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Canción triste del día del trabajo
WASHINGTON - En este Día del Trabajo no abundan las buenas noticias del empleo. Hemos inaugurado un largo período de paro nefasto y presiones salariales que muy bien podrían transformar de forma radical el paisaje económico y político de la nación. No se registró crecimiento del empleo en agosto, y los datos generales dejan estupefacto: 14 millones de parados; casi 9 millones de trabajadores a media jornada deseosos de ocupar puestos a jornada completa; 6,5 millones de personas que quieren empleo pero se ven tan desalentadas que han dejado de buscar y que, por tanto, no son contabilizadas dentro del dato oficial del empleo. La gente apenas empieza a reconocer paulatinamente la magnitud del problema.
Se trata de un punto de inflexión histórico, plasmado en la promesa de un programa de nuevos puestos de trabajo del Presidente Obama. No está claro en absoluto que sus críticos Republicanos o él sepan de verdad cómo acelerar la creación de empleo. Obama ya ha brindado "estímulos" masivos: 4 billones de dólares de déficit presupuestario de 2009 a 2011. En tanto, la Reserva Federal ha mantenido prácticamente a cero los tipos de interés a corto plazo. Aún así la economía languidece. El acento Republicano en la liberalización y la rebaja del déficit tampoco brindará un gran empujón. Los déficits menos sustanciosos, por ejemplo, no reducirán casi nada los tipos de interés porque ya están bajos.
Incluso si este escepticismo demuestra ser exagerado -- y emerge un programa de empleo eficaz -- el paro elevado se prolongará durante años. He aquí la razón, gracias a unas cuentas laborales realizadas por la economista del Instituto de Legislación Económica Heidi Shierholz, un laboratorio de ideas izquierdista.
Para reducir el paro, la economía tiene que crear por obligación nuevos puestos de trabajo suficientes para absorber el desempleo existente y los advenedizos al mercado laboral. Shierholz ha calculado el número de empleos que harían falta para bajar el paro (en el 9,1% en agosto) al 5% en cinco años. Su cálculo: 16,9 millones de empleos. Eso es una media de 282.000 puestos de trabajo mensuales creados. El problema reside en que este ritmo de creación de empleo supera con creces al ritmo actual (105.000 puestos mensuales creados desde principios de 2010) o incluso el nivel alcanzado durante la etapa de crecimiento de 1993 a 2000 (240.000 empleos).
Puede usted manipular las condiciones del cálculo de Shierholz, que la conclusión principal no varía. Hasta con una creación de empleo fulminante, el paro desciende de forma paulatina y lenta. Con un crecimiento flojo -- u otra recesión -- podría permanecer elevado de manera indefinida. No hay panaceas. El paro va a definir cada vez más nuestra política económica y nuestras esperanzas económicas.
No son sólo los parados los que se van a ver afectados. Nadie ha refutado aún la validez de la ley de la oferta y la demanda. Según el último dato, había 4,5 parados por cada oportunidad laboral vacante. La negociación colectiva ha pasado de los sindicatos al capital. Claro, ciertos trabajadores serán ascendidos y mejor remunerados en concepto de antigüedad. Por lo demás, los progresos serán escasos. Desde septiembre de 2008, las subidas del salario anual y del salario interprofesional han alcanzado de media el 1,6%, el ritmo más lento en 30 años, según Lawrence Mishel, del Instituto de Legislación Económica.
La "contracción" de la clase media tan anticipada por los políticos se hace por fin realidad. En el pasado se ha exagerado. En horquillas temporales largas, la renta de la mayor parte de las familias creció. Por ejemplo, la renta media ajustada a la inflación de las familias de cuatro miembros creció un 18% de 1990 a 2007. Pero ahora el salario neto estancado hará que la gente sienta que tiene el agua al cuello. El encarecimiento de la cobertura sanitaria de empresa agravará la contracción del salario neto.
De igual manera, el contrato social entre plantilla y patrono está modificándose. Tras la Segunda Guerra Mundial, muchas grandes empresas -- la IBM, la Kodak, el holding Time Inc. -- ofertaron puestos de trabajo seguros y bien remunerados a plantillas con formación profesional. El suyo era "un grupo de contratación especializado", en palabras del economista de la Universidad de California en Los Ángeles Sanford Jacoby. Nunca fue universal. Un "grupo de renovación" paralelo de empresas remuneraba con salarios bajos y registraba una renovación de plantilla elevada. Los mecanismos de protección laboral empezaron a derrumbarse durante la década de los 80; los expedientes masivos de regulación de la actualidad aceleran ahora el cambio.
"A causa de que los empresarios se enfrentan a incertidumbres mayores, están menos dispuestos a proteger del riesgo a la plantilla", dice Jacoby. "Se ha producido un cambio en el tamaño relativo de los dos sistemas de contratación: el grupo especializado se ha contraído, y el grupo de renovación ha crecido".
Aún así, los efectos más nefastos del elevado paro se registran sobre los parados. "Estamos creando una sociedad de dos velocidades", se teme el economista de Harvard Lawrence Katz. "Hablamos de una generación perdida de trabajadores jóvenes y de trabajadores desplazados". Los trabajadores jóvenes tienen más dificultades para abrirse una carrera profesional. Dado que muchas habilidades se desarrollan en el puesto de trabajo, los largos periodos de paro vaticinan menores ingresos a lo largo de su vida. Es el mismo caso de los trabajadores veteranos. Hasta cuando los que pierden un empleo estable encuentran trabajo nuevo, a menudo sufren una pérdida del 20% de los ingresos durante 15 años o más, según el economista de la Universidad de Columbia Till von Wachter.
Progresar es una parte capital de la promesa de América. El paro lleva por encima del 8% desde febrero de 2009; muchos pronósticos esperan que permanezca en torno a esa cifra hasta 2014 por lo menos. Nada parecido ha sucedido desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Agravará la precariedad laboral la cautela del consumidor, aplazará la recuperación y empeorará perversamente el paro? ¿Cuántos trabajadores se aferrarán a puestos de trabajo que desprecian porque no pueden encontrar otra cosa? ¿Alimentarán una reacción populista las frustraciones económicas? ¿A izquierda o a derecha? ¿Sabrán arreglárselas los líderes de América? En este Día del Trabajo, las preguntas están más claras que las respuestas.
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