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Etiquetas:   La vida desde dentro   -   Sección:   Opinión

Maragall en su metáfora

Santiago González
Redacción
miércoles, 9 de marzo de 2005, 23:51 h (CET)
Hace poco más de un año, Odón Elorza escribió un artículo titulado 'Maragall, la gran esperanza vasca'. Por aquel entonces, el socialismo vasco, el que manda, veía en él un modelo, un camino a seguir: Patxi López, Eguiguren, Zabaleta y Buen, entre otros. ¿Que Maragall ha malentendido a Rubio Llorente cuando habló de comunidad nacional? Pues ahí estamos nosotros.

Maragall se ha revelado finalmente como un modelo para armarla. Su frivolidad del 3% ha puesto la vía catalana para la reforma del Estatut junto al plan Ibarretxe en el apartado de improbables. «Tal vez todos hemos hablado de más», dijo en Chile: «hay que dejar reposar el soufflé, y (...) poner vaselina», para luego no callar. Sólo en este fin de semana ha vuelto a sacar el fantasma guerracivilista, equiparando a la derecha que hizo una guerra civil con la querella y la moción de censura que han puesto CiU y el PPC respectivamente. ¿No encuentra ninguna diferencia entre ambos métodos? Es el procedimiento reglado de la democracia. Es la legalidad, estúpido. Puesto a confundir, también ha dicho que «el gobierno de Maragall se siente a veces un poco como una mujer maltratada». Estas dos cosas las dijo sonriendo, para perplejidad de televidentes.

Lo que le pasa es que no está dotado para el manejo de las metáforas. Esta honorable banalidad confunde el culo con las témporas y el soufflé con la paella. Los alimentos sometidos a la técnica del soufflé crecen, se esponjan, se hinchan, ya sean las claras montadas que recubren el postre o las patatas fritas. La paella necesita reposo; el soufflé hay que servirlo enseguida. Todo lo que sube, baja, lo dice un principio físico universal, que Marx había formulado de manera literaria: «todo lo sólido se desvanece en el aire». Y esto vale para el sexo, el soufflé y las casas del Carmelo.

¿Cómo se pueden unir la vaselina y el soufflé? No se debería mezclar el sexo y la comida, las cosas de jugar con las cosas de comer, especialmente cuando no se está dotado para la metáfora. «Te comería», dice el amante a la amada, o viceversa, en un arrebato pasional. Como el personal se toma las metáforas por lo literal, se puede uno encontrar a su media naranja en la cama con la servilleta anudada al cuello y provista de cuchillo y tenedor.

Soufflé quiere decir en francés «soplado», «hinchado», y esos son calificativos que en sus acepciones menos metafóricas cuadran sobremanera al tripartito catalán, a su gestión y a su president. ¿Quiere esto decir que el honorable Maragallimatías es un soplagaitas o un soplapollas, dicho en términos más 'hard'? No, Pasqual es un soplador de vidrio, un artista. O quizá la materia prima. A él todo se la sopla. Mientras, Mas tantea a Carod y el apoyo de éste a ZP nos va a salir más caro. Esto no se queda así. Esto se hincha.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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