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La demolición del Estado del Bienestar
No se está tratando de contener el Estado de Bienestar, sino de demolerlo
El sol de la opulencia popular se ha puesto definitivamente, y en este ocaso de lastimeras luces los inútiles lamentos no son sino un coro de aves aterradas que no encuentran el camino de regreso a sus nidos. Se dijo y se reiteró hasta la saciedad que esta crisis era una falsa bandera, que era inventada, que no había en ella ni una mínima explicación racional que la justificara, que no había siquiera un mal culpable de sus causas que llevar a los tribunales y que las grandes fortunas, las que no aparecen en Forbes, estaban tejiendo una red que nos iba a capturar todos en esta hora final. Y la hora ha llegado.
Entre esta fantasmagórica semiluz y semisombra del ocaso de los haberes y las posibilidades, de un promisorio futuro que parecía al alcance de casi todos, todavía los hay que no han despertado de su ensueño porque les quedan algunos reales en el bolsillo o algunas esperanzas en su delirio; pero la enorme bola de la demolición ya golpea impiadosa los escasos edificios de la opulencia que aún sostienen sus verticalidad, sembrando ya un desolador paisaje de pesadillas y ruinas. No es un desmantelamiento provisional para combatir una crisis que, en justicia y veracidad, jamás existió, sino una demolición en toda regla de todo vestigio de esperanza. Nuestros hijos, nuestros nietos, un día nos acusarán de haber sido demasiado estúpidos o demasiado ciegos, y no podremos sino callar y admitir que les robamos su futuro y lo malgastamos en una credibilidad infausta que regalamos a quienes no merecían fe alguna.
En la Constitución española ya se ha consagrado por instrucciones de quienes en realidad son nuestros dueños que somos esclavos de las deudas tramposas que produzca cualquier golfo que alcance el poder en España, y que nuestros derechos, nuestras posibilidades, nuestro futuro y el de los nuestros, quedará sometido al previo abono de los capitales que nos usurparon los nuestros para enriquecerse ilícitamente y de los intereses que los usureros internacionales quieran imponernos, convirtiéndonos a todos de facto en esclavos de quienes ni hemos elegido ni siquiera hemos votado. Habrá Educación si queda algo, habrá Sanidad si queda algo, seguirá faltando Justicia, habrá… lo que quede después de pagar a los miserables, si es que algo queda, que no quedará. Cada día habrá menos Sanidad, menos Educación, menos Libertad, menos Justicia –si es posible, que ya es difícil- y menos derechos. No todo sucederá de golpe, pero sucederá todo y a un buen ritmo.
Muchos lo dijimos, pero fue como predicar en el desierto. El poder sometido de nuestros dirigentes a los mandatarios anónimos del dinero, estrangularon las gargantas antes de que las gargantas pudieran negarse, creando 15Ms y otros movimientos que son sus movimientos y sus voces disgregantes, restándonos la fuerza antes de que las tuviéramos. Y nos acallaron los sindicatos, sus sindicatos, con sus silencios clamorosos y sus viajes de lujo por el mundo mientras los trabajadores sucumbían en el subsalario, el subcontrato o el desempleo. Y nos acallaron los partidos, parasitados de pillos que metían impunemente –que meten impunemente- la mano en la caja de todos porque el dinero público no es de nadie, según dicen, enriqueciéndose con los haberes sustraídos a todos con sus torcidas leyes y sus torcidas servidumbres mientras servían a nuestros enemigos.
El horizonte del porvenir no puede ser más siniestro. Consagrada en la Carta Magna la mayor estafa que se podría producir contra la ciudadanía en pleno, pocas caretas pueden quitarse ya los partidos políticos, no importa qué dulces palabras pronuncien o qué infames mentiras arguyan: el mal ya está hecho. Ya sabe el votante qué de izquierdas tiene el PSOE o qué de liberal el PP, brazos de la misma bestia que sirven al mismo cuerpo y obedecen al mismo amo. Ellos son, al final, el artificio que a la hora de la verdad ha funcionado al unísono obedeciendo la orden tajante de quienes controlan el presente y quieren controlar el futuro. Ningún interés de España hay en esa modificación consagrada, y ningún interés de la ciudadanía: ambos nos han traicionado. Y lo han hecho de la misma forma que antes se regalaron estupendos sueldos, VISAs oro, doradas jubilaciones o derechos de pernadas sobre los ciudadanos, entonteciéndonos con sus falsos mensajes de izquierda o de liberalidad que al final han sido los de la humillación de sus partidarios y los de la obediencia a la voz de sus amos.
Si alguien cree todavía que esta situación pasará en unos meses o unos años, que se pinche porque está todavía soñando. Ya advierte el BM y el FMI, las herramientas de los que no están en Forbes, que viene una crisis más grande que exigirá más sacrificios, y ya saben a estas alturas qué sacrificios son esos y quiénes habrán de hacerlos. Lo que viene, ya digo, es más tiniebla y menos luz: más eventualidad, más desempleo, más pobreza, más miseria, y menos derechos, muchos menos derechos. No nos dirigimos a ningún esplendoroso siglo XXI, sino a un peripatético XV con sus pestes y feudalismos, con su inquisitivo oscurantismo y sus horcas. La noche está llegando, y los hombres, los ciudadanos, traicionados por los nuestros, nos encontramos infinitamente solos, todavía con la resaca de una borrachera de poder que nos impidió comprender que no nos estaban regalando un presente, sino robándonos el futuro.
20N, vayan y voten.
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