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Etiquetas:   Ser o no ser   -   Sección:   Opinión

Libertad vigilada

Manuel Alcántara
Redacción
sábado, 19 de marzo de 2005, 22:39 h (CET)
Después de las denuncias con freno y marcha atrás de Pasqual Maragall, la Unión Europea se dispone a revisar todas sus financiaciones en España. Hemos batido la plusmarca de golfos por metro cuadrado edificable, al mismo tiempo que creábamos dos aristocracias: la política y la del cemento. La Oficina Antifraude va a necesitar muchas más ventanillas, pero lo más grave es que en vista del panorama bloqueen o restrinjan el reparto de los fondos estructurales.

Salvo algunos concejales de urbanismo, todos necesitamos ayudas económicas, pero las acusaciones de corrupción desencadenadas por el honorable, que se ha dejado jirones de su honor en el debate parlamentario con Artur Mas y, sobre todo, en su intento de apagar el fuego, están poniendo las cosas muy difíciles. En Europa nos han calado y van a mirar para otra parte cuando reciban el famoso telegrama ese que dice «remitan fondos».

Lo peor no es que disminuya nuestro prestigio, sino que mengüe nuestro dinero. Nos van a tener en libertad vigilada mientras aquí estamos ocupadísimos haciendo balance del primer año de gobierno socialista. Unos lo encuentran inmejorable y otros desastroso. Aprovechándose de que los líderes de los dos partidos mayoritarios se llevan muy mal, otros se lo llevan todo. Zapatero acusa al PP de echar sal en la herida del 11-M y Rajoy acusa al PSOE de agredir a millones de españoles. Trae muy mala suerte, según algunos, eso de pasarse la sal en la mano. Es una vieja superstición que quizá tenga su origen en el hecho de que mientras se empuña el salero no se puede llevar la mano a la cartera del otro.

Un 29% de los españoles consultados cree que Maragall debe dimitir y un 68% considera que CiU cobraba comisiones a los constructores. Si queremos que la Unión Europea siga financiándonos, habrá que inspeccionar las letrinas. Despacio y sin hacer olas.

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