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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Las víctimas no quieren homenaje

José Francisco Sánchez (Valencia)
Redacción
jueves, 17 de marzo de 2005, 16:41 h (CET)
Ni bucles negros en la solapa, ni crespones de luto. Con un instante ha sido suficiente: he podido ver, en no sé qué medio de comunicación, más allá de la mirada ausente de un familiar del centenar largo de inmolados hará un año para mayor gloria del Corán. Sostenía entre sus manos caídas una especie de informe e inútil objeto decorativo que, a modo de sideral talismán de jade, le habían entregado posiblemente las necrófilas Autoridades de turno para intentar exorcizar sus inevitables reflexiones políticas al respecto. He recordado maniobras de distracción semejantes en la imposición de medallas sobre féretros de policías, militares y guardias civiles. Como siempre, demasiado tarde y además, absurdo. Cualquiera diría que buena parte del interés social de las instituciones, incapaces de otra cosa, se concentra en intentar llevarnos, si es posible, hasta la inopia definitiva para poder seguir vegetando a nuestra costa.

¿Quieren saber lo que piensan verdaderamente las víctimas del fanatismo religioso? Pregúntenle directamente a cualquiera de ellas. No todas han sufrido lo mismo, ni todas son igualmente conscientes de la barbarie. Aunque no haya punto de comparación, pregúntele a mi hijo, sin ir más lejos. Reducido por la fuerza a sus seis años, maniatado, amordazado y mutilado en sus genitales para obligarle a profesar la fe mahometana, tiene ahora, sólo dos años después, una visión mucho más clara, realista, eficaz y expeditiva de cómo abordar algunos problemas que el mismísimo Gobierno, las Cortes y el Senado en pleno, con todos sus letrados, todas sus Comisiones y todos sus centros de mesa de porcelana bendita. No se les vaya a ocurrir ofrecerle al chaval ninguna geoda recordatoria con su plaquita alusiva grabada. Ni podría soportarlo, ni lo sabría apreciar. Si se atreven... pregúntenle.

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