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Etiquetas:   Tu cita empresarial   -   Sección:   Opinión

Adaptarse al medio

Noemi Peña
Redacción
jueves, 10 de marzo de 2005, 23:00 h (CET)
La adopción por primera vez de las NIIF (normas internacionales de información financiera) según el Reglamento nº 70/2004 (DOUE 17/04/2004) va a suponer algunos cambios importantes en la contabilidad de las pymes. Entre ellos tendremos que:

1. Incluir activos y pasivos requeridos por las NIIFF.
2. Excluir activos y pasivos por no satisfacer los criterios de las NIIF.

Así habrá que incluir en el activo los bienes en régimen de arrendamiento financiero, que para el arrendador será un derecho de cobro y para el arrendatario un inmovilizado material. En el pasivo habrá que incluir las obligaciones con empleados y directivos por programas de opciones sobre acciones y otros. También deberán contabilizarse en el activo o en el pasivo los intrumentos financieros derivados.

En cuanto a los activos a excluir, entre los más importantes figuran los gastos de establecimiento o constitución, los gastos a distribuir en varios ejercicios o gastos por intereses diferidos, así como los intangibles autogenerados, tales como formación, publicidad, reorganización, marcas, gastos de investigación. Por otro lado, los pasivos a excluir serían las diferencias positivas en moneda extranjera, los ingresos por intereses diferidos, las donaciones, los ingresos fiscales a distribuir en varios ejercicios así como el fondo de comercio negativo.

Todos estos cambios y unos cuantos más nos van a hacer estudiar concienzudamente las nuevas normas de contabilidad internacional, ya que ponernos al día va a ser obligatorio a medio-corto plazo. Sería bueno concierciarnos del futuro cambio con el fin de que no nos pille el toro. Ánimo a todos y como suelen decir, es peor pensarlo que pasarlo

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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