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¿Cuál es tu feria?
En esos mensajes en los que las autoridades desean buenas fiestas a sus convecinos, esos que aparecen en los programas de revistas locales y que siempre parecen decir lo mismo, pero que en realidad se visten de ilusión semántica en cada verano, nos sirven para demostrar que el fin de un periodo vacacional llega y con él el comienzo de otro ciclo; leyendo o escuchando esos mensajes es donde nos damos cuenta de las ferias que hemos disfrutado, de las fiestas que hemos corrido, de las días de asueto vividos.
Tuve un primo que de niño contaba con los dedos de una mano las ferias en las que iba a disfrutar en un joven verano, estaba eufórico porque en aquel tiempo visitaría tres ferias, primero Almagro, luego Daimiel y después, Puertollano, la de sus padres, la de sus tíos y la suya propia; eso ocurría en un tiempo en el que las ferias eran de verdad lo más importante de nosotros y de nuestros pueblos y ciudades, eran casi como nuestras vacaciones de ahora, no un complemento a nuestra diversión, eran la diversión con mayúsculas, lo más esperado del año, más que tu propio cumpleaños que no siempre se podía celebrar.
El tiempo nos ha hecho visitar esas tres ferias y otras muchas por un motivo u otro y de verdad que de cada una te traerías, aparte de un buen recuerdo, un trocito de ella. Cómo no recordar aquella rebeca de estreno que te hacía ser casi un pequeño peluche, nunca mejor dicho, de feria, en tus primeros pasos, cómo no echar de menos aquella adolescente y nueva libertad de salir sola por vez primera con tu mejor amiga o con tu prima, o la manera en la que te organizabas el dinero extra regalado que te haría ser más o menos ahorrador de por vida, o el calor de la feria de día tan diferente a la feria de noche, con sus luces y misterios.
Cómo no recordar la alegría de tus padres, porque aunque tú los vieras mayores, en realidad eran muy jóvenes y para ellos también era su ilusionada y descansada feria.
Si tuviésemos que elegir una única feria, por supuesto que una mayoría elegiría la de la infancia y juventud que es donde tú ganas identidad año a año, donde maduras poco a poco, para vivir la siguiente feria que está por llegar. Cada cual defiende su feria, no valen competencias, ni siquiera entre pueblos vecinos pero a veces a lo largo de la vida aunque sientas cosquillas en el estómago cada vez que se acerca la feria de tu pueblo, no está de más quedarse con retazos de otras ferias que también nos llegan a la nostalgia y al corazón.
De mi feria me quedo con un granizado de limón servido por una señora con delantal blanco. De otras ferias cercanas y chiquitas, con los dulces y el madrugón de mi trabajo, de la mía, con los paseos en pandilla con mis amigas, de otras, con las subidas al tiovivo de mis hijos. De mi feria, con la transformación de las calles y plazas, con la gente, y de las otras, con el recuerdo de haber participado en ellas de muy diversas formas.
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