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En Valencia resulta caro indignarse
Las multas de la indignación
Aunque los llamados indignados, lo estamos todos, han abandonado las plazas de las ciudades de España permanentemente el movimiento sigue, la indignación de la ciudadanía aumenta y más tendrá que aumentar cuando, según todos los pronósticos, a partir del 20-N Mariano Rajoy acompañado de un nutrido grupo de sus conmilitones asiente sus posaderas en la bancada azul del Congreso de los Diputados y es que algunos de los que votaron al PP en las últimas elecciones ya comienzan a apuntarse al bando de la indignación como las viudas de Castilla-La Mancha que ha visto mermada su pensión de viudedad o los habitantes de las Baleares que ven cómo nada más tomar posesión del mando en plaza los de la gaviota han iniciado los recortes en prestaciones básicas como la sanidad o han enviado su particular Séptimo de Caballería para sitiar y atacar la lengua catalana en la comunidad isleña. Es un aviso de lo que se avecina.
Pero no vayan a creer que es sólo el PP quien hace aumentar el número de indignados, también los de la rosa marchita y el puño flácido de la socialdemocracia quieren echar su cuarto a espadas en indignar a la gente para no quedar por debajo de los colegas de la gaviota carroñera y en Valencia han comenzado a aparecer los primeros rastros de venganza contra los indignados que se atrevieron a rebautizar la plaza mayor de la ciudad mientras acampaban en la misma y desde la que salían cada día en laica procesión para mostrar su protesta ante los bancos que llenan la calle de Las Barcas, el Wall Street valenciano. Nunca se les debía haber ocurrido invadir con sus protestas los sacrosantos lugares del capitalismo, esos bancos que cuando no tienen dinero acuden corriendo a refugiarse bajo el ala amparadora de “papá Estado” que, con nuestros impuestos, mitiga sus necesidades de efectivo.
Desde la Delegación del Gobierno de Valencia se ha notificado a una decena de personas que de acuerdo con la Ley de Seguridad Ciudadana han sido multados con 601 euros por alterar el orden público aunque entre líneas se puede leer que en realidad la multa ha sido por invadir los templos del dinero, los bancos. La señora Botella, Delegada del Gobierno de España en tierras valencianas, se ha sentido magnánima y ofrece a los sancionados la posibilidad de aceptar la multa administrativa sin más, olvidarse de recurrir para que los abogados institucionales no tengan que trabajar más de la cuenta y todo ello por el módico pago de 301 euros. Cuando las arcas estatales están en crisis sus sesudos responsables han encontrado una nueva forma de hacer caja como es la de multar a los indignados.
No creo que las multas se paguen, estoy seguro que todas serán recurridas y muchos de los sancionados deben ser mileuristas o personas que son un número más en las estadísticas del paro por lo que difícilmente podrán pasar por la caja de la Delegación del Gobierno para abonar los 301 euros, ese solitario euro me recuerda a las condenas penales de diez años y un día, yo les recomendaría a los multados que intenten declararse insolventes, al fin y al cabo si un delincuente como Javier de la Rosa ha conseguido la insolvencia pese a tener barca y chalet en Cadaqués ellos lo van a tener más fácil a no ser que sean de aquellos con suerte que tienen una nómina oficial ya que de ella sin perdón les serán descontados los euros de la sanción.
La autoridad incompetente, es decir la que está al mando del país, sigue haciendo méritos para cabrear al personal y presta toda la ayuda necesaria a la visita de un Jefe de Estado que viene, seguramente, para reñirles por llevar a España al laicismo y a las almas buenas del catolicismo a la ruina con tanta ley permisiva como la de los matrimonios homosexuales y la de interrupción del embarazo, que ellos llaman del aborto mientras pone todas las trabas imaginables para que quienes verdaderamente tienen motivos para mostrar en las calles su cabreo se queden tranquilos en casa sin montar alborotos callejeros.
Creo que si los indignados valencianos se hubieran quedado tranquilos en la plaza no les hubieran llegado las multas de la Administración, pero cada día más los poderes públicos están a lar ordenes de ese ente difuso y desconocido llamado “los mercados” y que no es otra cosa que toda una serie de especuladores que con sus teje manejes mueven los hilos de esos títeres en los que se han convertido los Gobiernos mundiales. Se puede permitir acampar en las plazas, al fin y al cabo no eran ningún peligro los que en ellas estaban, pero para las autoridades es completamente indignante que se ponga en solfa el sistema invadiendo los bancos, hasta ahí podíamos llegar, al fin y al cabo los dos grandes partidos políticos deben dinero, y mucho, a los bancos y estos no suelen agobiarles para que devuelvan los prestamos como a cualquier ciudadano, por tanto tiene que funcionar el viejo “do ut des” de los romanos, te doy para que me des. Y estas multas son simplemente un toque de aviso para futuros indignados y como dice la canción “toito te lo consiente menos que invadas el banco”.
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