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La crisis, Rajoy y el inexorable paso del tiempo
Vivimos con la espada de Damocles sobre nuestras cabezas
El finísimo hilo que sostiene la temible hoja está a punto de romperse. La tirantez de la avaricia, de la codicia, puede romperlo. Los que ya estamos al final del camino sabemos bien lo que significa pasarlas canutas para llegar a ver un amanecer. Amanece, que no es poco, que diría José Luis Cuerda. Grecia se salvará, Europa se salvará, América se salvará,. África seguirá muriendo de hambre y crueles guerras, sin riesgo a perder su papel de paria de la tierra, famélica legión. Por fin veremos a Mariano Rajoy de presidente, registrador mayor de la propiedad castellanaza; porque, no nos engañemos, Euskadi y Catalunya siempre irán a su bola.
El fin de semana pasado asistí a un curso de astrofotografía y pude ver cómo fotografiaban la constelación de Andrómeda a tiempo real, es decir, tal y como la constelación se mostraba hace más de tres millones de años. Somos capaces de fotografiar el pasado remotísimo porque, una de dos, o Andrómeda está muy lejos o la luz es muy lenta; o las dos cosas. Dicen que no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante. Y una leche, todo un universo es capaz de aguantar eso y mucho más. Tenemos que ir haciéndonos a la idea de que somos micras de conciencia finita; una conciencia finita que dura mucho menos de un nanosegundo.
Dentro de nada, me estarán leyendo tres millones de años después.
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