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Volvemos a la cámara
Las crónicas de la prensa hablan del Grupo de los Seis del Senado y su nueva línea presupuestaria
WASHINGTON - . Pero la noticia que explica el motivo de que el país esté atrapado en la frustración del techo de la deuda es la guerra de bandas en el seno del Partido Republicano. Estamos siendo testigos de la desintegración del Republicanismo del movimiento fiscal.
Los fieles del movimiento fiscal han puesto en peligro la calificación del país y al Partido Republicano al alejar de su impulso tanto al presidente de la Cámara John Boehner como al líder de la mayoría Eric Cantor.
Cantor trabajó amistosamente con el grupo de negociación organizado por el Vicepresidente Joe Biden y cosechó alabanzas a su enfoque hasta de los becarios de izquierdas que no tienen ningún interés en particular en su política.
Pero cuando el grupo de Biden parecía próximo a un acuerdo, fue abatido por los defensores del movimiento fiscal. Boehner dejó a Cantor expuesto como fachada de las conversaciones de Biden y no hizo nada por rescatarle.
A continuación fue el turno de Boehner frente a la línea de fusilamiento. Estuvo cerca de un acuerdo presupuestario más amplio con el Presidente Obama pero los mismos fanáticos se cargaron también esto. Cantor igualó el marcador haciendo las veces de portavoz de los Republicanos contrarios a cualquier subida de los impuestos de cualquier naturaleza.
Piense en la dinámica subyacente de esto. Las pruebas sugieren que tanto Boehner como Cantor comprenden los riesgos del juego que están librando sus colegas Republicanos. Saben que estamos más cerca de lo que creemos de ver rebajada la calificación de los Estados Unidos. Esto podría suceder antes del día 2 de agosto, la fecha que todo el mundo entiende como límite del plazo para adoptar medidas. Nos queda menos tiempo del que creemos.
Desafortunadamente, ninguno de los líderes de las dos cámaras parece estar en posición de decir a la agitada derecha que se equivoca simple y peligrosamente cuando afirma que la mora tiene escasa importancia. Pocas veces una directiva legislativa parece estar tan impotente.
Compare la parálisis de Boehner y Cantor con las agresivas maniobras del líder Republicano en el Senado Mitch McConnell. Él sabe lo nocivo que será el descubierto y está trabajando con el líder de la mayoría en el Senado Harry Reid inventando la forma de salir de la parálisis.
McConnell puede hacer esto porque nos enfrenta al problema del movimiento fiscal que aqueja a Boehner y a Cantor. Muchos de los candidatos del movimiento en el Senado -- Sharron Angle en Nevada, Christine O'Donnell en Delaware o Joe Miller en Alaska -- perdieron en las elecciones de 2010. Boehner y Cantor deben por contra sus mayorías a los partidarios del movimiento fiscal en parte. McConnell posee cierta libertad para legislar que sus colegas en la dirección de la Cámara no tienen.
Y este es el motivo de que los Republicanos vayan a tener que sacudirse de encima al movimiento fiscal. Hablando en plata, las legiones de seguidores del movimiento fiscal tea party no están interesadas en la legislación, al menos como se entiende normalmente la legislación en una democracia de separación de poderes. Ellos están convencidos de que dado que los Republicanos se hicieron con una cámara del Congreso en unas elecciones, tienen mandato para hacer lo que quiera la derecha. Un presidente y un Senado Demócratas son menospreciados como molestias irrelevantes, aunque también salieron elegidos de forma democrática.
El movimiento fiscal vive dentro de una burbuja intelectual en la que las respuestas a cada problema se encuentran en los libros del economista austríaco F.A. Hayek, del locutor Glenn Beck o de la escritora Ayn Rand. Los escritos de Rand contra el control público, calificados por sus seguidores de Sagradas Escrituras modernas - Rand, atea, se habría encarado con esa comparación - son particularmente instructivos.
Cuando el héroe de la obra enseña de Rand "El Manantial" no obtiene lo que quiere, vuela por los aires un edificio. Los seguidores de Rand lo consideran prueba de la valentía del personaje. De forma que tal vez no debiera de sorprendernos que hacer saltar nuestro gobierno no parezca ser algo tan relevante para algunos de los nuevos individualistas radicales de nuestra Cámara de Representantes.
Nuestro país se asoma al barranco. Nuestra capital es un manicomio en opinión de muchos de nuestros propios ciudadanos y de gran parte del mundo. Hemos de actuar ahora mismo para recuperar la solvencia ampliando el techo de la deuda hasta el final de este Congreso.
Boehner y Cantor no tienen tiempo para resolver los detalles con el fin de apaciguar a sus miembros imposibles de apaciguar, y deberían de arreglar sus asuntos más tarde. Tampoco tenemos tiempo para examinar detenidamente las ideas del Grupo de los Seis. El Grupo ha dado un paso al frente muy tarde y con escaso detalle. Sus sugerencias deberían debatirse seriamente, no de forma precipitada.
Los Republicanos han de decidir si quieren ser conservadores responsables o si van a dejar que el movimiento fiscal destruya la Cámara que levantó Lincoln en una sonora deflagración. Tal ejercicio pirotécnico le parecerá estupendo a cierta gente en las páginas de una novela o en una película, pero se van a sentir bastante molestos cuando lo experimenten en la vida real.
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