|
Anders Behring es Josu Ternera
Los crímenes de Utoya escandalizan a nuestros progres. Los crímenes de Barajas son “trágicos accidentes mortales”
¿Es Anders Behring Breivik un loco o un psicópata? Es la pregunta a la cual están en estos momentos intentando dar respuesta psiquiatras y psicólogos de la buenista sociedad noruega, ahora en estado de shock. Su abogado defensor, miembro del partido socialdemócrata objetivo del asesino, ha declarado que en su opinión su cliente, quien no ha mostrado arrepentimiento alguno después de ejecutar a sangre fría a más de 60 niños y jóvenes, es un enfermo mental. En Noruega, en donde la pena máxima de prisión de lujo a que se puede condenar a una persona es a 21 años de cárcel (menos de 100 días por muerte) no sería mala solución esa de declararlo loco. En tal caso Breivik podría pasar el resto de su triste existencia recluido forzosamente en una institución mental. Sin embargo, por las declaraciones de los jóvenes víctimas del criminal y su forma fría de actuar todo parece indicar que estamos en presencia de un psicópata, una persona incapaz de sentir empatía hacia los demás y que diferencia perfectamente el bien del mal. Y los psicópatas, además de no ser reinsertables, no son enfermos mentales. Y, por tanto, son imputables. Lo que nadie en Noruega se plantea es ceder a las alucinadas peticiones del asesino o negociar con él.
Llegados a este punto me pasa por la memoria la repulsiva imagen de Josu Ternera, el de los ataúdes blancos como arma de presión política, que se pasea alegremente por Europa y a quien el gobierno ZP no ha querido detener que para eso hasta la fecha electoral podría estar dependiendo del capricho de ETA. Y se me pasa por la cabeza porque Ternera es tan psicópata como el asesino de Oslo. Como lo es también De Juana Chaos, ese pobre hombre al que había que cuidar, alimentar, mimar. A Behring ni un donuts. De Juana Chaos o Ternera son psicópatas que, sin embargo, no repugnan a Alfredo Pérez Rubalcaba, menuda manipulación se acaba de marcar con el CIS, y sus muchachos. Con estos psicópatas, en absoluto distintos al noruego, los socialistas se sientan a negociar. Sobre su conciencias, las ochocientas personas asesinadas por los terroristas.
El paranoico e incongruente manifiesto de Behring, lanzado a la red horas antes de la masacre, causa escándalo y estupor. Se busca a todo aquél que pudiera haber tenido relación con el criminal y se le señala como peligroso ultraderechista. Nadie le dice nada a Patxi López por sus reuniones con Batasuna. Algunos, se resisten a creer que tanta maldad se pueda encerrar en la perversa mente de un solo hombre, se montan sus teorías conspiranoicas. Otros, los amorales, utilizan el crimen de Utoya como herramienta contra el adversario político. El manifiesto marxista nacionalista de Josu Ternera, que es el de ETA, es, por el contrario, tomado en serio, analizado, desmenuzado. No pocos afirman compartir buena parte de los locos planteamientos de los criminales. Alguna organización sita en Suiza se ofrece como mediadora entre los asesinos y el gobierno.
Los crímenes de Utoya escandalizan a nuestros progres. Los crímenes de Barajas son “trágicos accidentes mortales”. Behring es un asesino de la peor calaña sobre quién debe recaer todo el peso de la ley y sus cómplices, si los tuviera, que parece que no, deben ser detenidos. Los etarras salen de la cárcel porque mamá está malita o porque la sanguinaria ha decidido procrear la especie bagauda. Otegi es un hombre de paz.
Y los del PSOE unos hipócritas.
|