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Tags: Opinión · Tribuna de opinión · Ángel Ruiz Cediel
Impuesto de sangre





Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 31 de agosto de 2011, 09:00
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Por Impuesto de Sangre se entienden demasiados sacrificios que los pueblos han tenido que hacer obligados por los Estados. Impuesto de Sangre era el que pagaban los cristianos por habitar y conservar sus costumbres cuando vivían bajo dominio musulmán, Impuesto de Sangre era el que abonaban en víctimas propiciatorias los pueblos mesoamericanos a los dominantes aztecas para ser sacrificados en honor de sus dioses, Impuesto de Sangre es el imponían los ejércitos conquistadores a los pueblos conquistados, Impuesto de Sangre es el que imponen distintas sectas satánicas a sus miembros para sacrificios rituales, Impuestos de Sangre es lo que ofrece el trabajador al Estado por su incompetencia y por el abaratamiento de los costos productivos, y, sobre todo, Impuesto de Sangre es lo que impone la elite dirigente a los países que no se someten a sus designios. Y no son bajos, precisamente, estos impuestos.

Nadie sabe con certeza por qué en Libia se abrieron de par en par las puertas del infierno. Si fue por una cuestión de estar dirigidos por un dictador, llegó tan tarde la acción que ya no era en absoluto creíble, y tanto más cuando el mundo en pleno está lleno de dictadores mucho más sangrientos que no han ocupado ni un solo instante en los planes justicieros de las potencias; si fue por defender civiles de las malas prácticas de su dictador, no se entiende por qué esperaron tanto, y, lo que es más, por qué no hacen lo propio con el cerca de centenar de déspotas y crudelísimos dictadores con los que las potencias hacen negocios cada día, ni aún por qué ahora no aplican los mismos principios para evitar que las tropas de que se han servido para derribar a Gadafi perpetren las atrocidades que se están verificando; y si es por una cuestión simplemente económica o de ventaja, por el botín que obtienen, que se prepare el mundo porque una nueva etapa ha comenzado y a partir de ahora valdrá todo.

Y ha de de ser por esta última razón por la que la siempre sanforizada conciencia de Occidente se ha movilizado, utilizando a sus ejércitos como punta de lanza y a los desheredados de esos países como matarifes. Ninguna de las otras razones se sostiene, y mucho menos que una docena de civiles haya sido asesinada, que fue la causa por la OTAN y los EEUU entraron a sangre y fuego en Libia. Todos los días se asesinan a miles de civiles, y no siempre por dictaduras sangrientas: también están los accidentes oportunos, las condenas convenientes, los atracos casuales y hasta los suicidios sospechosos en no pocas de las potencias occidentales.

Curiosamente hasta anteayer podía Gadafi poner su Jaima en los jardines de Washington o de Sevilla como si tal cosa, y hasta ser recibido por los presidentes de esos países anfitriones, quienes buenos negocios hicieron con él. Poco importó que sus agentes hicieran estallar un avión de la PANAM en Inglaterra o que de vez en cuando desvariara con la unificación de países que ni siquiera eran fronterizos: era el socio, el que tenía petrodólares y los usaba en comprar cositas en Occidente. Hasta que la cosa cambió, claro, los chicos de la CIA se encargaron de montar 15Ms por todos los países árabes (lo mismo que en España se ha hecho, no queda claro si por los servicios secretos españoles de Rubalcaba o por la misma CIA), enviaron a sus Seals bajo cobertura de disfraz carnavalesco ("los relojeros", los llamo en mi novela Tetragrammaton) y, matando lo mismo a manifestantes que a defensores de la legalidad local, ¡zas!, pusieron en marcha el reloj de la siempre beneficiosa guerra que tanto uranio empobrecido dispersa para no tener que ser almacenado, al tiempo que se quedan por el artículo 33 en sus guerras de conquista con los bienes de los países arrasados. Ya teníamos la evidencia de Afganistán (tierras raras, los archivos de En.Ki, diamantes y drogas) y de Iraq (archivos sumerios, petróleo, gas natural y tierras raras, además de la excelente posición geoestratégica necesaria para rapar las barbas de los ayatolás iraníes en un próximo futuro), y les fue estupendamente, de modo que han ido a por más, y dudo que pare ahí la cosa. Motivos humanitarios, los mismos que ahora con Libia, usaron las potencias para arrasar Afganistán e Iraq, y ya ven lo ricamente que están esos países: entregados sus pueblos al lujo y la molicie.

De lo que no nos enteramos en Occidente –porque no queremos-, es de lo que hay entre bastidores de esas barbaries perseguibles por el TPI, ese guiñol de la modernidad montado por el Señor de las Tinieblas para condenar oficialmente a quien le conviene que se sea condenado. Sarcocy tuvo que volar la semana pasada a Pekin para entrevistarse con Hu Jintao y dar alguna que otra explicación acerca de las tremendas matanzas que se están verificando en Libia, en los territorios liberados, según el argot de los invasores. Como en las mejores guerras civiles, vaya, y nada que desmerezca a Kosovo, Bosnia o Croacia, incluido su aspecto racial, porque ser negro en Libia hoy es un lujo que puede costar la vida. Matanzas en toda regla, además de la desaparición –contrastada- de miles de niños que han sido llevados a destinos no declarados por algunas de las potencias intervinientes. ¿Era ésta la bonanza de la intervención, la “protección de civiles” que defendía la OTAN?... Lo mismito que en Afganistán y en Iraq, ya digo.

Ya se sabe que las guerras civiles son particularmente cruentas por cuanto favorecen saldado de cuentas entre los contendientes; pero aquí la cosa está yendo demasiado lejos. Las atrocidades contra la humanidad, los delitos de lesa humanidad que se están perpetrando con el consentimiento de Occidente, a todos nos deja en muy mal lugar, probablemente para que tengamos algo más de reserva petrolífera o para degradar el imperio musulmán. Algo, definitivamente, huele a podrido en Libia, y me temo que no hay inocentes en Occidente y que los culpables, quienes han promovido, provocado y puesto en marcha el reloj de la guerra libia y todo este horror que cae como un baldón sobre la especie, no van a ser perseguidos por TPI alguno. Es más, tan contentos están con su impunidad que ya están babeando por Siria. Irán vendrá después (o al mismo tiempo), aunque China y Rusia ya están moviendo sus peones. Que se lo pregunten a los EEUU y que nos digan qué les pasó con el Minuteman que fue derribafo en pleno vuelo en el Pacífico hace apenas un par de meses. La cosa se calienta, quién sabe si porque los fríos del invierno que ya llega van a ser para tiritar… y no de frío precisamente. Por si acaso prepárese, porque es más que probable que no sólo Libia, Iraq o Afganistán tengan que pagar un Impuesto de Sangre por nuestro bienestar: también aquí los relojeros ya tienen orquestada nuestra revolución interior, y en cualquier momento puede comenzar a sonar el tictac que nos exija nuestro Impuesto de Sangre.

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