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Opinión
· Artículo de opinión
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| Y digo yo |
| Cuando un inepto llega a lo más alto, todos pueden lamentar en primera persona su ineptitud |
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Y digo yo que ya que se adelantan las elecciones y que sale encogido por la gatera el peor, más incompetente y más lamentable presidente que hayamos podido tener jamás (ni Carlos II el Hechizado, oiga usted), ¿por qué no hacemos una ley que exija unas condiciones personales y profesionales mínimas para ser presidente, incluyéndose en ese perfil su formación académica, su estabilidad psicológica y emocional y su intachable trayectoria humana?... No sería mala cosa, o todo puede ser que un día salgamos de Málaga y nos metamos en Malagón, que si tuvimos a Carlos II, Fernandito el Deseado, Largo-Caballero o este caballerete, cualquier día de estos tenemos de presidente a uno que querrá dar las palmas y no sabrá cómo hacer para que se le encuentren las manos.
Pero, y digo yo, ¿por que ya que sale del Gobierno toda esa tropa de iletrados, legos y abomitables ministros, directores generales y toda esa mandanga puesta por designación áulica no hacemos una ley como la anterior y definimos unos mínimos para que alguien pueda ser ministro, como que se no se crea el ombligo cósmico del universo planetario, o que no atente contra lo divino y lo humano sólo porque se lo pide el clip?... Digo, porque todos éstos que han pasado se han creído que eran Franco –tal cual, oiga- y han hecho lo que les ha venido en gana no sólo a contraley y contraespaña, sino a contranatura, a contralógica y contrarrazón. Si no hacemos algo para evitar esto, todo pueda ser que mañana haya alguien de ministro de lo que sea que nos obligue a ir con un tampax en la nariz porque le mola, y digo yo que no es eso.
Pero, y digo yo, ya puestos ¿por qué no hacemos otro tanto con los requerimientos para cualquier cargo público, no importa en qué administración sea, si nacional, comunitaria o local, y así nos libramos de todos los choris, eh?... Digo, porque mira que hay choris, no hay más que ver como esa tropa de cacos han dejado las arcas de las comunidades y de los ayuntamientos, y ya veremos con las nacionales cuando les cantemos a éstos epulones del gobierno o lo que sea que hemos tenido, el “adieu, adiós, bye-bye, agur, chao, arrivederci, auf wiedersehen, a la m”. Ahora, que la cosa está calentita y que tenemos la lección grabada en nuestras carnes, es el momento, digo.
Pero, y digo yo: ¿y por qué tenemos que pagarles jubilación a toda esa panda por haber estado siete años o más quebrándonos, choreándonos y maltratándonos?... A esta panda de ahora, digo, y a los que la andan por ahí cobrando, también, porque si se puede legislar trampeando para que la tengan, se puede legislar en justicia para quitársela, y este es un deber político urgente. Digo, que en el sueldo ya iba la compensación al trabajo –aunque sería conveniente saber si tiene responsabilidades penales lo que han hecho, y, de no tenerlas, debería modificarse la ley para que las tengan-, y que, en todo caso, diciendo como dice la Constitución que todos somos iguales, pues esta panda debe currar hasta los sesenta y siete como todo hijo de vecino, ¿o qué se han creído?..., que ya nos dieron bastante por el bul de estanbul por tenerlos ahí choreando... y viviendo como epulones.
Pero, y digo yo: ¿y no habría que hacer otro tanto con la Justicia y poner a los jueces y fiscales en el desempleo o a mejor recaudo?... Mucho indulto y mucha benevolencia humanitaria con supercriminales confesos, sanguinarios terroristas y supertraficantes de drogas, y a los cuatro infelices que no han cometido otro delito que una venialidad, ¿a galeras de por vida?... Digo, que ellos son los que por justicia y por ley, además de por razón y por lógica, deben ir a galeras de por vida, ya que han hecho de la Justicia este circo asqueroso de las peores bestias y de enormes lametones y políticos besos negros.
Y digo yo que ¿ahora que por fin nos libramos de esta chusma podremos comenzar a poner el país en orden, deslegislando lo legislado y poniendo recto lo que estaba torcido?... Digo, porque este país parece ya un decorado surrealista daliniano, y es hora de comenzar a ajustar cuentas. Por ejemplo, haciendo auditorías en todas las administraciones de este país, por ejemplo pasando facturas por gastos indebidos, chorras o absurdos, otras por la mala gestión y una pasadita por los juzgados siempre que corresponda, sin que se libre ninguno de los que las han hecho, que vienen a ser, más o menos, casi todos y todas. Digo que hablemos del aborto, de la discriminación ésa que es discriminación, de Educación, de ejércitos pacifistas, de tabaco (yo no fumo) y, en fin, de todo lo que nos ha coartado la libertad en el régimen liberticida socialista. La hora de la verdad ha llegado, de modo que a ver cómo cantan los regeneradores.
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