|
Forlán, un mito
El Atlético ha tratado al uruguayo como si fuese un villano
Regateándole hasta el último céntimo. Así ha despedido el Atlético de Madrid a Diego Forlán después de vestir cuatro años la elástica rojiblanca. Muy propio de Enrique Cerezo, que es a la elegancia lo que Belén Esteban a la cultura. Dice el uruguayo que se marcha sin rencor, aunque motivos le sobraban si hubiera afirmado lo contrario.
Forlán jamás se declaró hincha del Atlético hasta el día de ayer. Quizá ese fue su error, no mentir y ser fiel a sus ideales. Muy pocos le entendieron cuando afirmó no ser rojiblanco de corazón, sino un futbolista más que juega donde le pagan. Y además lo hace bien. Los que se sintieron heridos le llamaron mercenario, como si eso fuera un insulto.
Después llegó esa guerra con Quique Flores que nunca nadie llegó a entender demasiado bien. ¿Cómo dos personas que pueden hacerse tanto bien entre sí terminan tan mal? Aquel conflicto terminó con la suplencia del uruguayo y el rechazo de la grada, que se puso de parte del entrenador. Pese a todo, Forlán jamás perdió la profesionalidad, aunque sí el estado de forma.
A su marcha del club deja un legado difícilmente superable por los arietes venideros: 96 goles, una bota de oro, una Supercopa de Europa y un gol que valió una Europa League. Solo cuatro años de rojiblanco le han servido para convertirse en el futbolista con mejor promedio goleador de la historia del club.
Ahora se marcha por la puerta de atrás, sin homenajes, sin aplausos, sin las muestras de cariño que sí se llevaron otros como Simao o Ujfalusi. Debe ser verdad que en el fútbol hay amores difíciles, y el de Forlán y el Atleti sin duda ha sido uno muy complicado. Quizá con el tiempo se echen de menos, aunque siempre podrán recordar los momentos bonitos que vivieron juntos.
|