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Tags: Opinión · Disyuntivas · Rafael Pérez Ortolá
Zambullidas en el progreso


En numerosas ocasiones estamos involucrados en conductas que requieren un equilibrio


Rafael Pérez Ortolá Rafael Pérez Ortolá
sábado, 30 de julio de 2011, 10:33
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Hay momento en la vida cuya fascinación atrae toda nuestra atención, quedamos absorbidos por sus exigencias, y como resultado, liberados de otras preocupaciones menos urgentes. Aunque pudiera tratarse de actividades complicadas, bastará fijarnos en uno de los más sencillos; en esos lanzamientos al agua, en caída libre, desde el trampolín o desde una roca. En esa rápida travesía, el aislamiento es notable. El mar o la piscina serán testigos de la experiencia, que provoca sensaciones intensas en los protagonistas. En la sociead actual nos sumergimos a diario en los ámbitos de los PROGRESOS, reales o ficticios; que eso parece importar menos, a la vista de los ejemplos observados. Quizá también, porque esa inmersión pasajera disimula otras penurias, nos alivia de otros problemas.

Como decía, la tensión momentánea, sus exigencias de concentración, nos introduce en una abstracción liberadora; al menos, esporádica, y por lo general, aliviadora de otras presiones. Bajo el señuelo de los enormes avances, las diferentes escapatorias parecen plenamente a nuestra disposición. Pensamos en lo asequible como si sólo fuera cuestión de proponérselo, sin contar con los esfuerzos necesarios, ni parar mientes sobre las maldades ocasionadas a otras personas; en eso apenas pensamos. ¿Porqué no acudir a cualquier recurso obtenido por las investigaciones biológicas? Si miramos las tramas institucionales democráticas y los beneficios sustanciosos que podamos extraer de ellas, a qué viene atribularse por inmoralidades. Recurrimos a los aportes de la Naturaleza sin miramientos, tanto da que hablemos de sexualidad como de trapisondas con la ecología, de energía nuclear como de fondos marinos. Metidos a fondo entre los diferentes conocimientos, perdemos la noción de lo que significa una OPCIÓN MORAL. No vayamos con moralinas a quienes pueden tanto. Mientras, nos han embaucado, nos fuerzan a la adopción de una moral distinta, alejada del discernimiento de lo bueno y de lo malo; basada en la decisión del más potente. ¿Seguiremos sin detectarlo, inmersos en la vorágine del progreso?

¿Acaso alguién no anda ajetreado con el cúmulo de circunstancias que nos acogotan? Nos hemos dejado agarrar de mala manera, no sólo las manos en los trabajos, hemos cedido el ritmo vital y hasta la neurona más escondida. Veamos como se nota esto después de preguntarnos, ¿Quién soy yo? ¿Y usted? ¿Este o aquel grupo social, responde realmente a la identidad que pregona? Disponemos de unos enfoques distintos para el trato con el concepto de IDENTIDAD. Muchos informantes alardean de precisión con respecto a estas ideas. Comarcas, paises e individuos, protagonizan las dialécticas. El etiquetaje es muy tentador, cómodo y deja posiciones fijas; aunque no refleje las esencias de la cuestión y sigan las discusiones. Se aplica en diversos sectores. Por la vía política, por canales espirituales, en cuanto a las éticas hay menos problemas porque cada uno adopta la suya, las violencias ejercen su diálogo peculiar y las coherencias desaparecen. Sin embargo, las posiciones quedan impresas en la etiqueta. Vemos como el proceso derivó por cauces poco recomendables. Precisamente, cuando el concepto del hombre es más reticulado y los argumentos apuntan a una realidad dinámica, cambiante, con múltiples influencias y recursos simultáneos. La pretendida fijación es imposible. Por el contrario, asienta en el núcleo de las decisiones propias.

