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Tags: Opinión · Columna de humo · Pedro de Hoyos
Berlusconi, ejemplo para España, oportunidad para Castilla





Pedro de Hoyos Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
martes, 16 de agosto de 2011, 09:20
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Conste que amo a Italia. Me encanta su gente, su cultura y su idiosincrasia, tan parecida a la nuestra y bien distinta de la centroeuropea. Berlusconi es sin embargo un indigno representante del país, un putero con pedigrí, con tendencia a la pedofilia. Desconozco lo que el italiano medio pensará de él, aunque muy contento del legado económico seguramente no está. Me sirve un tanto de orientación saber que los propios vecinos echaron del piso a las putillas presidenciales para ahorrarse la indignidad. En España las habría contratado Telecinco para su “Sálvame” o Antena 3 para su “Física o Química”, su éxito social sería arrollador y las niñas verían en ellas un espejo en el que mirarse.

Sin embargo Berlusconi ha agarrado el problema de la crisis por donde debía, si bien con un retraso de años, algo de lo que también en España sabemos bastante, y sentándose en la presidencia del Consiglio ha ahorrado a su país miles de millones. De un plumazo ha suprimido 34 provincias, fusionado 1.500 ayuntamientos y eliminado miles de cargos públicos. Un ejemplo para España.

España tiene más ocho mil ayuntamientos, muchos de ellos con una cantidad ínfima de habitantes. Las Diputaciones provinciales realizan un papel de proximidad al ciudadano muchas veces imprescindible, pero otras veces asumido o fácilmente asumible por las autonomías. Éstas a veces duplican tareas que ya ejecutan dichos organismos provinciales o el mismo Estado. Los poderes regionales suprimen camas de hospital y consultas médicas mientras dilapidan miles de millones en televisiones deficitarias o costosas embajadas que no dejan de ser una grandilocuente y carísima amenaza de separatismo.

Convendría poner orden en todo esto. Ese orden supondría claridad y rapidez en el funcionamiento de las instituciones y economía para el ciudadano. El ejemplo del Defensor del Pueblo español unido a otros 17 defensores regionales que alguien ha ofrecido en la prensa es claro y contundente.

En Castilla vivimos todos estos problemas, el de los excesivos núcleos habitados a los que hay que llevar médico, maestros, correo, agua, recogida de basura, el de las Diputaciones provinciales cuyas competencias se solapan con otras Administraciones y el de múltiples administraciones regionales en las que absurdamente se dividió a Castilla para contentar a los nacionalistas, de cuyo apoyo se necesitaba para aprobar la Constitución. Castilla fue dividida en cinco Administraciones, multiplicando por cinco los presidentes, Gobiernos y gobiernillos, Cortes, parlamentarios, Defensores del Pueblo y un largo etcétera.

Se inventó una Castilla-La Mancha, de la que se separó a Madrid, ¿por qué?, a Cantabria y a La Rioja se las arrancó de la Castilla de la que habían formado parte históricamente. Todo porque se propagó interesadamente la idea de que entre el Franquismo y Castilla había una íntima relación –Castilla parecía ser culpable del Alzamiento y de la guerra civil, como si en Andalucía, Cataluña o el País Vasco no hubiera habido franquistas- de la que había que huir como fuera.

Es el momento de devolver las cosas a su ser natural, las circunstancias económicas nacionales e internacionales impulsan un raciocinio en el discurrir político. Castilla es una y no cabe sacarse de la manga una Castilla La Mancha ni una Castilla La Alcarria como sería absurda una Castilla La Tierra de Campos. Al nacionalismo separador puede no interesarle una Castilla influyente con 17 provincias que tenga en Madrid un poderoso centro económico, cultural y político pero a los castellanos desde luego les interesa. Por cierto, ya de paso, a España también.

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