|
Ilusiones de colores
El descuido de los mayores era para él una fuente de EMOCIONES
El descuido de los mayores era para él una fuente de EMOCIONES; palpar y ver, sus ocupaciones preferidas. Sus emociones no se turbaban por los razonamientos complejo de los adultos.
De momento, los sonidos le resultaban demasiado estridentes. Un cajón se abría a las delicias más absorbentes, un armario encerraba misterios fascinantes y una habitación todo un mundo abierto para sus exploraciones. Continuas aberturas dirigidos a los misterios entrañables de la cercanía.
De hecho, aún no lo habia contado a nadie, pero su excursión preferida en los momentos de liberación, se inició con un deslizamiento progresivo hacia la zona de máquinas de la casa; el despacho con las luces llamativas, teléfonos, pantallas, ordenadores y estructuras de lo más diverso. Todo un campo abierto a su experimentación impulsiva.
No habían sonado las alarmas, nadie protestaba, nuestro EXPLORADOR no se sentía perseguido ni controlado. Sigilosamente se coló en ese lugar escogido para sus expansiones. ¡Qué misteriosas complicaciones reunidas en la sala de sus inquietudes! Maderas oscuras, cables, estanterías, vitrinas; difuminados por la media luz ambiental. Un variado colorido prometedor.
En su joven memoria guardaba ya una imagen mágica, la blancura de aquel interruptor que modificaba todos los COLORIDOS cuando estallaban los efectos luminosos. ¿Será capaz de alcanzarlo con las manos? Primero fue un intento fallido, y en la aproximación posterior consiguió despertar la fiesta luminosa en la habitación. Ya todo relucía con sus diferentes tonos desde cada uno de los objetos, era la magia de la claridad desorbitada.
En estas aventuras apasionantes se viven momentos culminantes. Lo primordial es conseguir una buena colocación. A nuestro amigo le fueron necesarios esfuerzos de verdadero alpinista para encaramarse sobre la enorme butaca y desde allí pergeñar las futuras exploraciones.
Desde allí se ampliaban todas las perspectivas, hasta un punto en que el aturdimiento requería unos minutos de concentración. Absorto, no tenía claro el siguiente paso; porque todo a la vez no era capaz de abarcarlo. La mirada se prendía por el colorido circundante y le paralizaba de cara a otras posibilidades. Fueron las primeras sensaciones de la inmensidad, de un desconocimiento en vías de desaparecer y de una abundancia todavía ilimitada. El bloqueo inicial prometía maravillas.
Cada tramo de su recorrido le obsequiaba con un hallazgo, se sucedían las VISIONES, se transmitían los tactos, en un tobogán de ilusiones. Aún no le había surgido la gran inquietud de la memoria.
Con todo ello, aún sucedió lo más sorprendente, al rozar con la mano la superficie oscura, ¡se iluminó de repente! La pantalla se llenó de nuevas sensaciones, coloridos mutantes y alguna figura escurridiza. La sorpresa exigía alguna comprobación. La mano protagonista se puso en acción, volvió a ponerse sobre la superficie plana, con una rápida modificación de los colores. Si la desplazaba variaban los tonos, se sucedían figuras evanescentes, se multiplicaban los reflejos. Carecía de suficientes ojos para captar las impresiones.
Se había instalado en la habitación un revoloteo mágico que sin duda requería nuevas exploraciones; los infinitos aún no se definían en la intuición del excursionista.
Cuando le descubrieron no desapareció el hechizo, se resguardó en el semillero de su memoria, presto a nuevas actuaciones y reflejado en el indriso de sus:
Ilusiones en crecimiento
El viaje se agigantó con las luces,
tanta negrura inicial abría el deseo, frente a rojas amenazas de bruces y con el suave azul presto al titubeo;
apunta el verde brotes y matices junto al amarillo en un gran jubileo, cercanos a las blancuras felices.
La luz se ilusionó con los colores
El aprendizaje transcurre por múltiples caminos sorprendentes; métodos y motivaciones se confabulan para su funcionamiento. El algunos de dichos procesos se favorecen los RASGOS ESPONTÁNEOS del protagonista; mientras se acumulan los condicionamientos impuestos por la sociedad. Cada niño despliega sus capacidades, todavía pendientes de su desarrollo posterior. Si bien existen características comunes a todos los pequeños, estas no ocultan los factores personales diferenciados. Vemos con desencanto como las estructuras de la sociedad se acomodan fácilmente a la uniformidad de la enseñanza. Las diferencias incomodan, porque exigirían una adaptación permanente, y eso resulta trabajoso. A medida que se prescinde de los rasgos peculiares, se desvía el vector principal del aprendizaje. Como en tantas facetas sociales, se deja de lado el componente diferencial de cada sujeto, para adobarlo según el gusto mayoritario. El desfase se lamenta en los años posteriores, cuando la frustración se enseñoreó de los adocenados escolares. Las iniciativas se cortaron de raíz, en aras de unos principios solidificados. Si fueran buenas piezas de apoyo, hubieran valido la pena; pero el monólogo dominante tiende a deteriorarlos.
En la infancia, porque uno se abre a las inmensas posibilidades de la existencia. En las edades talluditas, porque alguna ilusión quedará en la recámara. En ambos casos resalta la evidencia de una necesidad, la de una REIVINDICACIÓN de los anhelos e ilusiones de carácter personal. Aunque nos asalten las penurias de cada momento, que podamos contemplar los colores tal como se ven en el arco iris, nítidos, llenos de contrastes, sin tachones malintencionados. Suelen abrumarnos con el color grisáceo y sucio de las componendas. Por eso, es precisa una restauración a fondo del verdadero colorido representativo de la autenticidad de cada persona humana. Desde la infancia a la senectud.
|