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Jóvenes y multitudes
Nos dice Fernando Savater que “lo que caracteriza a la juventud es que siempre está de moda”, y es que, si es verdad que es una enfermedad que se cura con los años también “es una etapa atrayente, animosa y vencedora” como nos dice Rubén Darío. Es una época en la que todo puede ser realidad, amparada en la propia rebeldía.
Habitualmente a los jóvenes se les considera apáticos y pasotas; sin embargo, pienso que en sus manos tienen el destino de lo que quieren hacer en el mundo, ellos pueden modificar el mundo, no el mundo que les dejamos, sino el que ya tienen en sus manos para modificarlo o para darle la vuelta si así lo creen conveniente.
Es lo que ocurre con la manifestación de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebra en Madrid este verano, con el telón de fondo de las palabras de Juan Pablo II, pionero de estas jornadas juveniles que se empeñan en celebrar cada tres años en un país del mundo diferente para proclamar la fe y el camino de Jesús: “La humanidad entera tiene una necesidad imperiosa del testimonio de jóvenes libres y valientes que se atrevan a andar a contracorriente y a proclamar con fuerza y entusiasmo su propia fe en Dios”.
Si la juventud lo puede todo, bien pueden embarcarse en cualquier empresa con toda la fuerza que la edad les da; dicen que no saben lo que quieren, aunque saben muy bien lo que no quieren, eso nos recuerda a un movimiento también muy juvenil y actual, el 15M que está gestando también valientemente sus ideales. Respeto para unos y para otros, pues respetando lo que hay que respetar es como deseamos todos que se celebren estas jornadas de jóvenes en la fe.
Si los jóvenes se juntan para hacer deporte en diferentes pruebas y competiciones internacionales, por qué no hacerlo por este motivo. Si los jóvenes se reúnen en torno al alcohol como maestro de ceremonias y se les permite, por qué hacerlo por este motivo. Si la música convoca a multitudes, por qué no reunirse por este otro motivo. Si se corta una calle o se para un país porque gana un equipo de fútbol, por qué no se puede hacer también con este motivo. Y si tienes la suerte o desgracia de vivir cerca de un estadio de futbol o de una plaza de toros, o tu barrio o ciudad es presa de multitudes de cualquier edad, por qué no se puede ser tolerante aunque no festejes lo que otros festejan sin hacer daño a nadie, sólo hay que pensar que hay espacio para todos en el país de la tolerancia.
Es cierto que los jóvenes son amigos de las multitudes para las fiestas y para todo, no vean cómo coleccionan amigos en las redes sociales, multitud de amigos y a lo grande. Así se comunican, se unen en multitudes para reír y para llorar, para soñar y para divertirse y a veces también para armar gresca o para organizarse. A los jóvenes, no hay duda, les gustan las alegres y modernas multitudes.
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