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Tags: Opinión · Artículo de opinión · Ángel Ruiz Cediel
Cínica austeridad


Los gobiernos no están combatiendo la crisis con sus planes de contención, sino generando mucha más pobreza


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 7 de septiembre de 2011, 10:50
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Basta con ser un observador despierto para comprender que todos estos planes de austeridad y supuesta contención de la crisis que están llevando a efecto los distintos gobiernos no están produciendo sino una multiplicación de la pobreza, porque el problema no está en ninguna crisis, sino en el tipo de economía dominante: la especulativa. No tratan los especuladores de tener más al tiempo que sirven a sus sociedades, sino de tener muchísimo más al precio que sea, incluso contra sus propias sociedades. El capital, en fin, hoy por hoy, es un apátrida.

Hoy, el número de personas que quieren multiplicar sus haberes sin hacer esfuerzo alguno, más allá de prestar a intereses exorbitantes o de especular incluso con la vida ajena –dígase pronto: con los alimentos-, tiende al infinito, concerniendo lo mismo a un directivo de medio pelo que invierte sus ahorrillos en bonos, como a esos ricos inconfesables que si tuvieran que contar sus haberes en billetes de quinientos euros, necesitarían varias vidas para poder hacerlo. Son dineros muertos, sin vida, sin provecho, que además matan lo que sostiene la paz e integridad de los países, porque sólo sacan beneficios sin dejar a cambio nada, ni siquiera empleo para los naturales de esos países en los que eufemísticamente invierten. Dicho de una manera llana, es robar con guante blanco, pero robar, al fin y al cabo.

La perversión del lenguaje y la pleitesía que los meapilas profesan a los económicamente poderosos, ha convertido a estos infames especuladores en personajes admirados cuando no merecerían mejor suerte que ser condenados por codiciosos, e incluso ser juzgados por un tribunal del orden del TPI, pues que sus delitos son de lesa humanidad tanto porque restan empleos a quienes lo necesitan, como porque con su especulación producen artificialmente hambrunas que bien pueden ser consideradas como genocidios. Por ejemplo, por cada céntimo que sube un producto alimentario básico, como el trigo o el maíz, medio millón de personas estará condenada a la muerte más ignominiosa: de hambre. Ellos, los ricos, adempero, habrán ganado una fortunita, aunque tinta en sangre, eso sí. ¿Es acaso esto admirable?... Y es que los especuladores, lo mismo que las empresas y corporaciones, son personas físicas cuando les conviene para que no violen sus derechos, pero son entes abstractos sin responsabilidades para joder a todo el mundo a la vez.

Mienten los gobiernos, y nos mienten a todos bellacamente, si dicen que con la restricción del gasto se combate cualquier clase de crisis, especialmente si es humanitaria, tal y como es la más importante que padecemos, que es el desempleo. Pero es que también mienten si dicen que gastando menos el país gana más, porque sencillamente eso es imposible: si no hay más producción, no hay más riqueza (salvo mano de obra esclava o disminución de los costos laborales), y, en consecuencia, no puede haber el necesario crecimiento imprescindible para crear empleo. En definitiva, no se puede salir de una crisis social y económica restringiendo el gasto. Bien está que se restrinja el robo de sus señorías que tienen la costumbre de vivir como maharajás a costa del Erario, meter la mano en la caja o regalarse jubilaciones doradas por haber estado siete añitos rascándose los tegumentos a dos manos y todo eso, pero es el único ahorro que, además de necesario –y tanto más si se les mete a esas señorían unos añitos de vacaciones en algún penal- sería moralmente reparador para las sufridas masas ciudadanas.

La solución de cualquier crisis –especialmente inventada como ésta que padecemos- pasa necesariamente por la inversión, y cuanta más inversión, mejor. Otra cosa, claro, es en qué se invierte, porque ya hemos visto los espléndidos resultados del desvarío ése del Plan E, o las ayudas a esos pillos de lo sindicatos, o las subvenciones de la Junta de Andalucía a los coleguis y las empresas de los nenes, y tal. No; las inversiones, obviamente, no pueden ir por ahí. Ni siquiera en la promoción de la economía especulativa, tratando de engañar a la ciudadanía en que invierta en bonos o aldahadas. Ni aun en la economía de trampa y truco, como la multiplicación burocrática que favorece la proliferación de parásitos conseguidores de prebendas, como ese ninio del expresidente o aquel hermanísimo de su hermano. Ni tampoco, por último, pasa por inflar la Administración que sea con chupatintas de todo pelaje, hermanos, amigos o tronquetes de los personajillos partido en el ordeno y mando, a quienes se les ha facilitado los exámenes de oposición bajo cuerda o se les ha diseñado un puesto ad hoc. La solución pasa por invertir en economía productiva: pagar las Administraciones lo que deben, para que quienes son realmente productivos puedan seguir produciendo riqueza y puestos de trabajo; fomentar con inversiones acciones empresariales productivas, para quienes saben y tienen ganar de crear un futuro puedan multiplicar los recursos de la sociedad y crear puestos de trabajo; favoreciendo la creación de empresas que nos resten dependencia del exterior, creando un tejido industrial propio (tal vez autárquico); y potenciando la moral económica, haciendo ver a los productivos que es así, y no de otra manera, como se construye un país, generando riqueza y puestos de trabajo, pues que lo uno y lo otro están tan vinculados como debiera estar perseguida la economía especulativa.

Se engaña, y se engaña mucho, quien pretenda ignorar que el quiz de nuestro problema es la economía especulativa. Ésta, debe ser erradicada como una mala yerba, creándose leyes para ser perseguida si alguien, alguna vez, procurase ganar dineros sin invertir en la parte que corresponda en el país en que genera sus beneficios y en sus conciudadanos. La economía, necesariamente, debe servir a la sociedad y jamás al revés, y la única manera que existe de hacerlo, es invirtiendo en producción. Al final, la economía es como el Uróboros, una serpiente que se muerde la cola, y cuando hay mucha producción, hay mucha gente que trabaja y que puede comprar, de modo que se necesita más producción y, consecuentemente, más mano de obra que es decir más empleo; y cuando no hay producción, sino mucho desempleo, hay mucha más gente que no puede comprar, y, entonces, incluso los que tienen trabajo, sobran. No hace falta ser muy listo para comprender esto, incluso aunque se sea tardo o político.

Adempero esta evidencia que ven incluso los topos, nuestros dos partidos mayoritarios, lejos de haber movido un dedo por evitar la debacle de endeudamiento y desesperación social en que nos vemos inmersos, después de haber dilapidado al alimón todos nuestros haberes y habernos endeudado hasta la deuda eterna, han consagrado la economía especulativa con una modificación de la Carta Magna, convirtiéndonos a todos los ciudadanos en muchos más míseros ahora y por siempre: en bienes prescindibles. Y así, claro, veremos la luz al fondo del túnel cuando a las ranas le crezca pelo en las axilas… o más abajo. Más o menos.

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