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Y con ellos llegó el escándalo
Vistas las declaraciones de haberes de sus señorías, nada más rentable que la política, y más rentable todavía ser de izquierdas
Y con ellos -los gobernantes y parlamentarios- llegó el escándalo, sí, a esta Sin City en que la sucia política ha convertido España. Un pastazo declaran que tienen sus señoría, en general, y todo ello, así, por las bravas, en plan legal, sin consideraciones adicionales, más que previsibles, de que algo de ingeniería legal habrán hecho con sus patrimonios para no dar el cante, sea éste de faisán o de esta opereta delirante en que ninguno de los figurantes tiene credibilidad social de honradez demostrada, sino precisamente de todo lo contrario.
Duele un poco saber que sus señorías están a salvo de todo quebranto y de todo temor a la incertidumbre que nos depara a los demás mortales el mañana nuestro de cada día de sudores y carestías, y que tienen bien guardadas las espaldas por unos patrimonios que, entre declarado y escondido, suman un pasarla como reyes aunque sean republicanos. Ya quisiera yo saber qué patrimonios tienen también los coleguis, parientes, tronquetes y/o testaferros de sus señorías, que seguro que contando con la información de previa y ventaja que cuentan, es de suponerse que, con su buen hacer y sus demostradas mañas, haya servido para que, quien más, quien menos, haya tenido su mordida en el reparto de prosperidad subyacente.
Rentable es la política, ¡vive Dios!, y mucho más ser de izquierdas, según se ve, pues que dar el queo a las masas iletradas de las ventajas de lo colorado, redunda en una acumulación mayor de bienes y en una más muchísima más enjundiosa rentabilidad que asegura un porvenir sin estrecheces, quién sabe si porque los líderes de las gloriosas izquierdas se las han transferido a los descamisados o a los parias de la Tierra. Buena cara pondrán algunos a sus votantes, como el señor presidente del Congreso o el hepático candidato sociata, cuando les escuchen, hagan y les expliquen que lo que tenían que repartir para sí era la riqueza y no la pobreza, aunque a ellos, a los bindundis de papeleta y urna, lo que les haya quedado por lógica sea la contraparte, la del paganini, la del que se aprieta el cinturón para que haya más que trincar por parte de los votados. Un pasar de Midas, según se ve, es imprescindible para que puedan desarrollar su cargo como San Lenin manda, a pesar de que, casi con total seguridad, sus asesores de imagen, partido y financieros, les hayan maquillado los patrimonios de manera que el cante no salga con gorgoritos. Esto, señores, es tener bien alta la cresta: ¡viva la revolution, manito!
Por esos mundos de Dios hay un muy ilustrativo video circulando, protagonizado por un sicario económico del Imperio, en el que cuenta cómo se hacen los supernegocios: se va a los países, corrompen a los políticos, les animan al lujo, trinque y comisión, les alientan a que endeuden a sus países con dineros de sus bancos e instituciones –el BM y el FMI, que son privados, para el que no lo sepa-, y les empujan a ellos a vivir como personas muy importantes y principales (cobra comisiones o quédate con esto: todo el mundo lo hace), y a sus países muy por encima de sus posibilidades, de modo que los Estados que gobiernan no puedan pagar el principal y no tengan más remedio que renegociar la deuda a intereses de usura, y ya está hecho el supernegocio. A partir de ese momento, son ellos, las grandes corporaciones encabezadas por los sicarios, los que decidirán sobre el país, sobre qué modificaciones se hacen en las Cartas Magnas, sobre qué empresas públicas y servicios se privatizan a favor de las corporaciones de su cuerda, a qué guerras enviarán a las tropas nacionales -¿entienden lo de Afganistán o todas esas otras cosillas?...- o qué votan en la ONU o en los gruposgés, y listo, que los sobrecostos de todo este atraco político los pague la ciudadanía, toda gente ésa que, como decía Goethe, son los más esclavos porque se creen libres. Y aquí están los resultados. ¿Quién se puede resistir, por el amor del Cielo, a dejar de ser un paria sin un real en el bolsillo y pasar a ser, en unos pocos añitos, a amasar una fortuna de aquéllas, vivir en la Jet-set y dar la impresión de que se ha nacido entre algodones aunque llevar un frac más le haga parecer un pingüino en el desierto?... ¡Pues eso!
