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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Cuentos de Mamá Oca

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 19 de marzo de 2005, 22:39 h (CET)
Si todavía alguien se sorprende de que un libro como El Quijote permanezca en la memoria colectiva durante cuatrocientos años, qué me dicen de esos “Cuentos de Antaño” o “Cuentos de Mamá Oca” de Charles Perrault que le sigue a la zaga. “Cuentos de Mamá Oca” es una recopilación de relatos infantiles de tradición oral que el autor francés no quiso firmar, haciéndolo, no sabemos si por su indicación, su hijo mayor de diecinueve años, Pierre Darmancour Perrault. Hay quien dice que el modesto Perrault se negó a firmar la autoría de esos ocho primeros cuentos infantiles publicados de nuestra cultura, perteneciendo como pertenecían a la abuela de la abuela, de la abuela de otras mil abuelas, de nuestras abuelas; es decir, a los cuentos narrados, escuchados, en parte a veces también modificados, y transmitidos de boca en boca en el hogar.

Pero los “Cuentos de Mamá Oca” son también, tras más de trescientos años de esa primera edición de Paris, el título de la versión del cuento infantil del narrador, escritor y compositor, profesor de Pedagogía Musical del Conservatorio Superior de Madrid, Fernando Palacios, de quien hemos tenido ocasión de presenciar una de sus actuaciones en la III Semana de la Música del Conservatorio “Marcos Redondo” de Ciudad Real, donde hace gala de su maestría musical y de sus grandes dotes de narrador y actor de cuentos musicales infantiles. Los “Cuentos de Mamá Oca” de Perrault se mezclan con las notas musicales de Maurice Ravel, notas interpretadas por la Ópera de Cámara de Madrid, compuesta para este espectáculo por los pianistas de a cuatro manos Paco Luis Santiago y Menchu Mendizábal, junto a la soprano Virginia Briones, quien canta, narra y actúa también maravillosamente, como hada musical que embelesa a los niños.

Fernando Palacios, por su parte, introduce a los pequeños en un popurrí de los llamados cuentos de hadas o relatos maravillosos como Caperucita Roja, La Bella Durmiente del Bosque, Garbancito o Barba Azul, utilizando instrumentos musicales tan sencillos como una ocarina, un sonajero, una flauta de no se sabe cuántos picos y especiales sonidos y hasta un cortador de huevos duros, de esos de las viejas cocinas que antes parecen minúsculas arpas de fantasía. Así, entre huevo y huevo imaginario, entre las miguitas de pan que va dejando en el escenario, o mientras se extiende el manto de armiño donde la bella princesa se quedará dormida, Fernando Palacios se entretiene en obtener las mejoras notas de estos instrumentos que ilustran tanto o más que las diapositivas, también clásicas o su propia voz, todo ello acompañado del padre de los instrumentos, el piano.

La Mota de Polvo es la colección donde se pueden encontrar estos cuentos clásicos, más de una veintena de títulos donde las nuevas versiones se emparejan en música y en voz con compositores como Chaikovski, Stravinski o Prokofiev en una de las escasas colecciones de audiolibros para niños que hay en el mercado y que edita AgrupArt Producciones, bajo el amparo de la Orquesta Filarmónica de Gran canaria.

Una buena apuesta musical y literaria la de esta editora que esperamos trascienda a otras obras de compositores y escritores contemporáneos y, por supuesto, a otras editoriales.

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