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Opinión
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Un patio de colegio

Macarena López

sábado, 12 de marzo de 2005, 23:05 h (CET)
Ha pasado ya un año desde que en el día 11 de marzo diversas estaciones de Madrid se convirtieran en el infierno para cientos de personas. Aquel día el terrorismo volvió a golpear, y muy duramente, a la democracia y a los valores fundamentales, tales como el derecho a la vida y a la integridad física de las personas; y no sólo eso, sino que fragmentó aún más el símbolo deseado de la paz y la convivencia.

Hoy todos hemos recordado con especial hincapié a las víctimas mortales del 11-M y a todos los que vivieron la tragedia tan de cerca. Numerosos actos en recuerdo de todos ellos se han celebrado esta mañana: paros para guardar silencio por las víctimas, actos públicos con personalidades del gobierno y la Casa Real y muestras de dolor en las estaciones de trenes donde aquella mañana se produjeron los atentados.

Ya ha pasado un año desde aquello y no podemos dejar de hablar de todo lo que ha sucedido desde entonces. Hemos sido invitados a un circo plagado de políticos que no han hecho más que usar el 11 de marzo como el marco ideal para lanzarse acusaciones directas que nada tienen que ver con lo que realmente se esperaba, y esto no era más que dar luz, dar transparencia a la autoría de los atentados, dar respuestas al pueblo español de por qué había pasado y qué se pensaba hacer, cómo se iba a ayudar a las familias.
Andaba equivocada toda la sociedad, pues respuestas es lo que menos hemos tenido, tan solo asistimos a una lucha por ver quién daba más tortazos al oponente, a ver quién podía más, como si esto fuese un patio de colegio, donde incluso fueron “regañados” de una manera ejemplar por la madre de una de las víctimas que, conteniendo las lágrimas e intentando ocultar el dolor, supo sacar todo el coraje para echar en cara de una manera admirable todo lo que se estaba haciendo mal, acusándoles de no estar pensando en las víctimas, de estar haciendo una investigación con fines partidistas.

Así sabemos que el único símbolo de lucha ha sido el de las familias de las víctimas que día a día tratan de salir de todo esto que están viviendo, el de los españoles que salimos de una forma masiva a manifestarnos demostrando que nadie puede callarnos, el de las personas con nacionalidades distintas a la española que aquel día perdieron a algún ser querido.

Ha pasado ya un año y en nuestra memoria el recuerdo de las víctimas sigue y seguirá vivo.

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