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CAM, la novia que nadie quiso
Entre todos pagaremos sus desvaríos
Hubo un tiempo en que muchas Cajas de Ahorro llevaban añadida a su nombre la coletilla “y Monte de Piedad”, tenían similares funciones a las de cualquier banco pero su finalidad era repartir una parte de sus beneficios entre la sociedad al tiempo que en las oficinas de la segunda parte del nombre, el “Monte de Piedad” aliviaban las perentorias necesidades económicas de los menos pudientes prestando sin usura el dinero suficiente, se daban casos en los que se pignoraban las joyas de la familia para pagar la comunión del niño con la esperanza de recuperarlas cuando vinieran tiempos de bonanza e incluso la leyenda urbana dice que algunos empeñaban hasta el colchón del abuelo cuando éste pasaba a mejor vida, todo valía en tiempos de penuria y necesidad.
Pero con el paso del tiempo las Cajas de Ahorro, lo mismo que la banca en general, cambiaron, hace algunos años el director del banco en el que tenías depositados tus pocos ahorros era un personaje afable con el que tomabas café pero hoy los directores de banco si te llaman alguna vez es para recordarte que les debes 30 euros que son los gastos que al banco le supone el que tengas un descubierto de cinco miserables euros, a eso antiguamente se le llamaba usura, hoy es usura consentida por la Ley y disfrazada con otro nombre, llámese interés, gastos interbancarios o como ustedes y su banco quieran bautizar a este nuevo negocio bancario.
Las Cajas de Ahorro también fueron dejando de lado su vertiente solidaria, aunque algunas todavía la mantienen colaborando en eventos culturales y dedicando, cada vez menos, parte de sus beneficios a aquellos a los que la sociedad del bienestar les da la espalda cada día. Pero con la llegada de la democracia los partidos políticos vieron que los Consejos de Administración de las Cajas podían ser un retiro de oro para políticos devaluados o molestos, al fin y al cabo tener una cómoda silla en cualquier Consejo de cualquier Caja siempre ha sido una buena sinecura. Poco trabajo y muy buena remuneración, la competencia profesional, como el valor en la mili, se les suponía.
En estos últimos años en los que reinaba la bonanza económica gracias al gremio del ladrillo los políticos que dirigían las Cajas las tomaron como su cortijo particular y jugaron a la ruleta rusa con el dinero de los contribuyentes, en BANCAJA en Valencia y en CAM en Alicante sus directivos acataban sin rechistar las ordenes del político de turno del Partido Popular, primero Zaplana y después Camps dirigieron desde la sombra ambas entidades para su provecho político llevándolas a un endeudamiento que las ha llevado a una a tener que escapar a Madrid y a la otra a ser nacionalizada por el Estado.
Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) ha sido intervenida por el Banco de España y ahora desde organismos estatales recibirá ayuda pública por valor de 2.800 millones de euros y tendrá una línea de liquidez de otros 3.000 millones con la que hacer frente a una hipotética retirada de depósitos por parte de los clientes que ya no confíen en la entidad financiera. Pero esto no ha llegado de repente y sin avisar, CAM lleva tiempo intentando fusionarse con otras Cajas pero todas le han dado calabazas en el noviazgo, primero fue Caja Madrid donde Rodrigo Rato prefirió casarse con BANCAJA y después fue con la Caja asturiana con la que no se avino al intercambio de las arras nupciales quedándose la CAM compuesta y sin novio.
La política económica de la CAM ha sido nefasta a lo largo de estos años por haberse plegado a los deseos de los gobernantes valencianos del PP, primero Zaplana les metió en el embolado de Terra Mítica donde junto con la Generalitat y BANCAJA enterraron más de 400 millones de euros en un negocio ruinoso que hoy tan sólo pueden vender, si es que encuentran comprador, por 75 millones, también invirtieron en la Ciudad de las Artes y la Ciencias de Valencia, en los estudios cinematográficos de la Ciudad del Cine de Alicante y en diversas promociones inmobiliarias algunas de ellas relacionadas hoy con el caso Brugal donde está implicado el exdirector General de Inversiones Inmobiliarias de CAM. Con dinero de los impositores se dedicaron a pagar el cartón piedra fallero de los eventos que, según el PP, pondrían a Valencia como ejemplo mundial de desarrollo.
Ahora CAM se ha hundido como se hundió hace dos años en aguas de Valencia el velero que patrocinan, tan sólo costó un millón de euros, y que alguna que otra vez cuenta con el Príncipe Felipe entre su tripulación. Pero aquí los capitanes no se han hundido con el barco ya que antes de que llegará la catástrofe sus directivos se escanciaron suculentas cantidades con motivo de su prejubilación, aquellas prejubilaciones de los dirigentes de CAM costaron más de diez millones de euros, Roberto López, el exdirector General se llevó, supongo que a otra entidad bancaria, casi cuatro millones de indemnización y las del resto de la banda oscilaron entre uno y dos millones de euros. Una pequeña propina para quienes han desmantelado una entidad bancaria con la ayuda de los políticos que les auparon al poder de la entidad.
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