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Secretos de Estado: de la tiritera del Faisán al horror del 11M
Con santo o con maldito hay mucha información oculta
Mientras los procesados del Caso Faisán amenazan con tirar de la manta (ya se puede suponer a quién), recientemente la organización hacker Anonymous se dirigió a la Fiscal para la Lucha contra la Delincuencia Informática, Elena Tejada, para advertirla de que hará público un perturbador dossier robado de los archivos de la Policía en relación con el 11M.., si antes del 20N “no existe una diligencia sobre la documentación reservada (sic)”.
La primera parte de la entradilla, que según El Mundo es una manifestación expresa de los procesados del Caso Faisán, lleva implícita la existencia de que haya santo o maldito en el Caso Faisán, lo que hay seguro es manta, o, lo que vale lo mismo, conspiración, secreto vergonzante o vergonzoso que deja o puede dejar al descubierto maniobras políticas poco o nada claras, o incluso delictivas, toda vez que los procesados parecen decirlo en el sentido de “sálvame o atente a las consecuencias”, en algo parecido a no estar dispuestos a correr la suerte (comerse el marrón) o ser sacrificados como inútilmente para ellos mismos lo fueron Barrionuevo, Vera o similares, porque quizás sepan estos procesados mejor que nadie cuáles son las lealtades de los políticos y cómo se las gastan. Una declaración que la Fiscalía afectada debería revisar, porque supone la aceptación expresa e implícita de que sí hay delito, y no de los menudos o de los que se salvan en una serie de divagaciones judiciales que parezcan que sí, pero no.
Lo que manifiesta la segunda parte del subtítulo de este artículo, lo de los hacker de Anonymous, no es un asunto menor en absoluto, sino todo lo contrario. Efectivamente, según publica Helga Yagüe en su diario www.theinquirer.es, Anonymous logró entrar hace algunos días a la base de datos confidencial (debe ser que hay una que lo es, o B, y otra que es la pública, o A) de la Policía Nacional y hacerse con algunas informaciones altamente sensibles, como nombres y DNIs de algunos escoltas de Zapatero o de los GEO, y dicen que con un dosier altamente comprometedor sobre el 11M. En este sentido parece ser que se dirigieron a la Fiscal para la Lucha contra la Delincuencia Informática (todo indica que por correo electrónico), y le dijeron: “Estimada Fiscal, en breve obtendrá documentación reservada. Caso 11M.” La conmoción, desde luego, no puede ser mayor, porque todo hace pensar que hay información altamente sensible o comprometedora, y absolutamente desconocida del público a propia intención de políticos o policías, sobre aquellos atentados que muchos, muchísimos en este país, defendemos que jamás fueron investigados convenientemente y que se ocultaron concienzudamente las pruebas sobre los verdaderos culpables. Y algo así parecen venir a decir estos hackers de Anonymus, quienes sostienen que se harán públicos esos dosieres en los días previos al 20N... si antes la fiscalía a la que se dirigen no instruye una diligencia sobre la documentación reservada, se entiende que sobre la que ellos tienen en su poder de entre la información sustraída.
La historia, pues se repite, un poco al modo y manera de aquellos infames GAL y sus mandos incógnitos e impunes. Después de aquella para muchos nunca aclarada del todo conspiración, en la que cayeron algunos pesos medios y se preservaron todos los gordos y las equis incógnitas sumas, según nuestro parecer, ha venido a correr los mismos pasos (los extremos ya se sabe que se tocan) el actual Faisán, y todo hace pensar que nuevamente desde el Estado se perpetra la ley por o para satisfacer espurios intereses políticos (o de otro orden, tanto da), de modo que quienes juraron cumplir y hacer cumplir la ley, junto con quienes juraron defenderla, van y la conculcan, la violan, la ultrajan y vilipendian… por los intereses que quiera que sean.
