|
Dimesiones dialogantes
Si todo se supiera, si las dudas no existieran, el contenido de las COMUNICACIONES se tornaría insustancial. De qué y para qué hablar si no se aportaban novedades. Los diferentes puntos de vista ya no serían tales, la sustancia de las cosas ya se sabría de antemano. Se intuye lo aburrido de tal panorama, sin el sabor correspondiente de las controversias. Son características propias de otro mundo bien diferente, nada que ver con el actual. Al menos, dicha existencia, observada desde nuestra manera de experimentar la convivencia, resultaría curiosa.
Sin embargo, cuando aterrizamos en el discurso habitual, la variedad se impone, las dudas ejercen su reinado por todas partes, abundan los misterios y cada persona arrastra sus peculiaridades menos a la vista. Esa imagen variopinta se muestra en todo su dinamismo, como un hormigueo de actividad incesante. Se juntan por lo tanto el movimiento frenético con las inseguridades ocasionadas por las variaciones y por el desconocimiento. Uno no puede permanecer en la calma absoluta, que no sería de este mundo, como queda patente. La AGITACIÓN mental y física nos moviliza a través de un ambiente caótico, de permanente inestabilidad. De cómo se afronten dichas situaciones, derivarán precisamente las exigencias y dimensiones del diálogo.
En la intimidad, las personas se siente confundidas ante su destino. Siempre tiene cada uno en su corazón el aliento de su magia personal, de ser único, como un dios, habitante de sus propias ensoñaciones; al tiempo que tropieza con la realidad ardua, erizada de dificultades, con el enfrentamiento ante otros soñadores como él mismo. Las limitaciones son manifiestas desde los primeros años de vida; agravadas por el ajetreo diario, reproducen los errores e incrementan las insatisfacciones. Interpelados por ese mundo, las RELACIONES con el resto de la humanidad amortiguarán las penalidades o encenderán mayores hogueras de sufrimientos. Las buenas decisiones requieren una comunicación fidedigna, a partir de ella, las orientaciones de cada actuación serán determinantes. Si no se llama a cada cosa por su nombre certero, será lógica la falta de entendimiento. Ese diálogo iniciático será básico para el encauzamiento existencial.
Cuando los pareceres no se contrastan con sinceridad, las figuraciones de las ensoñaciones se consideran fácilmente como ideas firmes. Estaríamos ante unas ALIENACIONES de alcances posteriores imprevistos. La vivencia personal o de un grupo de personas se cerró al diálogo con otras maneras de apreciar las circunstancias de la vida. La cerrazón establecida impedirá la detección de la gran diversidad acompañante. El círculo queda cerrado en el interior de ciertas cabezas. ¿Cuántas ideas de patria o pueblo se alienaron por derroteros con estos estilos? ¿ Y con qué consecuencias? También ocurre con cualquier otra creencia. Bien estará la creencia de una persona en un concepto, un sentimiento, un dios o una novedad fantasiosa; la alienación surge cuando ya no la viven como una creencia, sino como una verdad absoluta. En los manejos artísticos es evidente la frecuente pérdida del buen juicio, lo vemos cuando no se detienen en la manifestación de un parecer personal y pretenden sentar la opinión universal sobre una obra artística; prescinden de la valoración como esperpento bajo el criterio de otras personas. Detrás arrastran cuantiosos presupuestos, silenciamientos y componendas. En especial, porque ni unos ni otros establecen la definición de lo que es arte.
Es importante el intercambio de ideas, sea en referencia a los hechos que se creen contrastados o se refieran a los sentimientos particulares. Es la manera de aliviar aquella pérdida de sentido alienante dominada por la cerrazón. Cada cosa en su sitio, con el respeto requerido hacia las peculiaridades. Esas clarificaciones son necesarias, porque si no se debate, nos invaden los FANATISMOS; bien por que se dan como seguras afirmaciones sin fundamento, sea por ocultamiento de datos o por el simple afán de dominación. Abundan en los diferentes ámbitos sociales, con frecuencia son aplaudidos por unos seguidores sorprendentes, que sufren a la vez su acoso. ¿Por ignorancia? ¿Por pereza? Conforman unos comportamientos que anulan las experiencias personales; como un implacable “colonialismo mental”, que impone a los confiados unos conceptos o actitudes arbitrarios. Cuanto menos diálogo, se incrementa la posibilidad del engaño. La armonía social exigiría la integración participativa del conjunto de individuos; esa expresión que el fanatismo aplasta. El campo abierto es imprescindible para este intercambio.
El muestrario de los errores no se acaba nunca, está lleno de abusos; Con una terca tendencia a la imposición ejercida por los poderosos de turno. Pretenden convencernos de unas certezas que no son tales. Al final, topamos con los fanatismos vestidos con los ropajes que les convengan, ideológicos, tramas institucionales, tergiversación de datos o simples falsedades. Escribió Gilbert Durand, “Deben revisarse nuestras definiciones sectarias de la verdad”. Ahora bien, no basta con la protesta, como pasa con los “indignados”, se precisa la suficiente imaginación para ser creativos, para la práctica de una DIALÉCTICA superadora; en ella resulta básica la transparencia, sin obstáculos para cada persona, sin tapujos ni silencios obligados. La denominan también “dialéctica vengadora” de los desmanes previos. Aunque la venganza alerta sobre los nuevos manipuladores que acechan como una plaga. Siempre surgen nuevos voluntarios para suprimir el diálogo franco.
Por eso, la comunicación aperturista evitará la usurpación fraudulenta de los protagonismos. Existen cartas marcadas por ciertos determinantes naturales. El universo o la genética imperan con escasas concesiones. También actuan como determinantes ciertos factores sociales, avances técnicos o planteamientos elaborados en las tareas de convivencia. Son muchos los factores ineludibles; tantos, que pudieran parecer los únicos. Al mismo tiempo, observamos que esos forzamientos no impiden los brotes de los ESTILOS PERSONALES, mantenedores de cierta capaciadad decisoria. Observamos como las ínfulas de absolutas, se desvanecen con el tiempo a la menor comprobación. El diálogo trabaja para la pervivencia de esos estilos, sin predominios necios e injustificados; menos aún permitirá la eliminación de esos brotes con sus dimensiones. Lo resumo con este Indriso:
Dimensiones del diálogo
Al sentir el símbolo de Tindaya
nacido en la oquedad de la montaña,
la oscura celda ofrece claraboya
para entrever la deseada cucaña.
En busca de la indicadora boya,
eliminada cualquier artimaña,
el diálogo traspasará la raya,
porque ante ningún contrario desmaya
|