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Etiquetas:   Crítica musical   -   Sección:   Música

Muse, el fin del mundo ha llegado

Guillem Salvador Arnal
Redacción
viernes, 3 de junio de 2005, 17:23 h (CET)
Cuando vio la luz Origyn of Symmetry muchos llegaron a decir que nunca habían oído nada igual, que era lo más grande que había pasado en muchos años, que el disco era una reinvención del rock, una obra maestra. Otros decían todo lo contrario, que no habían descubierto nada, que realmente no era tan bueno y que Matthew Bellamy era un megalómano pretencioso.

Muse no cambiado su formación desde que en 1999 publicaran su primer larga duración, Showbiz. Dominic Howard toca la batería, Chris Wolstenholme el bajo y Matthew Bellamy, a parte de componer todas las canciones, toca la guitarra, el piano y canta. Matthew es el líder del grupo, el que se lleva todas las flores y alabanzas, él toma todas las decisiones, musicales y no musicales.

El primer trabajo se publicó con pocas esperanzas comerciales. Tenían bastante fe en un par de canciones que luego serían los singles, pero no tenían la impresión, ni los miembros de la discográfica ni ellos, de que fuera a ser un superventas. Pese a ello, Showbiz tuvo más impacto del esperado y sirvió para dar a conocer a los tres jóvenes más allá de los límites de su pequeño pueblo inglés.

Para los fans el disco es cojonudo, no es tan bueno como los otros dos pero está muy bien. Son doce buenos cortes de rock con un ligero toque del que luego sería su sello distintivo, los pianos y esa voz casi de ópera que algunos dicen que suena a música clásica “barroca”. Aunque en líneas generales el disco no sea muy completo, contiene tres canciones que les lanzarían y que hoy en día aún son de las mejores para su público: Sunburn, Muscle Museum y Showbiz.

La banda era muy buena técnicamente y sus conciertos transmitían una potencia y una frescura sorprendentes, eso sí, muchos los comparaban continuamente con Radio Head intentando quitarles credibilidad.

Entre unas cosas y otras Matt seguía trabajando en su repertorio, quitando importancia a las críticas. En el 2001 se liberó de todos sus miedos y decidió crear un disco mucho más propio que el anterior, menos influenciado por las externalidades negativas que antes le podían haber rodeado. Así pues, salió a la calle con una producción mejorada y una distribución más amplia Origyn of Simmetry, la obra definitiva que les encumbró y lanzó a la fama.

Nadie esperaba algo así, de la primera canción a la séptima Origyn of Simetry desborda al que lo escucha entre golpes de voz, guitarra y piano, para más tarde, de la octava a la décimo primera devolverlo poco a poco a la vida real. Es increíble, si te enamoras del grupo y captas el sentido de sus composiciones das gracias a la música por dejarte pasar tan gratos momentos escuchándolos. La gente se volvió loca con ellos, miles de fans salían de debajo de las piedras adorándolos cual dios sobrenatural. Los más atrevidos aseguraban que habían reinventado el rock y que su líder era una especie de nuevo genio. Los conciertos de la gira empezaron sin mucho estruendo, pero día a día más gente los descubría y se unía a la secta, al final los llenos se sucedían uno tras otro en noches de agitación, histeria y pasión colectiva.

El disco revolucionario es una sucesión de hits mareantes en su primera parte, luego detiene su asedio mental y pase a una fase de reposo y latencia. Los mejores temas podrían ser perfectamente Bliss, Space Dementia, New Born o Citizen Erased, pero hay uno en especial que conmocionó a más de uno en aquellos días, se llama Plug in Baby y empieza con un solo de guitarra que rara vez no pone los pelos de punta.

Desde el día en que sacaron Origyn of Simmtry, Muse se ha subido a una ola de popularidad y éxito de la que no ha bajado. En el 2002, aprovechando el tirón de ventas, publicaron un disco doble que contenía una recopilación de rarezas y una grabación en directo de la última gira. La grabación en directo incluía dos singles brutales que no estaban en ninguno de los dos primeros discos: Dead Star y In Your World. Al poco tiempo el concierto también apareció en DVD.

A finales del 2003 nos llegó la última de sus publicaciones, Absulution, otro éxito de ventas desmedido que ha arrasado en todo el planeta, incluyendo a los 40 principales de nuestro país. Francamente no es tan bueno como su predecesor, pero eso no le quita ningún mérito.

Absolution es muy completo, ninguna canción baja el listón, se nota que está muy pensado por su autor. Cortes como Apocalypse Please, Time is Running o The Small Print podrían haber sido algunas de sus cartas de presentación, pero en este caso las que se llevan la palma son Stockholm Syndrome y Hysteria, otros dos cantos al fin del mundo y al Apocalipsis. Para presentar el trabajo se embarcaron en una gira mundial con incontables fechas que actualmente está en sus últimos estertores.

Se supone que en breve Muse puede sacar otro disco más, pero nunca se sabe, todo dependerá de las ganas que tenga “el megalómano” (ya sabéis, Matthew Bellamy).

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