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¿Por qué desperdicia seis meses el Congreso?
Pero eso no es lo más desagradable de ello
WASHINGTON - La estrategia de los legisladores Republicanos de vincular una subida del techo de la deuda normalmente rutinaria a la cruzada para recortar de forma drástica el gasto público ya se ha cobrado una factura importante, amenazando la calificación de la nación y haciendo que Estados Unidos parezca disfuncional e incompetente ante el resto del mundo.
Pero eso no es lo más desagradable de ello.
Lo que resulta aún peor es que esta crisis de gestión política totalmente artificial ha impedido hacer al estado lo que los contribuyentes esperan que haga, solucionar los problemas que preocupan a la ciudadanía.
El problema más inmediato es el paro. La mejor forma a corto plazo de rebajar el déficit es desatar el crecimiento y devolver a los estadounidenses a la vida laboral. ¿Nadie se ha dado cuenta de que los estadounidenses con empleo pueden mantener a sus familias, meter dinero en la economía -- y, ah sí, pagar los impuestos que elevan la recaudación pública y que de esa forma recortan el déficit?
Hay ciertos pasos totalmente evidentes que el estado puede dar. Elevando de forma sustancial el gasto en obras públicas se matan dos pájaros de un tiro: se crea empleo con efecto inmediato y se proporciona a las empresas y los trabajadores del país los recursos para elevar su propia productividad necesaria.
El gasto inteligente en infraestructuras puede ahorrar energía. Y cuando las inversiones en obras públicas forman parte de los planes metropolitanos de crecimiento inteligente, también pueden aliviar los embotellamientos, reducir las frecuencias del transporte público y devolver a la ciudadanía los minutos u horas preciosas que pierden en atascos. Si quiere una legislación favorable a la familia, ahí la tiene.
Los presupuestos estatales y locales de todo el país están en la ruina. Profesores, agentes del orden, bomberos, bibliotecarios y el resto de empleados públicos son despedidos. Como señalaba hace poco David Leonhardt en el New York Times, al mismo tiempo incluso que la economía viene creando empleo, aunque demasiado lentamente, las instancias estatal y local han perdido alrededor de medio millón de puestos de trabajo en cuestión de dos años.
El presidente Obama lo sabe. "A medida que hemos visto contraerse el apoyo federal a las instancias estatales, hemos visto la mayor destrucción de puestos de trabajo en el sector público", decía en su rueda de prensa del 11 de julio. "De forma que mi principal recomendación sería concebir formas de poder seguir brindando ayuda a todos los niveles".
¿Por qué no hacerlo entonces? "Estoy maniobrando dentro de límites políticos en esto", explicaba Obama, "porque cualquier cosa que haga tiene que superar la Cámara de Representantes".
Disculpe, Señor Presidente, pero si usted cree en esta política, ¿por qué no proponerla y defenderla? El liderazgo en el empleo es su principal labor ahora mismo. Que los Republicanos expliquen el motivo de querer despedir a más policías y profesores, o de que los impuestos locales suban.
También está la ampliación de la reducción de las retenciones en la nómina implantada el pasado ejercicio y la ampliación de la prestación por desempleo. ¿Por qué se discute tan poco de lo reacios que vienen siendo los Republicanos a este recorte fiscal de Obama, o lo opuestos que vienen siendo a prestar más ayuda a los parados? Ellos no subirán los impuestos a las rentas altas para cuadrar los presupuestos, pero están hasta la coronilla de la ayuda a la clase media o los parados. ¿No es indicativo eso?
Y aunque venimos analizando exhaustivamente las complejidades de las alambicadas soluciones del secretario Republicano en el Senado Mitch McConnell para sacarnos de una batalla en la que nunca deberíamos de haber entrado, no hemos debatido cómo reformar la reforma educativa del programa No Child Left Behind.
Es cierto que algunas buenas personas del Congreso tratan de inventar la forma de sacar adelante la reforma de la educación. Es un debate nacional mucho más importante que si los activistas Republicanos del movimiento fiscal entienden o no las leyes fundamentales de la economía. Pero usted no lo sabe porque los que se preocupan por el contenido de la legislación pública nunca aparecen en los medios. Se recibe un montón de atención -- y a veces se te proclama un héroe -- si dices algo verdaderamente estúpido acerca del techo de la deuda.
Luego está el inminente debate de la enmienda de los "presupuestos equilibrados" a la Constitución que limita el gasto público al 18% del PIB y exige un apoyo de los dos tercios del hemiciclo para subir los impuestos. Es escandaloso que los miembros del Congreso que votan a favor de recortar de forma drástica el programa Medicare de los ancianos, el programa Medicaid de los pobres, la seguridad social, las ayudas a la educación y un amplio abanico de cosas más se muestren inflexibles a la hora de bajar los impuestos a las rentas altas -- y que nunca tengan que admitir que lo están haciendo. Constituye una de las propuestas más deshonestas que ha llegado nunca ante el Congreso, y me doy cuenta que eso es mucho decir.
Cada legislador del Congreso que nos metió en esta lucha por el techo de la deuda debería de quedarse seis meses sin sueldo. Ellos desperdiciaron nuestro tiempo adoptando posturas de cara a la galería en lugar de resolver problemas. Mejor aún, los electores pueden sopesar la idea de despedirlos el año que viene. Esto haría maravillas por la productividad nacional.
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