|
El deporte y la corrupción
La desaparición del deporte escolar infantil o juvenil tiene toda la apariencia de un plan concebido para corromper a nuestros jóvenes
Nadie en su sano juicio tiene duda alguna de que los niños y los jóvenes tienen un vitalidad tal que, si no se les ofrece una vía sana para disiparla, es más que probable que su propia inquietud y su necesidad de explorar el mundo les conduzca a otras vías mucho más perjudiciales para ellos, si bien de mucha enjundia para eventualmente estarían interesados en corromperlos, como las multinacionales de los videojuegos, los cárteles de las drogas (y quienes se enriquecen con ellas), los productores de ocio y otros tantos depredadores que hoy parecen contar con excesivas simpatías por parte de legisladores y gobernantes.
El niño y el joven usa el juego no sólo para explorar el mundo y su potencial personal, sino también para interactuar con sus semejantes. Ese juego, dependiendo de cómo sea, procurará jóvenes y adultos sanos o jóvenes y adultos corrompidos por sus propios impulsos. El deporte, en este sentido, es una de las mejores vías para disipar su exceso de vitalidad, para establecer bases profundamente empáticas con sus semejantes y con la sociedad en general, y el mejor modo de que, además de eliminar toxinas y consumir su tiempo en algo profundamente constructivo y educativo, comprendan, si el deporte que practican es de equipo, la importancia del grupo, de la actuación conjunta y coordinada y del esfuerzo personal para la consecución de la victoria, si bien que la victoria no suele ser el objetivo más importante para quien practica con nobleza un deporte de equipo. La sana competitividad, en fin, encuentra en el deporte de equipo una de las mejores formas de construir sociedad, además que quien está centrado en el esfuerzo noble, no está dedicando su tiempo a prácticas inconvenientes para sí o para la sociedad.
Adempero todas las ventajas incuestionables del deporte, especialmente en centros educativos y en una sana competencia en ligas escolares o federadas, las autoridades educativas han ido retirando o eliminando la actividad deportiva de equipo de los sistemas educativos, siendo que a día de hoy raro es el colegio público, y a menudo también privado, en el que existen y se mantiene la actividad deportiva grupal. Quienes tenemos alguna edad, no podemos mirar atrás sin recordar el equipo de baloncesto, fútbol, balonmano, voleibol o cualquier otra disciplina de equipo de nuestra infancia y juventud, siendo que los sábados o los domingos por la mañana estaban consagrados a la educativa competición deportiva prácticamente en toda la sociedad, a menudo participando en la misma por igual padres (como espectadores o hinchas) que los niños o jóvenes (como deportistas), fortaleciendo a su vez la relación parenteral. Y no era una actividad particularmente sana sólo para los que practicaban el deporte como integrantes de estos equipos y sus padres, sino también para la totalidad de profesorado y alumnado del centro educativo, quienes solían formaban piña con sus equipos para elevar el prestigio del colegio, el instituto o la facultad. Hoy, por razones que nos habrán de explicar esas mal llamadas “autoridades” que manejan la Educación, parecen haberlo proscrito para mayor gloria de la indolencia, si es que no para beneficio de esos mercachifles y bandas que mencionaba antes, cual si fuera un plan perfectamente definido y estructurado.
Ya no hay ligas escolares ni prácticamente existen las ligas federadas. Incuso hay ciudades con más doscientos cincuenta mil habitantes –Alcalá de Henares, por ejemplo- que no cuenta con absolutamente ninguna actividad deportiva organizada por las Concejalías que tienen la obligación de hacerlo, fuera de lo que es el fútbol. Un deporte sano para quien lo practica, pero bastante aborregante para quienes únicamente son espectadores. “Men sana in corpore sano”, ha pasado a ser una máxima que hoy es una reliquia del pasado, al menos en su forma social. Hoy, por el contrario, se promueve el deporte insano o hedonista, el anaeróbico, como los gimnasios, si es que no quienes deberían practicar un deporte de equipo –que seríamos casi todos- se entregan a la vida sedentaria o disipan su vitalidad en el tedio o en el consumo de productos insalubres desde punto de vista cardiovascular –comer, realidad virtual, Internet, drogas, etc.-, con resultados sobradamente conocidos: un incremento exponencial de las enfermedades cardiovasculares, ictus, enfermedades inmunodeficientes en general y obesidad generalizada incluso en la infancia. El deporte, bueno es saberlo, no sólo produce en el organismo una cantidad de dopamina (la sustancia del "todo está bien") que retribuye el esfuerzo del deportista, sino que favorece de forma muy notable su sistema inmunológico.
Dudo mucho que sean los niños y jóvenes, y aun los no tan jóvenes, quienes hayan renunciado a la práctica del deporte de equipo, y para ello me basta con proyectar que en mi propia ciudad, Alcalá de Henares, quienes desean practicar un deporte, o se buscan equipo por sus propios medios –tarea ardua y difícil por los pocos que hay-, o se organizan su propio equipo los que pueden, o no tienen más remedio que orientar su vitalidad hacia otros derroteros como los que comentaba anteriormente. Una situación particularmente grave por cuanto es obvio que los deseos de los jóvenes es la práctica del deporte, habida cuenta del número de ellos que atiborra los parques en que hay canchas en que practicarlos. Y si los jóvenes y los niños quieren practicar un deporte y no pueden porque no hay equipos, ¿por qué las “autoridades” educativas o los ediles de los ayuntamientos no fomentan la práctica de los deportes de equipo organizando ligas y poniendo medios para que esto sea posible?... ¿A qué espurios intereses están sirviendo al apartar de niños y jóvenes de una de las más sanas vías de desarrollo personal y social?... Esto, por interés oculto o por dejación dolosa, tiene hedentina a corrupción de menores y a alineamiento social, y los responsables, como no pueden ser de otro modo, son las ineptas autoridades políticas y educativas que padecemos, para quienes, si no hacen caja u obtienen ventaja, no tiene interés alguno: los políticos no están, según se ve, para servir a la sociedad, sino para servirse de ella. A los políticos y a las autoridades de Educación, pues, hay que pedirles cuentas por estar favoreciendo la corrupción de niños y jóvenes.
|