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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Víctimas de la normalidad

José Francisco Sánchez (Valencia)
Redacción
jueves, 10 de marzo de 2005, 23:53 h (CET)
El 15 de marzo del 2003 mi hijo de seis años fue conducido por su madre a la clínica “Virgen del Consuelo” de Valencia donde, a manos de un cirujano colegiado, se le redujo por la fuerza, maniató, amordazóo y mutiló en sus genitales para obligarle a profesar la fe mahometana. Tal como puede comprobar cualquiera que se interese seriamente por ello, el impune agresor es tristemente célebre por la asiduidad con que se ha dedicado desde tiempo inmemorial a tan aberrante menester, sin tener que molestarse más que en garabatear un lacónico diagnostico de fimosis.

Dado el carácter verdaderamente social del hecho, y puestas las circunstancias en manos de la Justicia, desde entonces, la lista de instituciones que se han inhibido en bloque no sólo del caso concreto del niño, sino del mismo fenómeno cultural en que se inscribe es asombrosamente interminable: Juzgado, Fiscalía, Audiencia, Tribunal Supremo, Defensor del Pueblo, Ministerio de Sanidad, Ilustre Colegio de Médicos de Valencia, Concejalías de Sanidad y Educación del Ayuntamiento de Valencia, Consejerías de Sanidad y Bienestar Social de la Generalidad Valenciana, Cortes Valencianas, sindicatos y partidos políticos en el gobierno y en la oposición… Llegada a tal punto la constatación de la negligencia generalizada, no es de extrañar que la barbarie aterrorice a nuestra sociedad arrojando episódicamente muertos sobre el tapete. Lo verdaderamente extraordinario es que no sean muchísimos más. No hay más alternativa que creer en los milagros.

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