Bien hecho el trabajo, sólo se pueden esperar parabienes internacionales por las encomiables gestiones realizadas. Como la señora Pajín, sin ir más lejos, a quien la van a conceder en México la medalla de oro de no sé qué chorrada, que no parece sea un escapulario. Cosa de lo más particular porque llevo más de veinticinco años trabajando estrechamente con Latinoamérica en general y con México en particular, y allí, desde Felipe González para acá, no producimos sino risa, aunque, eso sí, mucha risa. Pero, en fin, debe ser algo parecido a los parabienes alcanzados por la señá Trini cuando estuvo con la cosa de las relaciones con Latinoamérica, que, aunque fuera un desastre como lo del Titánic o un despropósito como el de la señá Pajín, pues gracias a ellas nos han ido echando de ámbito cultural y nuestro mercado natural para mayor beneficio de gringos, alemanes, italianos, franceses y hasta de ruanda-burundeses. Todo un buen hacer que, según se ve, se premia con medallitas y con no se sabe qué más que no se incluye en el IRPF. A quienes conocemos aquello, esto nos hiede a chamusquina, palabra. Como poco.
Me temo, señores, que estamos haciendo un pan como unas hostias porque nos están saliendo ricos los de las gloriosas izquierdas y puño izquierdo en alto y vibrante Internacional en los labios. Boyer se nos fue a la Jet-set, Felipe –Isidoro- se hizo un superchalé vecino de un déspota decimonónico y carpetovetónico y amasó una enormísima fortuna, a Guerra le salió un hermano que pasó del desempleo a casi el Forbes, a Cháves aunque no tiene un real los niños le han salido bien despiertos, Bono ha pasado de ser descamisado a usar frac hasta para dormir y ser casi miembro emérito de la CEOE, y, para guinda que colma el pastel de este sindiós –nunca mejor dicho-, resulta que nos ha salido un candidato ultraizquierdista y ultraleninista que es millonario, como el señor Rubalcaba, quien no obstante, debido a su sencillez izquierdista y ser un tanto rata, usa un coche viejísimo y paga su tique de aparcamiento. Queda claro, a la vista de lo visto, que ser de izquierdas es muy, pero que muy rentable, debe ser que porque muchísimas miserias (de los votantes) hacen una gran fortuna, y cuantas más miserias producen los votados en los votantes, pues parece que mejor, que más fortuna todavía. Por algo será, digo yo, que a mayor desastre social y nacional, mayores haberes. Digo.
¿Un escándalo?... No, ni mucho menos. Como decía antes, ya ven que quienes nos prestan los dineros –buena gente que ni siquiera pretenden que se los devolvamos, sino que se contentan con que paguemos los intereses que ya nos comen casi la mitad del Presupuesto Nacional- ya tienen su reforma constitucional consagrando sus intereses venideros, nuestros soldados están muriendo en sus guerras por esos mundos de Dios, votamos lo que nos mandan en los foros en los que vamos por instrucciones suyas, les hemos regalado Latinoamérica y todos nuestros intereses allá, y cada día privatizamos algo más a favor de sus corporaciones, como el agua, la sanidad, la seguridad, el transporte y lo que sea, que siempre será mejor la Siemens que el Talgo -¿recuerdan los accidentes que tenía a diario el Talgo cuando se negociaba qué marca de trenes iban a ser los AVE?-... ¡Pues eso!
¿Cómo no obtener algo a cambio de todo eso, siquiera sea algunos fajillos de billetes de curso legal para algunos principales, ya sea en declarado o libre de impuestos en algún paraíso fiscal o en las manos de algún testaferro, o siquiera sea algún contratillo de gloriosa enjundia para sus prósperas empresas?... Y así los números cuadran, por supuesto. Nada, nada más rentable de la política, ya digo, que muchos entraron pobres pero pocos salieron míserios, aunque la mayoría sí que han salido miserables.
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