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Etiquetas:   Bromas aparte   -   Sección:   Opinión

Aristóteles ya lo sabía

Ezequiel Estebo
Redacción
miércoles, 23 de marzo de 2005, 00:19 h (CET)
A Franco lo retiraron de Madrid. Su estatua resultaba molesta y la quitaron. Tal vez también cierren un día de estos el Valle de los Caídos, quién sabe. Estamos en España. España es diferente.

En Egipto lucen con orgullo las pirámides y los templos hechos con esclavos. En China la Gran Muralla y en EEUU de América no se han dejado de montar los viajeros en los trenes porque se hicieran las vías con mano de obra inmigrante y en malas condiciones laborales; pero en España retiramos la estatua del dictador porque ofende.

Bien, a mí me parece bien. Y de paso podemos quitar las estatuas y las calles de Largo Caballero o Pablo Iglesias, por decir algo. O ya puestos seguir el sistema newyorkino: quinta avenida, sexta avenida, etc. Tampoco es para rasgarse las vestiduras. Sería más aburrido y monótono, pero qué más da.

Esto a fin y al cabo es lo que propugna la tolerancia progresista: Imponer los símbolos de sus ideologías como monopolizadores de las calles y retirar todos los de sus oponentes. Como en aquel colegio hace ya unos cuantos años en que hubo que retirar un crucifijo porque hería sensibilidades. Pues vaya tolerancia. Tolerancia cero. Diría yo, y no con el alcohol. Por ahí ya sabemos que hay que protestar y llamar fachas a los gobernantes por prohibir hacer botellón en las calles.

A mí todo esto no me preocuparía, en realidad; si no fuera porque una vez más los españoles nos mostramos ante el mundo como un pueblo acomplejado incapaz de sobrevivir a los dimes y diretes de la cotilla del pueblo.

Por cierto, que les decía en mi artículo de la semana pasada que ZP no había hecho nada en este año. Y tenía razón; pero igual llegaron rumores a La Moncloa de lo que este humilde columnista opinaba y tomaron la determinación de hacer algo. Y así arreglaron el tema de los gays, y ahora ya pueden casarse.

Que sí, que sí; que ya sé. Que ZP no lee mi columna. Bueno, de ilusión también se vive; y así, me cabía la esperanza de pensar que se diese por aludido y arreglase el tema de la vivienda.

Bueno, a lo que íbamos, que con los matrimonios gays ha pasado otro tanto. Ahora incluso algunos se llenarán las boca de expresiones como: “la voluntad de la mayoría” y otras excusas inciertas de este tipo. Yo en esto, sólo espero que la gente que tenga alguna formación mire a su alrededor, eche un vistazo al mundo y al menos tome plena conciencia de cuán “mayoritario” es su criterio.

Porque lo cierto es que España es un país de pandereta. Somos tan folclóricos que nos lo creemos y mucha gente piensa que con guardar las formas ya progresamos más. Y no. Es al revés. De tanto estar preocupados por las apariencias y las ofensas y las sensibilidades cometemos ridículos espantosos que nos convierten en el hazmerreír del mundo.

¿Se acuerdan cuando vinieron los americanos y nos ofrecieron un EuroDisney? Y claro, también estaban los socialistas por medio: Quita Maruja, no queremos aquí a los yanquis. Ahora están “los yanquis” y los no yanquis en Francia dando dinero y puestos de trabajo. Eso sí, luego nos dedicamos a hacer toda suerte de complejos alternativos como Port Aventura o Terra Mítica, de dudoso éxito. O la Warner, andando el tiempo (que me da que no debe de ser nada yanqui).

Así nos va. Y quien dice esto, mil cosas más. Como nuestro ecologismo ridículo. Aquí no queremos centrales nucleares, ¡por Dios! Mira que si nos pasa como en Chernovil… Así que nos negamos a ellas y ahora le compramos la energía a las centrales nucleares que tienen los franceses en el sur de su país que si revientan nos llevan también por delante, pero así al menos los dineros se los llevan mientras tanto los gabachos y no nos los quedamos nosotros…

Yo no sé a donde pretendemos llegar con esta mentalidad, y tal vez no sea yo la persona indicada para decirle a nadie lo que debe o no debe pensar. Pero si Aristóteles más de trescientos años antes de Cristo fue capaz de darse cuenta de que para gobernar hace falta usar la razón y alejarse del deseo individualista; cabe esperar que en algún momento la gente de la calle, dos mil trescientos y pico años después, empiece a entender esto y entre todos seamos capaces de usar la cabeza un poco más; y no otros miembros para gobernar nuestro país y dirigir nuestras vidas.

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