Y, en medio, la mayor de todas nuestras ignominiosas afrentas colectivas, la que muchos (incluidos policías honestos, periodistas, investigadores y personas en general con dos dedos o más de frente) hemos sostenido que jamás se investigó ni como se debía ni contra quien se debía, y que toda su resolución apestaba a echar un apresurado cierre sobre aquel atentado que tantas trazas tenía a 11S (y ya son pocos o ninguno los que creen que fuera Al Qaeda). Una tracción mediática promovida para acallar conciencias y medios, y enterrar a los muertos sin asesinos conocidos, mientras esposas bondadosas escribían libros y algunos comenzaban carreras meteóricas entre túnicas negras que hoy estruendan, como sábanas lúgubres y tenebrosas, en las salas del Faisán.
No sé cuánto hay de verdad en cada uno de los casos. Sé, sí, y lo sabemos todos, que en el caso GAL se libraron los más sabios y hoy van repartiendo sabiduría por Europa; sé (o tengo el convencimiento, que vale lo mismo en España que una prueba, por si no lo saben) que en el caso 11M no se supo ni se quiso saber la verdad, que se destruyeron pruebas intencionada y calculadamente, amparando directa o indirectamente –más bien lo primero, según mi opinión- a los asesinos; y sé que en el Caso Faisán hay una manta de la que tirar porque los propios procesados lo han dicho y parecen tener una de sus esquinas agarrada para poder tirar de ella, acaso como los implicados del Caso GAL la tuvieron y tiraron, aunque en aquel otro "secreto de Estado" no les sirviera de mucho y los sabios sigan sabiendo más que los ratones colorados.
En 2008 quedé entre los 3 últimos finalistas del Premio Planeta con la novela “Lemniscata”, presentada entonces bajo el pseudónimo de Jacob Zhorn y con el lema de “El lazo infinito” (proclamada erróneamente como ganadora por algún medio, pues que el ganador del certamen fue el vasco Fernando Savater y la trama va sobre terrorismo), en la que de narro literariamente cómo se mueve todo este orden de intereses políticos, terrorismo y pretendidos atentados que tienen como objeto otros fines más… controlados y de control. Algo que, atentado tras atentado, sentencia tras sentencia y acto y manifestación política tras acto y manifestación política no hacen sino corroborarlo. Y, lo curioso del caso, es que tanto en la novela como en esta nuestra oprobiosa realidad hay rostros y manos comunes tras cada uno de estos luctuosos sucesos, rostros que se repiten, voces que tienen el exacto mismo timbre y modos que son ecos unos de otros. Analícenlo con calma, revisen sus archivos, y estremézcanse de terror, porque no es para menos.
No sé si en el dictamen que hoy dé el alto concilio de jueces que han de valorar el Caso Faisán, encabezado por el mismo juez del 11M, dejará todo el asunto en agua de borrajas, pero lo que queda transparente para muchos, muchísimos de nosotros, es que el Faisán ha de tener tirititera porque la manta la tiene, ¡vaya si la tiene!, tiren o no de ella, como manta hubo en los GAL, aunque inútil fuera para los Amedo, Barrionuevo y compañía que tiraran de ella. Tampoco sé si los de Anonymous llegarán a hacer públicos esos dosieres que dicen tener, porque demasiados intereses hay por medio y verdes se las van a tener preparadas, pero tal vez fuera algo bueno que alguien nos ofreciera la información alternativa que, estamos seguros, se esconde sobre el caso bajo siete cerrojos, siete aldabas y siete candados, porque nos íbamos a enterar, por fin, de que dos y dos son, efectivamente, cuatro, y no uno, como nos han querido hacer creer.
Los secretos de Estado, hoy, parecen estar no guiados a una mayor seguridad o progreso de los ciudadanos de un país, sino para servir intereses perversamente espurios, torcidos y retorcidos, y quién sabe si para poner al mismo Estado, junto con todas sus Instituciones, al servicio de algunos desalmados que, aunque pongan cara de buenoides recalcitrantes de levítico mirar bajitorcido, tienen el alma más negra que los carbones del Infierno.
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