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La Habana: un viaje a los cincuenta

Daniel Paredero Oliveira
Redacción
domingo, 8 de mayo de 2005, 04:43 h (CET)
Gente en calles oscuras, coches antiquísimos, edificios apuntalados, sonrisas, felicidad, saludos y necesidad; le añadimos abundante hielo picado, un buen chorro de ron Havana Club y posteriormente removemos. ¿Qué obtenemos? ¡La Habana!

Cuba es un país de obligatoria visita para todo aquel español que tiene gran curiosidad por conocer el pasado de su nación; en la última colonia española se puede encontrar un gran trocito de España, que parece ser que no ha conseguido una felicidad estable desde que el colonizador partió.

José Martí, Estados Unidos, Fulgencio Batista, revolución y Fidel Castro; esas pueden ser las palabras que mejor definen la historia de Cuba durante los últimos cien años, pero si queremos apreciar esos rasgos en la actualidad, podemos decir que los cubanos viven una realidad revolucionaria que ya quedó anticuada en 1959 con su propio triunfo y el ascenso al poder de Fidel Castro.

Revolución, 45 años después
Han pasado ya 45 años desde que Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos entre otros, hicieran que Cuba quedara libre del gobierno represor de Fulgencio Batista. (FOTO CHÉ GUEVARA)

Hoy en día todavía nos damos un paseo por la ciudad, veremos carteles que conmemoran el acontecimiento, además del intento de inculcar una cultura totalmente revolucionaria a los habitantes de la ciudad en particular y la isla en general, apreciamos carteles como: ‘Fidel, Padre de la Revolución’, ‘Camilo vive en la Revolución Cubana’, ‘En cada barrio, una Revolución’...

Menos política y más alegría
Los habaneros y habaneras guardan en silencio su erosión política y revolucionaria, a cambio mucha música, cerveza y baile; para cualquier turista es increíble ver la acogida de la isla a cualquiera de los turistas, fundamentalmente si son de origen español.

La noche es uno de los mejores momentos para vivir Cuba, precios asequibles y ambiente muy agradable, eso sí, hay que tener cuidado en ser excesivamente generoso si no se quiere tener a media ciudad detrás para que invites a mojitos y cervezas. Se recomienda abiertamente acudir a la casa de la música de Miramar, y posiblemente las mejores orquestas del país sean ‘Los Van Van’ y ‘Pedrito Calvo y la Justicia’.

Mi mojito en la Bodeguita, mi daiquirí en el Floridita
Para combatir el asfixiante calor de la ciudad, lo mejor es acudir a los conocidísimos combinados que se ofrecen en los dos famosos restaurantes de la ciudad: la Bodeguita del Medio y el Floridita.

La historia, y algunos veteranísimos camareros de la Bodeguita y el Floridita, dicen que Ernest Hemingway, el popular escritor norteamericano, pasaba horas en los dos locales bebiendo mojitos y daiquirís. Ambos restaurantes han perdido el encanto puramente cubano de antaño, porque han sido invadidos por los turistas, pero es muy recomendable la Bodeguita por su bebida y su cocina; cubana de calidad y bastante económica; no podemos decir lo mismo del Floridita, si el presupuesto es escaso, mejor limitarse a tomar un solo daiquiri, los precios son prohibitivos.

Un Capitolio habanero
Quien piense que el Capitolio solo está en Washington está muy equivocado, los cubanos no pueden ser menos y tienen una réplica exacta del modelo estadounidense, si no fuera por los coches que rodean la construcción y por la anticuada tecnología del interior, serían auténticas réplicas, eso sí, la bandera de Estados Unidos no ondea en La Habana. Se recomienda hacerse una foto a los pies del edificio, hay un grupo de cubanos que toman tu imagen en cámaras de más de cien años de antigüedad, por solo un peso convertible.

Tras la salida del Capitolio y al haber visto ya La Habana vieja, qué mejor destino que el Museo de la Revolución, situado al final del Paseo del Prado, frente al Malecón, allí podremos ver el ‘Granma’ barco en el que Fidel Castro llegó a Cuba desde México para iniciar la revolución.

En el Malecón podremos ver una extraordinaria vista de toda la bahía de la Habana, solo mejorable a la vista que podemos tener a la llegada de nuestro vuelo desde Madrid al aeropuerto internacional José Martí.

Todos los días a las nueve de la noche, en el Castillo del Morro de la ciudad, se produce el ‘cañonazo de las nueve’, un espectáculo digno de visitar que representa el cierre de las puertas de la isla a los barcos, una medida muy útil durante el siglo XIX, pero que hoy en día no tiene sentido, aunque es de un grandísimo atractivo turístico.

El alojamiento y el transporte
Como ya se ha señalado anteriormente, para llegar a Cuba es necesario partir en avión desde Madrid, eso sí, si se viaja desde España. Una vez en el aeropuerto José Martí, lo más recomendable es coger un taxi, eso sí, nunca pagar más de veinticinco pesos convertibles; en algunas ocasiones el taxista nos intentará subir el precio, es recomendable negociar antes de partir.

Sobre el alojamiento nos encontramos con dos opciones muy diferenciadas, podemos acudir a uno de los lujosos hoteles, tales como el Meliá Cohíba, Meliá Habana, Nacional… en los que tendremos que desembolsar al menos noventa pesos convertibles por habitación doble. La segunda opción es acudir a una casa de alquiler de habitaciones, no se nos ofrecerá ningún lujo, pero sí comodidades: camas grandes, aire acondicionado… a estas podremos acudir por un precio que parte de los veinticinco pesos convertibles.

El transporte por La Habana es apasionante, son varias las opciones que nos vamos a encontrar, primeramente tenemos el transporte público, constituido por autobuses clásicos de los colegios norteamericanos y camellos, conocidos así por las dos jorobas que se pueden apreciar en la foto superior. Las dos apuestas citadas son toda una aventura, porque podemos pasar horas y horas esperando a que la larga cola se consuma y llegue nuestro turno, aunque eso sí, mientras tenemos una excelente oportunidad de contactar con los cubanos directamente.

El transporte privado es un poco más caro, pero nada prohibitivo, vas desde los carros impulsados por caballos o ciclistas, hasta los cocotaxis (toda una experiencia) o los taxis normales que podemos encontrar en cualquier ciudad española.

¿Y la seguridad?
Los jineteros y las jineteras son el pan de cada día en Cuba, los primeros te ofrecen ron, puros y mujeres, mientras que las segundas te ofrecen generalmente su cuerpo, eso sí, de una forma muy indirecta por su amigabilidad. Esta situación hace que por las calles y restaurantes de la ciudad veas a multitud de hombres viejos y de un aspecto poco agradable, junto a mulatas esculturales que en muchos casos no tienen más de veinte años.

La Habana es una ciudad muy segura, posiblemente podríamos decir que más que cualquier lugar de España, la presencia de Policías de la Revolución en las calles puede resultar en algunos momentos atosigante, pero aunque no vayamos a sufrir ninguna agresión, es conveniente ir con cuidado, porque algunos habaneros son buenos amigos de lo que no es suyo, aunque la estafa con puros de contrabando y ron ilegal son las principales amenazas.

En definitiva, nos encontramos con un destino muy atractivo por su temperatura, historia, ocio y gentes, su principal problema están con la necesidad que te encuentras y los problemas de relación con gente de la isla por las medidas de restricción que establece el gobierno de Fidel Castro.

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