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Euro - escepticismo alemán
“Miles de millones del fondo europeo fueron destinados a obras megalómanas, como carísimos y desiertos puentes-autopista de peaje que la población no paga. ¿Les suena la película?”
Eurobonos. Impuesto sobre transacciones financieras. Llamadas a la responsabilidad que equivalían a un “que la fiesta la paguen los alemanes”. Oposición a la participación de la banca en la refinanciación de la deuda griega. Semanas llevan leyendo los españoles declaraciones de este tenor realizadas por miembros del PSOE, empezando por José Luis Rodríguez Zapatero y siguiendo por la pareja compuesta por Alfredo Pérez Rubalcaba y Elena Salgado. De lo que pretende el PP, como siempre, poco o nada se sabe.
Y llegó la cumbre. No habrá eurobonos aunque la progresía patria esconda su derrota detrás de altisonantes frases como “hemos puesto la primera piedra para un FMI a la europea”. Los privados deberán contribuir al desastre de Grecia. Los socialistas de todos los partidos defendían su habitual que pague el Estado, o sea, el contribuyente. Porque el dinero público en su imaginario “no es de nadie”. Y mientras, en Grecia, no es broma, quien por ejemplo se dedica al lucrativo alquiler de yates de lujo está exento de pagar impuestos por tal actividad.
La culpa in vigilando de los prebostes de la Unión Europea es innegable. Miles de millones del fondo europeo fueron destinados en Grecia a obras megalómanas, como carísimos y desiertos puentes-autopista de peaje. Y los griegos, por la carretera de toda la vida. ¿Les suena la película? Aeropuerto aquí, aeropuerto allá; el criterio de oportunismo político sustituyendo al de eficiencia.
Desde Munich el presidente del prestigioso Ifo-Institut, Hans-Werner Sinn, habla de intolerable “socialización de la deuda” y advierte que el dinero que se ha “regalado” a Grecia jamás se recuperará. Los argumentos de Rubalcaba y demás socialistas en el sentido de que si Alemania no malgasta el dinero de sus contribuyentes estará liquidando la UE son calificados como de “chantaje”. Coincide Sinn con el sentir mayoritario de los ciudadanos alemanes, hartos de ser los paganinis. Al fin y al cabo, argumentan, ellos también lo han pasado mal. Ya en tiempos del gobierno del socialdemócrata Schröder comenzaron los recortes que los países europeos ahora en quiebra se niegan a emprender, explican. No entienden, por citar sólo un ejemplo, la jubilación a todo trapo a los 50 que se estila en Grecia y mucho menos que lo griegos se nieguen a renunciar a dicho privilegio al tiempo que piden a los alemanes que paguen.
La CDU-CSU, partido/coalición de centro-derecha de Merkel, cae en intención de voto al tiempo que los socialdemócratas de la SPD, que vuelven a pedir una “grosse Koalition”, no remontan. Los de Westerwelle están en caída libre. Han decepcionado, al sumarse al intervencionismo, a buena parte de sus jóvenes votantes. Según las últimas encuestas podrían incluso quedar fuera del parlamento al no alcanzar la barrera del 5% de los votos. Les estarían bien empleado. Los grandes beneficiados del desaguisado, qué lamentable, son “los Verdes”, cuya eco-religión causa furor.
Lo cierto es que el escepticismo hacia la moneda única e incluso hacia las instituciones de la UE crece sin cesar en Alemania. Se empieza a hablar en bares y restaurantes de la conveniencia de abandonar el euro. Es probable que acabe sucediendo.
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