendo hora y sin padecer; parir sin dolor, que es una cosa muy perniciosa porque va en contra del 'orden natural'. Un ser humano puede decidir efectuar una masacre o bombardear desde el mismísimo cielo un país con todas sus gentes y eso, parece, es una decisión muy personal, propia del libre albedrío que los humanos tenemos para matarnos unos a otros con el mayor ruido posible. En esas cosillas, ya se sabe, Alá nos deja a nuestro aire, porque somos libres para torturar o permitir que otros torturen para mayor abundancia de nuestros hipermercados.

Es que el 'orden natural' de los judeocristianos es una moral muy de quita y pon; llevable, que se dice; como un chaleco reversible al que le puedes dar vuelta tranquilamente según quién sea el que se muere y cómo y dónde. Es que parece que no es lo mismo morirse en un hospital de Leganés que en ciertos aposentos de Roma, donde te pueden administrar sedantes sin que Alá se enfurruñe ni nada. No sé qué opinaría el 'anónimo' denunciante de una sedada Frida Kahlo en un cuarto de la Seguridad Social, pero les dejo con la última frase de ella: «Espero irme deprisa y espero no volver más».

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