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Etiquetas:   A cara descubierta   -   Sección:   Opinión

Ciencia, mercado y democracia

Diego Taboada
Redacción
martes, 15 de marzo de 2005, 02:05 h (CET)
Hoy tuve un sueño: el fanatismo científico marchaba por las calles a paso militar, entraba en las universidades y quemaba los libros "no científicos". Los escritores, poetas, teólogos, políticos y músicos eran confinados a un barrio tapiado, en ambos extremos, por altos muros de ladrillo... para ser ejecutados posteriormente. No eran "útiles"

Si Auschwitz fue la venganza de la "pasión" contra la "razón", este simbólico sueño-pesadilla representa lo contrario. En nuestra cada vez más competitiva sociedad, el conocimiento es un factor clave para sostenerse, de la misma forma que lo es la información; quien informa puede, al mismo tiempo, "crear" opinión pública... y seleccionar la realidad observable.

Monopolizar la selección -agencias de noticias- y difusión de la información, la gestión, la producción y los centros de decisión de futuras políticas macroeconómicas, son objetivos clave para sobrevivir en la competitiva red global , obejetivos en los que los estados no cuentan sino como garantes, como legitimadores de tal dinámica. Sólo los "preparados" que concuerden ideologicamente en el "proyecto global" del neoliberalismo, reunen las características idóneas : a nueva sociedad, nuevo lenguaje; a nueva sociedad, nuevo hombre.

En el lenguaje de los "preparados", las élites de gestión interna de las empresas, e incluso sus representantes en los "grupos de interés" del parlamento, se han intentado borrar todos los referentes que ellos consideran ya "antiguos" y que caracterizaban el lenguaje de la modernidad :
clase, nación, estado, pueblo,capital, trabajo... son ya términos "caducos"
e inservibles, incluso peligrosos, debido a la carga histórica, afectiva e ideológica que los caracteriza. Mientras se intenta llevar a cabo el proyecto de una sociedad economica, informatica e ideologicamente cohesionada, los actores sociales que están excluídos de ella, siguen, o bien despistados, o bien despolitizados, o bien amarrados a los "antiguos"
términos. Incluso en los telediarios, los referentes clase, nación, trabajo, estado... brillan por su ausencia. No es algo casual.

Una sociedad planificada de tal manera, no sólo exige un nuevo lenguaje, además necesita un tipo ideal de individuo, y una read global de prensa afín a las nuevas ideas, al mundo que está por venir. El conocimiento científico es de vital importancia para mantener el proyecto neoliberal (para ser honestos, no daremos a la economía ni a otras ciencias, el status de tales), en una economía interdependiente y liberada de las ingerencias del Estado, se necesitan individuos con capacidad de "previsión", atentos a los movimientos y fluctuaciones, no sólo del capital financiero, sino de los cambios sociales y políticos que auguren una buena expectativa para la inversión : abogados, sociólogos, economistas... deben preparar el marco jurídico, social y económico : asesorar a la "racionalidad" del mercado.

A la distancia palpable entre representantes y representados, se le suma cierto principio de autoridad consistente en sacralizar la opinión del científico, del "especialista"; no es de extralar, pues, que surjan términos contradictorios como "desarrollo sostenible" entre la comunidad científica, términos que funcionan como laxante mediático, como eufemismo, pero que están lejos de ser la solución práctica para el problema ecológico : la solución no puede obedecer, en este caso, a criterios de "cientifidad", sino a criterios "poloéticos" -en terminología de Fernández Buey-. No sólo no es posible mantener el mismo desarrollo sin futuras crisis, tampoco lo es la concepción neoliberal de desarrollo -económico- con el sustentivo de la "sostenibilidad".

Nos hemos equivocado queriendo dotar a la cie3ncia de virtudes mágicas para la resolución de todos nuestros problemas; que lo que hoy llamamos "criterio científico" lleva una carga de "auctoritas" para legitimar decisiones tomadas, a priori, racionalmente, es indudable. Ahora, habría que preguntarse hasta que punto son racionales las continuas deslocalizaciones de infraestructuras y las reducciones de plantilla, en nombre de un hipotético comportamiento natural del mercado. Así como la constante contradicción -y desproporción- entre el "crecimiento económico" y los índices de paro y trabajo temporal. ¿A quien favorecen, pues, las hipotéticas leyes del mercado?.

La absorción del conocimiento científico, y de las patentes tecnológicas, por el interés individual de los agentes económicos, es un hecho a discutir y valorar en el agora público. Existen medios suficientes para interiorizar estos problemas en el demos, otra cosa es que haya voluntad política o interés para ello. Cosa dudosa, puesto que ni a la clase política, ni a los grupos de interés, les interesa que la "gens" se involucre en demasía en el debate político.

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