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Toros

Etiquetas:   Crónica taurina   -   Sección:   Toros

La osadía se vistió de triunfo

Ignacio de Cossío
Ignacio de Cossío
domingo, 10 de abril de 2005, 23:25 h (CET)
¡Qué osadía! Me llegaron a decir días antes en mi segundo barrio del Arenal. Nadie daba crédito a tal prueba de valor y poderío. Un viejo y conocido alguacilillo comentó: pero si es un chico muy majo, de buen corte pero….a él no le van las encerronas, eso son cosas de toreros tremendistas y muy puestos, menudo atrevimiento, cuidado a que no le salga el tiro por la culata. Así que nada, tenía que ir a verlo simplemente por la curiosidad del aficionado y por aquello de la flauta, según mi amigo.

Chisporrotea a la vera de Guadalquivir. Los toros de Peralta ya huelen la hora bajo los eucaliptos de la marisma. Llegamos al sevillanísimo pueblo de Coria del Río, deseosos de ver a Antonio en su encerrona. Para entonces él nos aguarda de blanco y oro junto a la puertecita de la improvisada plaza de toros frente al Guadalquivir. Mil personas se agolpan en las taquillas, nadie de su pueblo y la vecina Puebla, quieren perderse semejante oportunidad.

En el callejón de sol me quedo solo y no dudo en arrimarme a una tronera portátil para sentir la emoción del momento y la cercanía del toreo. Salta el primer colorado al ruedo. Las banderas flamean un poco y ya Fernández Pineda se encuentra con su capote frente al toro. El toro empuja con codicia al caballo y Antonio siempre al quite, comienza por delantales y termina por chicuelitas. Es tarde grande, se presiente y hasta Morante lo sabe.

“Atrevido”, tras perder las manos, se atreve a pegar brincos de alegría y eso nos desconcierta a todos y Antonio el primero. Llegan las trincherillas de Coria con mucho garbo de las manos del artista. El toro obedece y se lleva dos series respingonas con la diestra y una suave con la izquierda. La plaza entera esta en silencio, llega la hora de la suerte más suprema y con el estruendo de un cañonazo, más propio de un galeón pirata en la lontananza, se lanza la espada de Fernández Pineda. La presidenta que hoy no le tiembla la mano concede las dos orejas al torero, que no tarda en pasear bajo las palmas al toro en su arraste. ¡Ya esta asegurada la salida a hombros ahora a gustarse, grita Chacón a mis espaldas!

Gustarme no me gustó mucho que digamos el negro segundo. “Remero” un toro para entenderlo, algo sosote y con muchas complicaciones. Los pitones romanean buscando los pechos del caballo y no pierde la vista a media altura. Buen puyazo y creo que hasta se merece otro de premio. Hacen aparición unas ajustadísimas chicuelitas mudéjares y a todos nos devuelven el aire sevillano al otro lado del río. Suspiros entre naturales que ya huelen a toreo grande. Otro cañonazo y el toro rueda de punta a punta la placita. Más orejas, pide el pueblo y todos él.

“Esparraguero” se deja lancear por verónicas y recibe gustoso dos medias abelmontadas en la tierra vecina de Gallito, que nos saben de maravilla. Frena Antonio al toro por delantales con los pies juntos y hace nacer el abanico desplegado más grande de la tarde, envidia de portada de Feria. El toro sólo pide muleta y hasta en el caballo se le nota al mirar a la cruceta. Un, dos, tres derechazos y magistral cambio de mano, hacen que se venzan todos los espárragos de la Puebla. ¡Qué rico nos supo a todos, aquel ramillete de naturales verdes! Con un pinchazo, la estocada sonora de Antonio arranca de la tierra las orejas y el rabo de noble animal. Los versos a la Esperanza de su primo le han traído suerte y hoy su sueño verá cumplido.

El brindis tampoco se hace esperar y al boyante “Madrileño” le brida su maestro la faena a José Antonio Morante de la Puebla. ¡Qué comienzo de faena! Pases cambiados por la espalda nos ponen en la encrucijada de algo muy serio. El toro como el público parece estar hipnotizado con la muleta del coriano que no deja de balancearse con la elegancia de los escogidos. De filigrana y profundidad, están hechos estos trazos diestros que ya sólo esperan a Sevilla. Antonio, siempre de frente al toro, hace mover el péndulo hipnotizador dando aire a la suerte. Como guinda al pastel, muleta invertida, hace llamar a Joaquín con sus bernardinas toreras. El toro viene andando y casi se para, pero como le espera Antonio, ahí esta otro torero bien distinto del que me habló el alguacilillo del Arenal. Estocada casi entera y la presidenta pide el rabo. En Coria ha nacido un torero y se llama Antonio Fernández Pineda.

“Espartero” salta al ruedo pidiendo el carnet de torero. Mariscal que está atento aprovecha la oportunidad del quite para desquitarse de sus chicuelinas maireneras y de una larga cordobesa, pasto hoy de las eras. Replica Antonio por verónicas llenas de embrujo y majestad. El toro castizo se duele en banderillas y engancha con su astifino pitón izquierdo la hombrera de Juan Sierra. ¡Uff que susto! Antonio se crece por momentos y sin ofrecer ventajas, se pega el arrimón. Madera de roble tiene este torero que con ocho orejas y dos rabos en sus alforjas, no pierde la cara al toro. Valor de veras ante un toro que no acaba de romper y que ansía colgarle de un palo. Frente al genio sin control, un circular de espaldas y un pase de pecho tan largo como un látigo. Los muletazos se suceden de uno en uno y pronto la estocada casi entera hace de la oreja premiada la más gloriosa de todas.

El toro jandillero de Viento Verde se lanza orgulloso al ruedo con su cornamenta abierta y pomposo morrillo. ¡Sangre azul junto a “los contreras” de Peralta, haciendo añicos el aire! Nacen las verónicas mirando al tendido, regalo de Antonio a sus partidarios, parecía que era el propio Manolete toreando en la Méjico y no Antonio Fernández Pineda en Coria del Río. “Ventolero” no hace honor a su estirpe y poco a poco se apaga como una vela. Estocada, oreja y a oscuras se quedó también la placita de Coria. Poco a poco todos nos fuimos recogiendo hacia la puerta de cuadrillas para ver salir al torero y ganadero a hombros hacia el río. Una vez más había triunfado la osadía de un toreo vestido de blanco y oro que nunca renegó de su destino.

FICHA TÉCNICA
Plaza de toros portátil de Coria del Río. Sábado 12 de marzo de 2005. Lleno. Se lidiaron cuatro toros de Hermanos peralta y dos de Viento Verde, segundo y sexto. Bien presentados y de gran juego. Destacó el tercero, premiado con la vuelta al ruedo y cuarto, ovacionado en el arrastre.

Antonio Fernández Pineda, de blanco y oro: dos orejas, dos orejas, dos orejas y rabo, dos orejas y rabo, una oreja y una oreja. Salió a hombros.

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