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La consternación
“Resulta sintomático que el día en que las víctimas del terrorismo celebran la condena de dos terroristas el gobierno se muestre consternado por la decisión judicial“
Consternación. Es la descripción del estado de ánimo de determinados dirigentes socialistas y los habituales voceros de sus consabidas terminales mediáticas una vez conocida la condena de diez años de prisión por el caso Beteragune que la Audiencia Nacional ha dictado contra los terroristas Arnaldo Otegui y Díez Usabiaga, hombre de paz según Rodríguez Zapatero el primero y el sindicalista que cuidaba de su mamá enferma el segundo.
Y es que sucede que, si bien el por el candidato Alfredo tan ansiado comunicado-engañifa no acaba de llegar debido a que los terroristas saben que el cambio de gobierno está a la vuelta de la esquina y que, por lo tanto, los acuerdos entre el PSOE y la banda no tendrán validez dentro unos meses, la condena de estos dos sujetos podría ser la excusa que ETA necesita para hacer abandonar el denominado “proceso de paz”, enquistado desde hace ya algún tiempo. Una parte de la banda presiona en dicho sentido. Acaso por ello los de Bildu y el PSC de Chacón, que es esa señora que defiende la sumisión del poder judicial al legislativo, coinciden en la valoración negativa de la sentencia judicial. Patxi López, el lehendakari cuyos días al frente del gobierno vasco posiblemente terminen en cuanto haya elecciones autonómicas, anda desolado. José Blanco no sabe cómo disimular su enfado con los de la toga. El ministro del Interior Antonio Camacho, anterior número dos del candidato presidencial y ahora cunero por Zamora para revuelo de la militancia y disgusto de Bono y Chacón, apesta a faisán. Chivatazo policial a ETA que es, después de los GAL, el caso de corrupción más grave de la historia de nuestra democracia. La cúpula de Interior, como ya sucediera en tiempos pasados, podría terminar, quién sabe, condenada por colaboración con banda armada. Si el oportuno aforamiento o Gómez Bermúdez, menudo soplamocos le ha endilgado Pedro J. Ramírez este fin de semana pasado, no lo remedian. Lo mismo algunos vuelven a las puertas de la cárcel de Guadalajara para jugar al corro de la patata. Zapatero, quien anda deseoso de que Pérez Rubalcaba se estrelle el 20-N, contempla las nubes desde la hamaca monclovita. Él siempre apostó por “el diálogo para la resolución del conflicto”, que no es otra cosa más que el entendimiento con los asesinos.
Resulta sintomático que el día en que las víctimas del terrorismo celebran la condena de dos terroristas el gobierno se muestre consternado por la decisión judicial. Sintomático y muestra de lo que ha sido el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba, de quien ahora conocemos que se reunió en secreto con representantes de ETA. No sorprende.
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