Metidos en pleno progreso precibimos peor las diferencias. Lo bello y lo feo han sido presentados como contrarios, de difícil deslinde, eso sí; puesto que depende del observador, del momento y de las circunstancias. Lo bello para unos, puede ser feo para otros. Son simultáneos y el contraste facilita la identificación de ambos, de las cualidades apreciadas en un momento concreto. Entre los supuestos avances conseguidos nos atraen a las polémicas; con frecuencia estériles, porque lejos de aclarar las ideas, buscan sólo el predominio de uno de los contendientes. De ese modo, dejan postergada una idea ya expresada por los filósofos antiguos. El auténtico contrario de la belleza no es lo feo (Que puede ser bello desde otra perspectiva); lo contrario será más bien aquello que mientras tanto mantenemos silenciado, lo ASQUEROSO. ¿Porqué callamos esta circunstancia? ¿Porqué progresamos siendo partícipes de esta circunstancia? El asco es necesario para sacar a relucir la repugnancia allá donde se produzca. Asquean las decisiones suplantadoras, que prescinden de las otras personas, sea de la gente de un pueblo, de los fetos o de los discordantes; repugnan esos procedimientos. Asquean las venenosas informaciones tendenciosas o los zafios vociferantes, manipulando a los grupos sociales. También lo sentimos así con los amedrentamientos y los asesinatos, en familias, paises u otras localizaciones. Las maravillas de la vida se enfrentan a las asquerosidades en activo, disimuladas por el ruido de fondo.

En numerosas ocasiones estamos involucrados en conductas que requieren un equilibrio; el fiel de las balanzas debiera ser un amigo inseparable de quienes queramos vivir. Unas gotas de paciencia…y otras de repuesta enérgica. ¿Cuántas de cada una? Y así con casi todas las controversias de la existencia; teoría, práctica, vida pública o privada, moral, política, diversión, trabajo concienzudo, o cuantas cuestiones queramos abarcar. Por eso mismo, si hemos de actuar como equilibristas, me repugna sobremanera que intenten arrastrarnos o nos dejemos arrastrar (que de todo hay), a unas ideas de colectivismo falso. ¿Porqué esa falsedad? Porque proliferan las estructuras organizadas con todos los adelantos técnicos y propagandísticos, que orillan a los individuos (Banca, gobiernos grandes y pequeños, culturas serviles). Es la manera de mantenernos sumergidos en un ESTOICISMO que deviene en pasotismo del peor rango. Tiende a delegar la responsabilidad y renuncia a las iniciativas creativas, que son imprescindibles para un nivel de vida aceptable. Tal anestesia no corresponde a las cualidades peculiares de cada sujeto. ¿O acaso pensamos que no ocurren esas malversaciones? Algo deberemos remover de este panorama, por que las posibilidades participativas parecen entidades de otras gentes, de las que estaríamos muy alejados.

Curiosamente, la proclamación de unas libertades progresivas, no va acompañada de las correspondientes actitudes de apoyo; todo lo contrario, las desvirtúan sin remedio. El deseo de unos determinados logros forma un binomio complementario con el ejercicio de la razón; de nuevo tratamos con otro difícil equilibrio. El exceso de razones apaga la espontaneidad de cualquier deseo. A la inversa, sin razonamientos adecuados, el deseo se desintegra por incongruencias. Con la confusión actual, a remolque de variadas vicisitudes, la pretendida libertad justifica unos deseos ilimitados, cada uno es dueño absoluto de buscar lo que sea, no suele hablarse de los límites ni de otras razones. Es una trampa que nos impide el ejercicio de una VOLUNTAD en auténtica libertad. No se valoran, se desprecian con frecuencia, los argumentos razonados. En consecuencia, la voluntad no dispone de todos los criterios. Apenas seguirá unas tendencias intuitivas de difícil ensamblaje con el resto de la sociedad. No extrañarán las secuelas de ese desequilibrio, los entendimientos escasean y van a la baja.

El progreso deseable no debe quedar enmascarado con las bubujas progresistas. La tarea para el deslinde eficaz de ambas tendencias debería considerarse como muy urgente. Sin posibilidades reales, no se realizarán los deseos.

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