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Luz u oscuridad

El imperio de la mentira indica que somos hijos del diablo el padre de la mentira
Octavi Pereña
martes, 16 de mayo de 2017, 00:08 h (CET)
Victor Kubik es su escrito Putin i Rusia que pugna por el poder, citamdo a The Economist dice que Vladimir Putin, presidente de Rusia “encabeza lo que denomina mendocrazy (Democracia apedazada), una sociedad gobernada por mentirosos”.

El Roto, en una de sus viñetas presenta a un hombre ante muro muy alto y negro que por sus extremos se alargan hasta el infinito, dialogando consigo mismo, diciendo: “Tranquilo vivimos en la era de las comunicaciones”. “Sí, menos mal”. Quizás el lector se preguntará que tiene que ver la mendocrazy de The Economist y el descomunal muro negro de El Rato. La mendocrazy está relacionada con la mentira y esta democracia apedazada está encabezada por Putin. Putin no es el único embustero, es la cabeza de una sarta de mentirosos que apedazan la Democracia sin darle brillo. Una carretera con la finura del asfalto salpicada por infinidad de parches, es muy fea. Así es la Democracia parcheada por la mentira.

La mentira se opone a la verdad. Jesús descubre la paternidad de la mentira cuando dice a los religiosos que le interpelaban: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo…y no se mantuvo en la verdad porque en él no hay verdad. Cuando habla la mentira, de suyo habla, porque en él no hay verdad” (Juan 8: 44). Jesús que es la verdad dice a los religiosos que trataban de confundirle: “Y a mí porque digo la verdad, no me creéis” (v. 45). Las palabras de Jesús denotan el enfrentamiento entre Dios y el diablo. Entre la verdad y la mentira. Entre la luz y las tinieblas. Dos extremos que jamás se encuentran.

En Jesús “estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1: 4,5), palabras que evidencian el abismo infranqueable que separa la verdad de la mentira, la luz de las tinieblas. La luz y las tinieblas que tratamos en este escrito nada tienen que ver con la materia. Es una cuestión estrictamente espiritual Antes he citado las palabras de Jesús: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo…Cuando habla mentira de suyo habla, porque en él no hay verdad”. Ahora que nos encontramos en la era de la posverdad, con Putin encabezando “una sociedad gobernada por mentirosos”, debemos abandonar el concepto de diablo como bufón que nos divierte con sus payasadas en los pastorcillos navideños o en los pasacalles lúdicos. El diablo como padre de mentira que es, desea que lo veamos así para que no nos enfrentemos a él con el poder de Dios para que huya de nosotros y nos deje en paz.

Por concepción biológica todos nacemos teniendo el diablo como padre espiritual. Es muy posible que el lector piense que exagero demasiado. Si tenemos los ojos bien abiertos y sin prejuicios observamos lo que sucede a nuestro alrededor, nos daremos cuenta que la mentira que se manifiesta por doquier se atisba a partir de la más tierna infancia, sin necesidad que a los pequeños se les enseñe a mentir. ¿No es una evidencia bien clara que todos sin distinción venimos a este mundo siendo hijos del diablo, nuestro padre espiritual? Ante esta evidencia irrefutable, el apóstol Pablo a los efesios que se habían convertido a Cristo, les escribe: “Porque en otro tiempo eráis tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor, andad como hijos de luz” (Efesios 5: 8). El creyente en Cristo es eternamente salvado. Por la fe en Jesús se convierte en un hijo de Dios, filiación que no puede perder. Todos sus pecados han sido borrados por la sangre de Jesús. Esto es una certidumbre que da confianza total al creyente. También es verdad que todavía no es lo que será. La plena salvación se obtendrá en el día de la resurrección, cuando el pecado será definitivamente extirpado de su vida y el diablo, con todas sus artimañas, lanzado a las profundidades del infierno sin posibilidad de seguir tentándolo con sus embustes. Siendo así la cosa, debemos seguir enfrentándonos al diablo con el poder de Dios. El apóstol Pablo recomienda a los cristianos de Éfeso y con ellos a los cristianos de todos los tiempos hasta la venida gloriosa de Jesús: “Porque no tenemos lucha contra sangre ni carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6: 12).

Como puede ver el lector que no desea seguir viviendo en las tinieblas espirituales que le envuelven y dejar de ser un mentiroso empedernido, tiene que luchar contra un enemigo que no es una filosofía, sino una persona espiritual de extremada maldad que comparada con nosotros es infinitamente superior en poder. El consejo apostólico es: “Tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (v.13). Es una lucha espiritual parecida a la que sostuvo el adolescente David con Goliat, al que venció fortalecido por el poder de Dios. Nosotros también seremos capaces de vencer a nuestro gigantesco enemigo fortalecidos por el poder del Señor. Con la victoria nos despojamos de la mentira, expresión de las tinieblas espirituales para empezar a andar por un camino nuevo iluminado por Jesús, la luz del mundo.
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