Tal vez somos el único país del mundo en el que la familia del dictador que durante casi cuarenta años tuvo a la mayoría del pueblo sometido a su inmenso poder sigue gozando de privilegios además de haberse lucrado con la inmensa fortuna que los negocios del
“abuelito” rentaron a lo largo de la dictadura. No tienen suficiente con las posesiones que amasaron manu militari a la sombra de
Franco que han movido los hilos para que
Alberto Nuñez Feijoo principal mandatario de la Xunta gallega prohíba durante todo el mes de Agosto las visitas públicas al
Pazo de Meirás que se vienen celebrado cada viernes al amparo de la Ley de Patrimonio Cultural de Galicia.
|  Franco en una de sus vacaciones
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Los nietos del dictador andan dispersos por el mundo, algunos discretamente, otros como
Jaime, el pequeño, acudiendo de tanto en tanto a los platós televisivos haciendo caja ora por maltratador ora por adicto al polvo blanco, pero es la nietísima,
Carmen, la que más producto saca al apellido y en ocasiones baila en la cadena televisiva que pagamos todos los españoles y cuando aquel chollo se acaba sigue aprovechando el apellido Franco vendiendo exclusivas a la revista Hola o pasando sola o acompañada de su cónyuge por diversos programas de esos en los que los asistentes con la excusa del corazón airean el pene o la vagina metafóricamente.
Los Franco son insaciables, en vida del dictador los joyeros de las grandes capitales temblaban ante la visita de
Carmen Polo y decidían pagar a escote el pufo que ésta dejaría al encariñarse con alguna joya que, naturalmente, nunca pagaba. La vieja
“señora de Meiras” al morir el general de los sellos de correos durante largo tiempo se hizo la remolona y se aferró a los sillones de El Pardo no queriendo dejar la que había sido su casa durante cuarenta años aunque nunca pagó por ella ningún recibo de alquiler. Al poco tiempo la hija del dictador fue interceptada en un aeropuerto camino de Suiza con unas cuantas joyas que intentaba poner a buen recaudo aunque según ella tan sólo quería que un relojero suizo construyera con ellas un reloj como recuerdo de familia.
A pesar de que pueden veranear donde quieran, no creo que la crisis haya afectado a los Franco, por si este verano se les ocurre pasar algún fin de semana en el Pazo de Meirás, están en su derecho, el Partido Popular que gobierna en la Xunta gallega ha decidido suspender las visitas del público que cada viernes se vienen celebrando. Así que si este verano habían decidido acudir a Galicia y además de comer buen marisco y beber estupendo Albariño querían regodear su curiosidad viendo los jardines por los que se paseaba el dictador antes de embarcarse en el Azor para pescar enormes cetáceos, olvídense, no van a poder hacerlo no vaya a ser que se les ocurra molestar la paz de los Franco.
El Pazo de Meiras fue propiedad de la escritora
Pardo Bazán, la suya fue la primer boda que se celebró allí, luego vendrían las de la saga Franco, pero esa es otra historia. Lo que interesa conocer es que la propiedad fue comprada con aportaciones voluntarias y también muchas obligatorias de los vecinos de la zona. A los funcionarios se les descontó una parte de su soldada para pagar las vacaciones de los Franco y también los vecinos de los pueblos lindantes tuvieron que aportar, pudieran o no, su óbolo para que todavía hoy esta familia pueda seguir ostentando la propiedad del mismo ya que el regalo no fue inscrito, como hoy se hace, a nombre del Patrimonio del Estado sino que el dictador lo hizo a su nombre. Así que ya lo saben, los pazos, como las bicicletas, son para el verano, para el verano particular de los descendientes de quien nunca tembló a la hora de firmar penas de muerte.