|
La autoridad en la Iglesia
Los debates de hoy para quitar la escoria que ensucia a la Iglesia deben hacerse a la luz de la Palabra de Dios, no de la Tradición.
El 31 de octubre de 1517, Martín Lutero, el reformador alemán, clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg las famosas 95 tesis. El motivo de difundir el documento no fue fundar una nueva iglesia, sino reformar la católica de la que formaba parte. Las tesis eran temas de discusión que afectaban al buen funcionamiento de la Iglesia. Los debates debían llevarla a la sencillez del cristianismo apostólico y a su pureza doctrinal. El resultado fue rechazar los temas objeto de discusión. Condujo a la excomunión de Lutero, con el resultado de que la Iglesia se dividió. Rotura que sigue existiendo a pesar de que unos pocos obispos y sacerdotes anglicanos hayan vuelto al redil de Roma.
Enrique Sánchez Costa, profesor de Filosofía de la Educación de la UIC, en su escrito Voluntad y esfuerzo, publicado en La Vanguardia, escribe: “Si el Mayo del 68 sepultó el prestigio de la autoridad (ya mermada por la Reforma y la Ilustración), el relativismo postmoderno también realiza su tarea de derribo”. Lutero no pretendió socavar la autoridad de la Iglesia, sino purificarla de sus corrupciones y substituirla por la de la Palabra de Dios que nunca debió abandonar.
Después de comparecer ante el emperador Carlos V en la Dieta de Worms y sin retractarse de sus creencias, Lutero fue ‘secuestrado’durante un año y ocultado por el Elector de Sajonia en su castillo de Wartburg. Durante su reclusión forzada para evitar ser asesinado, Lutero no se quejó de su mala suerte. Dedicó el año sabático impuesto en traducir la Biblia al alemán. Es por esto que a los 60 años del invento de la prensa con tipos movibles por Gutenberg, publicó la Biblia traducida al alemán. Con el abaratamiento de costes que representaba el invento y las circulación masiva de libros, puso al alcance de los alemanes la Palabra de Dios que hasta en aquel momento solamente unos pocos eruditos podían leerla en latín, con permiso expreso de la Iglesia. Con la difusión de la Reforma por Europa, los reformadores nacionales se preocuparon de que la Biblia estuviese al alcance de la población traducida a las lenguas vernáculas. Un amplio sector de europeos sustituiría la caduca, corrompida y esclavizadora autoridad papal por la liberadora y enaltecedora autoridad de la Palabra de Dios.
La cita ”la Iglesia siempre reformándose” sigue siendo vigente. El ser humano no ha perdido un naturaleza corrupta y prostituye todo lo que toca. La Iglesia en su expresión de iglesias locales no puede evitar que el error intente colarse en su seno, consiguiéndolo en diversas ocasiones. Para evitar que la corrupción espiritual y moral alcance las proporciones obtenidas en el siglo XVI, gracias a la misericordia divina tenemos a nuestra disposición, para leerla y meditarla la Palabra de Dios en nuestro propio idioma, que, como plomada descubre los desvíos doctrinales y morales para que podamos corregirlos antes de que adquieran las proporciones alcanzadas al inicio de la Reforma.
Quizás al lector de este escrito se le haya enseñado a obedecer sin reflexionar la enseñanza religiosa que imparte su iglesia. No es este el sentir del salmista que deja escrito: “Lámpara a mis pies es tu palabra, y lumbrera a mi camino” (119:105). Si acudimos al Nuevo Testamento, el apóstol Pablo expone esta joya literaria que pone encima del podio el inmensurable valor de la Palabra de Dios, escribiendo a su discípulo Timoteo: “Pero persiste en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quien has aprendido, y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda obra buena” (2 Timoteo 3:14-17). ¿Qué autoridad se prefiere: la del Papa o la de la Palabra de Dios? La venta de indulgencias que motivó a Lutero a publicar sus 95 tesis sigue siendo vigente
|