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Opinión
· Tribuna de opinión
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| Nuncajamás |
| El poder ha creado un paraíso de mentiras oficiales para mayor felicidad de los ciudadanos |
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A veces, cuando escucho los telediarios oficiales de los que se nutre la información de las masas, me parece que estoy viendo los noticieros de Nuncajamás, con sus buenísimos y heroicos Peterpanes en calzoncillos largos, con sus aflictivas y queridas Wendys de mucho glamur, sus enamoradizas y mágicas Campanillas y, como no puede ser de otro modo, con sus malos, malísimos Capitanes Garfio perseguidos por sus pesadillas cronológicas en forma de cocodrilos Tictacs y auxiliados por bonachones piratas de noble corazón que quién sabe si son agentes dobles o trabajan para la CIA.
Tal que así me parece la cosa ésta de estos días en que se cumple el décimo aniversario del 11S. De nada parecen haber servido los miles de testimonios de los mejores arquitectos y los mayores expertos en construcción de grandes edificios, ingenieros de reputado renombre y hasta de los más experimentados profesionales especialistas en demoliciones, quienes han jurado sobre sagrado –y así se aprecia en numerosos videos sobre el colapso de las torres del TWC y del llamado Edificio.7- que lo que se dice sobre que del derribo de estos edificios pudiera haber sido producido por un par de aviones comerciales era, simplemente, mentira, y que lo que se vio en realidad fue una implosión, un derribo controlado, con toda certeza producido por explosivo termita, hoy por hoy en manos exclusivas de los militares. Lo mismo que sucedió con el ataque al Pentágono, siendo que algunos grandes y experimentados expertos en balística han sido capaces no sólo de desmontar pieza por pieza el despropósito del avión que supuestamente se estrelló contra este edificio, sino que fue un misil; y otro tanto acaeció con el caso del avión que se estrelló en tierra, por más que los guionistas de Hollywood hayan hecho meritorias películas en plan héroes americanos. Y todo esto, claro, sin entrar en consideraciones adicionales sobre cómo en los turbulentos días previos a los atentados hubo muchísimos y muy importantes movimientos de capitales y de empresas mucho más que sospechosos, que más y mejor apuntan a un compló que justificara lo que ha sucedido a continuación de aquello: las invasiones que han costado, no un par de miles de vidas como en el 11S, sino más de un millón de vidas humanas que no merecen para estos mismos medios oficiales y para el poder mundial mayor recordatorios ni justicia alguna, y la destrucción y expolio de muchos países soberanos, como Iraq, Afganistán, Paquistán y, aunque nos agarre un poquitín lejos del epicentro cronológico de aquel suceso, Libia.
Las noticias, sin embargo, erre que erre siguen con la versión oficial, rindiendo homenajes a unos asesinados oficialmente por el Capitán Garfio, y desatendiendo al millón de seres humanos y a la conculcación por vía del Artículo 33 del Imperio (porque se le pone en los tegumentos) de todos los principios de Justicia nacional e internacional. El Capitán Garfio es el malo y Peter Pan el heroico marine que arrasa países con uranio empobrecido, y punto. Todo lo demás, no importa. Y cuela, como coló Pearl Harbor, lo del Maine, lo de Silesia por los Alemanes, etcétera.
También ha colado en la Historia oficial de Nuncajamás que las pirámides de Egipto las construyeron esclavos que esculpían las piedras a tres mil kilómetros de donde están ubicadas, las trasladaban hasta Gizeh y las acoplaban unas sobre otras a un ritmo de una, que pesaba un promedio de 20 toneladas, cada 32 segundos, para cuadrara con los tiempos oficiales de construcción; o escrito está como verdad incuestionable en nuestro libros de Historia que las pirámides y centros ceremoniales de mesomérica, ya saben Teotihuacán, Uxmal, Chichén Itzá, etc., las construyeron tipos que no usaban la rueda, en base a arrastrar con cuerdas imposibles moles de piedra, construían sus centros ceremoniales y sus ciudades y, cada 52 años, ¡zas!, a construirse otra ciudad u otro centro ceremonial, después, eso sí, de enterrar debidamente el que acababan de estrenar. Y así, podemos contar las verdades de Nuncajamás desde lo más remoto de la Historia humana (las culturas remotas, por ejemplo) a lo más contemporáneo (el 11S, sin ir más lejos), desde lo más concerniente a nuestra mera existencia (la delirante Teoría de la Evolución) a lo más profundo de la espiritualidad humana (Dios no existe: somos fruto de la casualidad), todo basado en una Ciencia que no deja de contradecirse a sí misma, tan soberbia que incluso fuerza a la naturaleza o lo que se ve a sus fórmulas o teorías, y, si no, se inventa algo que lo justifique, como la energía oscura o la materia oscura, que ni existe ni hay Dios que la creó, pero que ahí lo tienen. En Nuncajamás puede darse cualquier cosa, menos el desaliento, y sus sabios, doctores y periodistas son capaces de demostrar que lo cuadrado es redondo, y no se discuta más, salvo que quien lo vea como es, es porque está tonto…, o tinto…, o tanto.
En fin, podríamos extendernos aquí hasta que nos sangrara la paciencia desmintiendo todas y cada una de las verdades oficiales de Nuncajamás, que son prácticamente la totalidad de nuestra Historia oficial –cosa lógica porque la misma Nuncajamás no existe, palabra, sino que es una invención, un cuento, una mentirijilla del poder-; sin embargo, nos contentamos hoy con la cosa que toca, que es lo del 11S y este despropósito que sólo los muy, pero que muy incrédulos, o los muy, pero muy cínicos, o aun los muy, pero muy ricos, pueden creer contra todas las evidencias que están sobre la mesa. Para ellos, dirigentes o habitantes de Nuncajamás, el Capitán Garfio es muy malo, el cocodrilo Tictac aunque se lo haya comido siempre tendrá a otro Capitán Garfio que devorar porque hay muchos intereses pendientes todavía y muchos países que invadir, y colorín, colorado. Y tan verdad de verdad es todo esto que aúllan las sirenas telediarias oficiales, como que Peter Pan fue a Iraq a llevar la democracia y a liberarles del dictador, y ahí están todos los iraquíes tan felices y agradecidos, tan ricamente, gozándose de las libertades y el bienestar que les regaló su héroe favorito y sus estupendos amigos; y como que fue a Afganistán a llevar la santa democracia, a arrancar a las mujeres de la esclavitud del burka y a llevar vientos de felicísima libertad a todos los afganos, y ahí los tienen también, todos dichosos como si estuvieran en el Nirvana.
Nuncajamás, es así. Pero ninguna de las víctimas de Peter Pan producidas para establecer su orden de justicia, democracia y libertad que han sucumbido atrozmente, o las que sucumbirán todavía mientras él se encuentre por allá revolotendo, no merecerán conmovedores homenajes de ningún 11S, ni ondearán en su honor o memoria banderas nacionales al ritmo de emocionantes músicas, ni habrá pupila alguna que riele en la melodramática superposición de imágenes hollywoodenses que inundan las televisiones de Nuncajamás, porque ellos, inocentes o no, no cuentan aunque sean millones, son herejes, son como el Capitán Garfio, no importan, no viven sino que matan (por más que sean niños o mujeres) y si están muertos, tan ricamente. Así es, así somos en Nuncajamás: la verdad, si no nos da por las buenas la razón, nos inventamos otra.
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