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El 20-N y Zapatero
El presodente sale de la historia por la puerta chica
La decisión de hacer coincidir la fecha de su sepelio político con los de Franco y José Antonio, dotan a Rodríguez Zapatero de cierto aire mefistofélico que, francamente, nunca le hubiera sospechado. Quizá sea su propia manera de enjugar unas lágrimas que pertenecen tanto a la memoria histórica como a la más reciente.
Rodríguez Zapatero sale de la historia por la puerta chica, como tantos otros próceres que le precedieron en el cargo. El laberinto de contradicciones que él mismo se creó ha sido su perdición. Las palabras cargadas de buenas intenciones se las ha ido llevando el viento de la realidad de la primera a la última. La vacuidad de su discurso es ya de una pureza prístina, virginal. Insoportable. Y la confianza en su partido la ha dejado a niveles quevedianos: “El mayor despeñadero, la confianza”.
Los ciudadanos españoles vivimos en una encrucijada verdaderamente complicada. Un 20-N enterramos al dictador más sanguinario de nuestra historia, va a hacer ahora 36 años. Quizá estas sean las últimas elecciones generales que interese a nadie. El sistema neoliberal está destrozando la democracia representativa y, necesariamente, el movimiento ciudadano va a tener que tomar el relevo. Quizá, a partir del 20-N de 2011 se inicie una nueva etapa política hasta ahora desconocida y que, sin duda, va atener mucho que ver con la #spanishrevolution.
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