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Etiquetas:   Ser o no ser   -   Sección:   Opinión

Pedir perdón

Manuel Alcántara
Redacción
viernes, 11 de marzo de 2005, 22:37 h (CET)
Bajaría el suflé catalán si Maragall pidiera disculpas y retirara al menos un 3% de sus palabras, pero el presidente de la Generalitat sabe, como el poeta, que las palabras se quedan flotando en el aire como los corchos en el agua, y además no le da la gana. Ha descartado pedir perdón después de la moción de censura presentada por el PP y de la querella interpuesta contra él por CiU, que es verdad que es gravísima y que no tiene precedentes.

Quizá el perdón sea lo único que modifique el pasado, pero sólo hasta cierto punto. Es muy cómodo hacerle daño a alguien y arrepentirse después o, mejor dicho, decir que se está arrepentido. El señor Maragall, en uno de esos momentos de sinceridad que ningún político puede permitirse, habló de la obligatoria comisión de obras completas que se le exige a los constructores. La gente lleva hablando de eso en Cataluña de quince años para acá. Lo que ocurre es que venían atribuyendo algunas diferencias en el porcentaje y el del 3% les parece bastante comedido. Ojalá lo imitaran en muchos pueblos de la costa española: habría menos competencia por ser concejales de urbanismo. ¿Por qué culpar a Maragall por decir algo que todo el mundo dice en voz baja? ¿Sólo porque su cargo le obliga a la hipocresía? En todo caso, al no existir pruebas, se le puede tachar de indiscreto. De todas maneras, el follón catalán va a durar bastante, como si un maremoto hubiera arrasado el famoso 'seny'.

Está de moda eso de exigir el perdón, aunque nunca lo estará concederlo. La Comunión Anglicana ha expulsado a las Iglesias de Canadá y Estados Unidos por la ordenación de obispos homosexuales. Avisan de que el cisma será definitivo si en 2008 no dan marcha atrás, que por cierto es lo que vienen haciendo, y piden perdón. ¿Qué deben hacer los monseñores cacorros o 'mariconsones', que diría Fidel Castro? No lo sé ni me importa. Lo que sé es que los políticos corruptos debían ingresar en un convento.

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