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Tags: Opinión · Políticamente incorrecta · Almudena Negro
Curbelo o el sentimiento de impunidad de la casta


“El esperpento protagonizado por el senador socialista resume a la perfección el problema español que tanto preocupa a los ciudadanos y que no es otro que su clase política”


Almudena Negro Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 18 de julio de 2011, 09:06
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“Soy senador y vosotros más que policías sois unos terroristas, unos borrachos. No sabéis con quién estáis tratando, soy del Senado, voy a acabar con vuestras carreras”. Tal cual, según consta en el atestado policial origen del penúltimo escándalo que ha ofrecido a la ciudadanía la clase política, habrían sido parte de los exabruptos pronunciados por el senador y presidente del Cabildo de Gomera, Casimiro Curbelo.

En este caso, senador por el PSOE, partido en el cual ingresó en 1982, posiblemente y, como casi todos los de su época, proveniente de los cuadros del franquismo sociológico. En las municipales de 1983 Curbelo fue elegido alcalde por su pueblo natal, San Sebastián de la Gomera. Desde entonces ha vivido de la política municipal, regional y nacional. En 1993 accedió por primera vez a su asiento en el Senado. Curbelo es, pues, lo que se conoce como un político profesional. De los que hay a cientos en España.

En realidad el esperpento protagonizado por el senador socialista, su hijo y un amigo de éste a la salida de un club de alterne resume a la perfección el problema español que tanto preocupa a los ciudadanos y que no es otro más que su clase política, devenida hace ya años en casta. Están acostumbrados a mandar, estar por encima del bien y del mal, imponer sus antojos sin encontrar resistencia, despreciar al pueblo (populacho para ellos) y amenazar a quien no se pliegue a sus deseos.

Son perfectos déspotas sin oficio ni beneficio fuera de la política disfrazados de demócratas. En el caso que nos ocupa, además, aparecen todos los tics que han caracterizado estos años de gobierno socialista, incluido el desprecio hacia los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, a cuyos funcionarios el senador tacha de terroristas. Pero Curbelo, quien niega el contenido del atestado y se aferra a su bien pagado sillón, tilda a los agentes, de estar a sueldo de los “putos fachas” del PP. ¡Toma ya! Curbelo junior va más lejos y, en plenos efluvios etílicos, acusa a los policías de formar parte de una conspiración “pepera” contra su padre. Estaban borrachos.

Pero los borrachos y los niños dicen lo que piensan, aunque en este caso el pensamiento sea ciertamente primitivo. Putos fachas, que conspiran contra nosotros, los buenos, los socialistas. Nada sorprendente. Al fin y al cabo, sobre semejante barbaridad guerracivilista se ha erigido una forma de hacer política. Esa que ahora en Andalucía, a punto de perder el empleo, juega al nacionalismo simplón. La del dóberman y la memoria histérica. La de los banqueros que disfrutan con cada parado, la de los malvados especuladores que quieren matarnos de hambre. La de la división entre buenos y malos

Pero volvamos a Curbelo. A los Curbelos. Llegaron jóvenes a la política, de cuyas prebendas viven, ignorando lo que es trabajar. Rodríguez Zapatero es uno de ellos. El par de clases que impartiera en León no cuentan. Bibiana Aído, José Blanco o Leire Pajín, más de lo mismo. Felipe González, trabajó un breve periodo de tiempo como abogado laboralista, abrió brecha. Más lo cierto es que el problema, consecuencia lógica de la falta de representatividad, no es sólo del PSOE. Políticos profesionales hay, y cada vez más, en todos los partidos. No le faltaba razón a Federico Trillo cuando décadas atrás bramaba pidiendo el cierre de esa escuela de políticos profesionales llamada Nuevas Generaciones del PP, de las cuales han salidos grandes profesionales como Alberto López Viejo o Nacho Uriarte, ni un palo al agua.

“No sabéis con quien estáis hablando”. Demasiadas veces se ha repetido la actitud chulesca de la casta parasitaria. Hace más de una década fue Pilar Rahola, por entonces estrella de ERC. Hoy imparte lecciones de moral en uno de los programas estrella de la televisión de Silvio Berlusconi. Así nos va.

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