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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Arde Cataluña

Mariano Estrada
Redacción
miércoles, 9 de marzo de 2005, 12:41 h (CET)
Como dice una canción de un catalán admirable, además de culé, querido por tirios y troyanos dentro y fuera de España: “Es caprichoso el azar”. ¿O tal vez no ha sido el azar el que ha esponjado el suflé de Cataluña, sino los hilos de una razón escondida? No sé, habría que preguntárselo a Freud, y está muerto. En todo caso, cualquiera diría hace un par de meses que el hombre que más manda en el llamado oasis catalán y uno de los que más mandan en esta piel de toro acomplejada por los nacionalismos victimistas, iba a estar en una cuerda tan floja. Floja, digo, como la sangre de los hemofílicos. ¿Y no sería mejor decir como la orina de los incontinentes? Incontinentes sí, pero de lengua. Aunque, mire usted, a lo mejor no ha sido el azar, efectivamente, el culpable de que Maragall se haya derramado por su boca, que es por donde mueren los peces, sino el endiosamiento, el divismo, la sobrestimación, la fantasía, la soberbia, el hecho de creerse por encima del bien y del mal:

“Yo soy Pascual Maragall, el Honorable Presidente de la futura nación catalana, el que hace y deshace, el que tiene el poder y la batuta, el que somete a zapateros remendones y a todo bicho viviente que se ponga por delante ¿A Rovira, por ejemplo? Bien, Rovira es el hermano menor, el consentido de la familia, el que hace el trabajo subterráneo, el que viaja a Perpignán a ver películas equis con grandes dosis de morbo...Yo soy el que soy, el que le niega el agua a Valencia, podéis decirlo bien alto, y a Murcia, si es que existe tal cosa; el que pide pan-pan y dime tonto-tonto, cuanto Más, mejor ¡Uy! ¿por qué habré escrito Más con mayúscula?. En fin, yo soy aquel que os va a meter en el cuerpo una asimetría doblada”.

El caso es que, en ocasiones, la verdad sale a la luz por caminos impensables y ciertamente baratos, apenas al tres por ciento. Al tres por ciento se ha descubierto el pastel de la corrupción institucionalizada, es decir la caca disfrazada de paraíso, al tres por ciento se ha perdido la honorabilidad presidencial, al tres por ciento va a llegar al Carmelo una cierta justicia económica, una justicia que, si bien es de rebufo e imposición y no de voluntad, vendrá a reparar en parte la vergonzosa desatención hacia los afectados que las distintas administraciones tuvieron en los comienzos del desastre, cuando los mandamases pensaban que ese fuego se apagaría, por arte de birlibirloque, en el silencio de los corderos de la mafiosa trama nacionalista; que las voces no irían más allá de una prensa obediente y de una sociedad civil sometida a la dictadura de un chiringuito con el que nada tiene que ver George Dann. Bienvenida sea esa justicia de bote, pero que ella misma no tape la gravedad del problema ni exonere de su responsabilidad a nadie que haya incurrido en delito.

Sr. Maragall, este que escribe y que suscribe, español que no necesita justificarse porque español es el que nace en España ¿dónde ha nacido usted?, nada chauvinista, sin embargo, nada militante, nada practicante de seguidismos ni de consignas, nada prebendado por nadie, sea particular sea público, tradicional votante de Izquierda Unida, ahora en excedencia voluntaria por las pifias de esta organización en el País Vasco, de donde acaso quiera usted copiar el privilegio económico. Este que digo, Sr. Maragall, al que nadie le paga ni un óvolo por escribir esta crítica, quiere decirle que se alegra muchísimo de su inenarrable incontinencia verbal. Es usted un artista, hombre. No sólo ha puesto al descubierto las miserias de CIU, que son muchas y graves, sino las suyas propias y las de toda la clase dirigente de Cataluña. No sólo ha dejado en evidencia la falsa aureola de Pujol, en la que yo creía mucho, sino la profunda mentira sobre la que se ha estado erigiendo la Autonomía catalana durante todos estos años y el profundo agujero que han estado excavando para enterrar la libertad de la sociedad civil en beneficio de unos pocos, todos cómplices necesarios, todos comediantes de esta ópera bufa ¿Cómo dormir tranquilo a partir de ahora sabiendo que es usted quien marca los caminos de Zapatero y, por consiguiente, de la política española, incluidas las reformas constitucionales y del Estatuto de Autonomía?
Usted, Sr. Maragall, podía haber sido un héroe. Hubiera bastado con que todo lo que ha puesto al descubierto no lo hubiera hecho en un arrebato de furia parlamentaria, sino en un acto de arrepentimiento reflexivo y de voluntaria confesión, o sea un acto de dignidad. Que conste, por lo tanto, que lo que usted ha hecho levantando esa liebre puede ser el origen de un bien impagable. Lo que hace falta es que la sociedad civil se dé cuenta de su enorme calado. Y que reaccione a tiempo, antes de que ustedes vuelvan a etiquetarse de responsables y de virtuosos con la complicidad general de todos los sectores beneficiados que, de una forma o de otra, se ocultan detrás de los partidos políticos, ésos que, por ser la cara visible de la hidra enfurecida, se están tirando los trastos a la cabeza.

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