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Opinión
Etiquetas:   Ser o no ser  

«Que me sujeten»

Manuel Alcántara
Redacción
miércoles, 16 de marzo de 2005, 23:55 h (CET)
A todos les convenía que las aguas fecales volvieran a su cauce. El presidente Maragall deseaba pedir disculpas y Artur Mas ansiaba que se las pidiera para darse por satisfecho, retirar la querella y decir eso de aquí no ha pasado nada, pelillos a la mar y tan amigos.

A ver si vamos a tener un disgusto por una tontería de nada. Vamos a acabar haciéndonos daño y va a sentarnos mal el suflé en vez de tener una digestión plácida del 3 ó del 10 ó del 20%, que en eso es en lo único que discrepan tanto los que cobran como los que apoquinan.

Cuando ninguno quiere, dos no riñen. Amagan, pero no pegan. Ambos quieren que los sujeten entre varios, ya que no tienen la menor intención de abalanzarse sobre el otro. Entre fantasmas no hay que pisarse las sábanas.

El delatado escándalo de la corrupción ha quedado en nada. Todo estriba en saber desdecirse y para eso sólo es necesario acoplar al rostro parte del cemento que se ahorran en las obras. Donde dijeron digo quisieron decir Diego, pero Diego Corrientes.

Está de moda eso de retirar las palabras, como si ellas se dejaran. Pero a las palabras no siempre se las lleva el viento. Algunas permanecen en la memoria del aire. El presidente del Consejo de Estado, Francisco Rubio Llorente, se ha retractado a toda velocidad de su despropósito de 'comunidad nacional', convirtiéndose por ahora en el plusmarquista de la marcha atrás. Pobres palabras, de pon y quita.

Un gran poeta catalán, Salvador Espriu, dijo que «las palabras son horcas donde a trozos cuelgo la razón». No hay que nombrar la soga. Lo único urgente es olvidar y que nadie vuelva a sacar a colación el enojoso asunto, aunque Piqué proponga una ley de inmunidad para quienes denuncien la corrupción, a ver si se animan los extorsionados.

Lo único que ha sucedido es que al seny, que lleva una buena temporada ausente, lo ha reemplazado la 'omertá'.

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